"-Velad y orad. Estad atentos al paso del Señor." Acta 816

Jueves - Ago 27 2015

De nuestros sacerdotes - escuchar: 

-Velad y orad. Estad atentos al paso del Señor.

El. Sólo El, sabe su momento; pero todo tiene un momento y aquel es ineludible.

Muchos se vanaglorian de sus obras y de sus comportamientos y prevalidos de su autoestima se hacen maestros, señores y doctores y van tocando campanillas para ser vistos y admirados. Insensatos son. Pronto perderán el juicio obnubilados por su propia insensatez. No me adoran; se adoran a sí mismos; por eso pierden tiempo haciendo alarde de sus capacidades y sus obras y olvidan que, como el pollino del día de los ramos, cada sujeto convocado es sólo un elegido por mi gracia para ser conducido conduciendo al Salvador a una orden de su Voluntad. Por tanto no es señor, maestro o dios, sino un elegido y como tal un servidor elegido, para ser eficaz.

La eficacia se pierde con la soberbia que embota los sentidos y que, por eso, ensordece y entorpece. La vanagloria es fruto de la soberbia y la soberbia un don del malo, mi enemigo, como uno de sus atributos esenciales. El malo, mi enemigo, y la soberbia se identifican. El es el soberbio por antonomasia. Y también es orgulloso, arrogante, prepotente e inflexible, por esencia. Quienes lo siguen son, como él, lo que es él. En él no hay amor; por eso ellos no aman...

 ...El don es un regalo o dádiva, el cual es bueno o malo según su procedencia. Cuando procede de Dios es bueno, cuando procede del malo, mi enemigo, es malo.

En Dios no hay soberbia, no hay prepotencia, no hay vanagloria, no hay arrogancia, porque, El es amor y en el amor no caben esos atributos. Por eso en Dios no hay tiranía.

La tiranía es engendro del desamor y, como tal su fruto. El desamor es el diablo; por eso las tiranías no son buenas. Puede ser que los tiranos hagan obras humanas y naturalmente apetecibles; pero, como fruto de la soberbia, del orgullo y de la vanidad son hechas sin amor y, por eso mismo, violentan la voluntad del hombre y de los pueblos, cosa que Dios no hace y tampoco deben hacer quienes son de Dios.

Imponen el bien, o mejor, pretender imponer el bien con violencia es tiranía y, eso no es de Dios, quien no impone a los hombres, sus criaturas, ni siquiera la salvación, que es lo mejor y lo más caro que El puede ofrecerles; porque tiene el precio de su propia sangre, en la sangre invaluable de Jesús, el Salvador.

Cuídense por tanto, ustedes, los de esta espiritualidad nueva, novísima y novedosa de los hijos de Hija de Dios, de ser tiranos, soberbios, vanidosos, déspotas, y en resumen carentes de amor. Quien diga: "hijos de la Hija de Dios", debe estar diciendo, al mismo tiempo: "los llenos de amor". Y, eso, con todas las connotaciones y con todas las consecuencias y todos los riesgos que el amor conlleva (1 Corintios 13).

El programa que ustedes, los miembros vivos de la espiritualidad trinitaria, nueva, novísima y novedosa de los hijos de la Hija de Dios, han recibido de mi, su Fundador y su Señor y, en consecuencia, su Guía y su Maestro, su único Maestro, es, no lo olviden: el "arte misterio de ser cristiano"; el cual se reduce al "estado proceso de virginidad o conversión", equivalente a pureza o, limpieza de todo lo que no es de Dios. Eso los predispone para ser aptos para el amor, que es el "Don" que revela inequívocamente la presencia de Dios en quien lo vive. Amar es señal inequívoca de mi presencia, así como no amar es señal inequívoca de una seria influencia del malo, mi enemigo. Quien ama, es manso y humilde de corazón, que es Dios.

Por eso, Yo, el Señor, les dije en mi Palabra, que sigue siendo actual: "aprended de mi que soy manso y humilde de corazón".

Esta es una lección objetivada en la Santísima Virgen como reflejo o copia mía; por eso, Ella, entre las criaturas, es la mansa y humilde de corazón por excelencia y, por eso también, como consecuencia, se las he dado, a ustedes, como Madre, maestra y modelo; no por Ella, en sí, sino porque en Ella, quien vive y obra Soy Yo, el único Maestro y el único Modelo, por ser Dios, el Señor presente en Ella.

Asimilen estas enseñanzas. Háganlas vida en ustedes, los integrantes de esta espiritualidad trinitaria, nueva, novísima y novedosa los hijos de la Hija de Dios; porque ustedes están llamados a tributárselas a la Iglesia y al mundo, no tanto con palabras huecas, como muchos lo hacen, como esencialmente con la vida de ustedes.

Por eso les he aconsejado: "no hablen, vivan". Vivir es testificar haciendo del testimonio, una vivencia.

Y, en esto, el que tenga oídos que oiga. Todos en mi Iglesia y en el mundo: Jerarcas, presbíteros, religiosos y laicos. Nadie está excluido de este mandamiento. Por el contrario: todos están combinados a su cumplimiento.

Nada de esto es nuevo. Es la doctrina encomendada, para su cumplimiento al magisterio de la Iglesia, la cual, revelada y promulgada por Dios desde el comienzo y definitivamente en Jesucristo; está contenida en las Sagradas Escrituras e impresa en lo más hondo del corazón y del Espíritu del hombre. La novedad es una sola: recordárselas con insistencia y con la pedagogía y mansedumbre de una madre a su hijo pequeñito, a quien quiere formar y prevenirlo de males y peligros.

La mamá no inventa nada. Solamente señala lo existente y lo explica enseñándole que debe aprovechar y cómo y qué debe desechar, en qué momento y cómo. Esta es la novedad de esta Espiritualidad: una pedagogía sencilla y amorosa; pero segura y lógica. Por tanto: abran todos sus sentidos y oigan, palpen, vean, huelan y gusten la Palabra del Señor. Asimílenla y vívanla y practíquenla. Si eso hacen, la salvación del Salvador los salvará. Si eso no hacen, la maldad los aniquilará.

Pero no olviden que el aniquilamiento de ustedes no es el querer de Dios; sino la Salvación por la cual pueden ser santos y en consecuencia felices."

Acta 816

Revista María Hoy
Santa Fe de Bogotá, D.C.
Jueves, Septiembre 2, 1993 - 01:26