De nuestros sacerdotes - escuchar:
..."Quiero ir delante con ustedes. Ayúdenme. Cédanse sin condiciones.
Vacíense de cálculos, prepotencias, maquinaciones modeladas en las estructuras naturales y querer poner corrección donde la Palabra es.
Del pasado me olvido y los perdono.
Pero abran los ojos.
Vean que la obra es grande y el Arquitecto sabio.
Qué, por mucho que piense, podría aportar, el carro que arrastra los materiales, a la bondad de lo planeado.?
Ustedes ante Mí, son menos que una máquina corriente; que un simple carro de transporte.
Por eso: sean sensatos.
Pero, no desmayen.
Caigan de rodillas y oren.
Confiésense, para ser limpiados más a fondo. Para que reciban la gracia de ver más; de vivir con docilidad las inspiraciones del Espíritu.
Tú no te canses de bendecir.
Hace falta llenar la tierra de bendiciones.
Eso es como llenar la atmósfera de oxígeno...
..No se cansen de dar amor.
Vivan amor, se los he dicho.
Más: sean amor.
Solo el amor hará posible una nueva expresión de lo creado.
Solo el amor hará posible que los hombres lleguen a empaparse de justicia, vocación de servicio y mansedumbre.
Solo el amor hará posible que se inutilicen las armas y se acaben las guerras de todo orden.
Esto quiero.
Y esto quiero hacer con ustedes en mi Iglesia verdadera y en el mundo.
El amor rompe barreras y desgarra tinieblas y tóxicos.
Sean amor. Vivan amor. Den amor.
Llenen ustedes la tierra con el amor que Yo he volcado en ella y que está allí, esperando, únicamente el aporte de la mansedumbre transformante de los mansos.
Ayúdense ustedes. Déjenme ser y hacer desde ustedes.
Permítanme revelarme a los hombres, para persuadirlos, desde la espiritualidad mansa, humilde y amorosa de ustedes.
Que se vean entre ustedes, las encarnaciones del amor.
Que quienes miren sus conductas de ustedes y entre ustedes, vean y descubran algo irresistible: el amor; porque el amor es irresistible.
Por eso, no se extravíen en maquinaciones destructoras.
No resquebrajen la unidad con cientifismos y prácticas de técnicas manidas, por la procedencia.
Tú, hijo, reabastece tu oración.
No te canses de orar, por tí y por los que a tí he confiado y confiaré.
Límpiate más a fondo en mis piscinas, a tu alcance, como ya, antes te lo dije.
No tengan ningún acto sin orar.
Oren sin tregua.
Esto no quiere decir que, por orar, no pisen en la tierra y vean y sepan por donde y hacia donde van.
Al contrario: los míos son realidades operantes con inteligencia sobre el mundo; porque tienen mi Luz y la fuerza de mi Espíritu.
Hagan lo que tienen que hacer en contribución al desarrollo, que, como dijo mi Pontífice ya en mi Reino: "es el nuevo nombre de la Paz".
Trabajen como María, con amor, en lo que hagan.
Más: llenen de renovado amor cada trabajo que realicen, por aparentemente humilde que parezca.
Eso no importa; lo que importa es el amor con que procedan.
Por hoy basta.
Bendiciones.
Bendiciones.
Bendiciones.

