-Velad y orad. Estad atentos al paso del Señor.
El. Sólo El, sabe su momento; pero todo tiene un momento y aquel es ineludible.
Muchos se vanaglorian de sus obras y de sus comportamientos y prevalidos de su autoestima se hacen maestros, señores y doctores y van tocando campanillas para ser vistos y admirados. Insensatos son. Pronto perderán el juicio obnubilados por su propia insensatez. No me adoran; se adoran a sí mismos; por eso pierden tiempo haciendo alarde de sus capacidades y sus obras y olvidan que, como el pollino del día de los ramos, cada sujeto convocado es sólo un elegido por mi gracia para ser conducido conduciendo al Salvador a una orden de su Voluntad. Por tanto no es señor, maestro o dios, sino un elegido y como tal un servidor elegido, para ser eficaz.
La eficacia se pierde con la soberbia que embota los sentidos y que, por eso, ensordece y entorpece. La vanagloria es fruto de la soberbia y la soberbia un don del malo, mi enemigo, como uno de sus atributos esenciales. El malo, mi enemigo, y la soberbia se identifican. El es el soberbio por antonomasia. Y también es orgulloso, arrogante, prepotente e inflexible, por esencia. Quienes lo siguen son, como él, lo que es él. En él no hay amor; por eso ellos no aman...
...El don es un regalo o dádiva, el cual es bueno o malo según su procedencia. Cuando procede de Dios es bueno, cuando procede del malo, mi enemigo, es malo.
En Dios no hay soberbia, no hay prepotencia, no hay vanagloria, no hay arrogancia, porque, El es amor y en el amor no caben esos atributos. Por eso en Dios no hay tiranía... [node:read-more:link]