"... Ustedes están llamados por Dios, a que sean santos. Dios los quiere santos...." Acta 1.130

Tuesday - Nov 01 2016

De nuestros sacerdotes - escuchar: 

Hijos de la luz:

¿Qué hacen? ¿Dónde están? ¿Hacia dónde van? ¿Quién es, o que es el Señor de ustedes?...

Hay quienes han hecho o hacen de los hombres o de las cosas su Señor.

¿Ustedes, qué señor tienen? ¿Los hombres? ¿Las cosas?...

Recuerden, y no lo olviden, que solamente hay un solo y único Señor:

 

JESUCRISTO,

 

            El Mesías, el Señor: Dios, Uno con el Padre y con el Espíritu Santo.

¿Jesucristo, es el Señor de ustedes?

¿Jesucristo, es el único Señor de ustedes?...

¿Están seguros de eso?

¿No tienen, junto con Jesucristo, ningún otro señor?...          
¿Recuerdan que yo les dije: que nadie puede servir a dos señores a la vez y, menos a más de dos, a un mismo tiempo?...

¿Ustedes ya eligierón? ¿Cuál es el Señor a quien han elegido?

¿Jesucristo?...

¿Los hombres?...

¿Las cosas?...

¿El malo o maligno, el enemigo de Dios?...

¿Están seguros de la persona elegida?

 

¿Quién es o qué es?...

Piensen, mediten, reflexionen.

 

Ha llegado el tiempo, y es éste en el que se debe elegir y preferir.

La elección y preferencia, al elegir, son fundamentales.  De eso dependen las consecuencias en los pasos que den; en las obras o empresas que realicen, en sus actitudes y en sus decisiones.

Según el señor que los dirija y los gobierne, será el comportamiento de ustedes y la realidad del medio ambiente donde viven.

La trascendencia o intrascendencia de sus empresas y de sus obras, es consecuencia directa del patrón o del señor que elijan.

¿Me entienden?

¿Lo entienden?

Si el mundo, el demonio y la carne, con sus oropeles y espejismos, es el señor de ustedes,  todo lo que sueñen, piensen, vivan y hagan, están en relación con esas realidades y, como consecuencia, lo que hagan será del mundo, del demonio y de la carne.

Esas obras, jamás serán buenas, mucho menos santas, y sus agentes serán ministros o servidores eficaces del mundo, del demonio y de la carne.

Si el hombre, como tal, y no en relación con Dios, es el señor de ustedes, tampoco serán buenas, mucho menos santas, las obras que realicen. Esas obras serán malas.

Si el hombre, como tal, y en relación con Dios, no es el señor de ustedes, sino quien los acerca a Dios y lo señala, las obras que realice y las empresas que contruya, serán buenas, porque Dios las garantiza.

Si Dios es el Señor de ustedes, las obras y empresas que emprendan y realicen serán santas.

El calificativo de las obras y empresas que realicen: Santas, buenas y malas, depende del señor y del señorío que las afecta: Dios, el hombre, como tal o, en función de Dios, del prójimo (hombre), mundo, del demonio y de la carne.

Santa, cuando el Señor y el señorío, es de Dios, en sí y en relación con el hombre, quien le acta, (a Dios) y le obedece.

Buena, cuando la procedencia es del hombre; pero en obediencia y acatamiento a Dios.

Mala, cuando procede del hombre; pero prescindiendo de Dios.

No caiganen el error de confundir e identificar al hombre con la cosa o con la empresa.

El hombre es el hombre

y la cosa es la cosa.

Por tanto, no son uno, y no se identifican.

La cosa y la empresa, sin frutos o resultados de su relación.

 

                        Dios - hombre:         Obra o empresa santa.

                        Hombre - Dios:        Obra o empresa buena.

                        Malo - Hombre:        Obra o empresa mala.

                        Hombre - Malo:        Obra o empresa mala.

 

El hombre, como tal, es fruto o resultado del plan, criterio y voluntad de Dios, prescindiendo de todo concurso. Sólo por la acción de su poder y de su misericordia.

Por eso, el hombre está llamado a ser santo. La santidad es la vocación del hombre.

Cuando Jesucristo les pide que sean perfectos como el Padre del Cielo, que es su propio Padre, los está llamando a ser santos y, a la vez, les está proporcionando el medio eficaz, para que lo sean: su propia asistencia: si lo acogen a El, El estará en ustedes y, eso lo santificará; porque, sin El, nada se puede lograr; pero, con El, todo: "la perfección de Dios", que, El, les participa por su gracia.

Jesucristo los llamó y los está llamando a ser "santos", que es de más categoria que ser "buenos"; pero, a la vez, de más graves y mayores exigencias, responsabilidades y riesgos.

Ser santo, implica ser perfecto. Para ser perfecto, hay que:

 

"Negarse a sí mismo,

tomar su criz y,

seguir a Jesucristo."

 

"Santo es el que se desocupa de sí mismo, para que lo llene Jesucristo."

Y, esto, sólo se logra mediante la virginidad, como a ustedes se les ha propuesto:

 

               "Limpieza y libertad de todo lo que no es de Dios."

 

Escuchen con atención:

Ustedes están llamados por Dios, a que sean santos.

 

Dios los quiere santos.

 

La Santidad es el grado más alto en la escala del amor de Dios.

Por eso, ustedes, hijos de la Luz, sean santos. No se contenten con ser buenos. "el bueno", a secas, puede degenerar en el soberbio, egoísta, vanidoso y engreido que, como tal, hace mucho daño.

La sociedad está relajada por la soberbia de "los buenos", convertidos en maestros, doctores, señores y ciegos, guías de otros ciegos.

Observen todo lo que frecuente y constantemente ocurre en los ambientes en que viven.

¿No se ha vuelto costumbgre la destrucción de vidas, bienes y honra, afirmando el propósito de fomentar el bien común? ¿Qué bien común puede salir del caos, del odio y de la anarquía y de la destrucción? ¿Creen que es posible edificar sobre la muerte? Y, ¿Qué se puede edificar? ¿El amor?... ¿La paz?... ¿La libertad?...

 

                        No se engañen.       
                        no engañen y

                        No se dejen engañar.

 

El mundo en el que viven es un mundo satanizado. Pero, ustedes están llamados por Dios, a reconstruir el Paraíso. Sus herramientas son: Amor, Verdad y Vida.

 

¡Usenlas!

 

Esas herramientas son los atributos substanciales de Dios. Y, El, las ha puesto al alcance de ustedes contenidas en Jesucristo, que es el Dios encarnado, el Salvador de ustedes.

Mientras no usen esas herramientas proporcionadas por el amor y la misericordia de Dios, nada lograrán en orden al bien común y a la felicidad individual y colectiva.

 

                        Sean prudentes.

Créanle a Jesucristo.

"Sean vírgenes."

Escuchen su palabra, vívanla y practíquenla.

Quien le cree a Jesucristo, se decide por El. Lo elige como su único Señor y lo obedece.

Acta 1.130