..."¿Cómo entenderían si no viven?, ¿Qué otro método puedo usar, si no es el de la experiencia, para hacerles entender?, ¿Cómo dejarían de ser palabras, para hacerse vida, expresiones como: "muerte", "despojo", "entrega", "sacrificio", "unidad", si no lo experimentan en sus propias vidas, a la manera del trigo que es molido en los durísimos molinos de la prueba? ¡Fíjate! Como no es fácil seguir en pos de Mí. Porque te he dicho, con absoluta verdad, porque no miento, porque no arrastro a nadie con engaños ni violencias, que no es fácil seguir mis Mandamientos si no se está hecho con madera de obstinada terquedad; si no se está decidido y se conoce el tremendo peso de la carga que se acepta. ¡Fíjate! Porque, aún en mi paso por la tierra, como hombre, muchos entusiasmados a primeros horas, me dejaron vencidos, cansados, llenos de desilusión y desengaño. Solamente perseveraron los de recia terquedad, y, esos, aun esos, tuvieron momentos de infinita pesadumbre. Y no fue fácil; para nadie ha sido fácil, ni aun para la Llena de Gracia, el modelo que les doy, María Santísima, la Inmaculada Concepción; pero ni siquiera para Mí, lo ha sido humanamente visto, desde mi entrega inexplicable para ustedes, como Dios. ¡Fíjate! En la noche del Huerto: ¡Que cáliz tan amargo y que soledad tan infinita! Que inexplicable e inmensamente grande ha sido y es el peso y el riesgo de la prueba en los caminos de mi gracia. “El Reino" no es barato; cuesta caro, sumamente caro, precio de sangre, de cruz, de entrega absoluta y total, esto es: de muerte. ¡Hijo! Pero solo así se logra merecer y él es seguro.
No hay atleta con palmas y coronas de victoria que no pase por una larguísima agonía; que no muera a todo, instante tras instante, antes de ganar la meta. Y, quienes son entrenadores y maestros, saben que solamente exigiendo con rigor logran forjar a sus atletas. Esta es Mi Escuela de atletismo: durísima forja de santos; cuidadosa elaboración de mártires, testigos vivientes de mi gloria. Van aprendiendo ustedes, poco a poco; pero van adquiriendo resistencias novedosas y firmezas. Así elabore a mis apóstoles. Así se hicieron mis testigos. Es la misma Escuela. El Maestro, el Único, fiel, veraz y auténtico Maestro Soy Yo, el Buen Pastor.
Si al comienzo te hubiese pedido a ti, por ejemplo, la prueba de muerte moral que has experimentado, no habrías resistido y me habrías dejado lleno de horror, desengaño y hasta de odio. Igual habría ocurrido con los otros, frente a la misma realidad: creyéndote la luz, habrían renegado de Mí, como acontece con el corriente de los fieles cuando alguien frustra sus idolatrías; porque son idolatrías creer en instrumentos como de inalterable perfección. Tengo que estremecer y destruir las torres, para poder enseñarles que no hay sino Uno solo, el Único, el Santo, el Bueno, el Justo, el Perfectísimo, que tal es, porque El es Dios, el Santo de los Santos, el Inalterable e Inmutable y Santo, Santo de los santos, Perfectísimo, Yo, el que Soy, Dios, tu Dios y tu Señor.
Da gracias por la muerte recibida y vivida a profundidad en tus entrañas. Ahora sabes que morir no es solo una linda teoría para demostrarla con palabras; sino un darlo y un dejarlo todo, hasta la honra. Ahora puedes enseñarlo y puedes comprender, con mayor eficacia, a los débiles que se retrasan o se quedan; a los que no resisten y fracasan. Ahora sabes por que se debe morir por los que reniegan y traicionan..."
Acta 79
Revista María Hoy
Bogotá
Viernes, Octubre 18, 1985 - 03:45
