Un dia como hoy... 11 de marzo

Viernes - Mar 11 2016

 
"Adelante y arriba mi pequeña gloriosa caravana de peregrinos sembradores de amor.

Alégrense! alégrense! alégrense! No hay tempestad que dure para siempre, ni noche que no tenga fin.

Dios todo lo puede y lo transforma. Él hace de todo, hasta del pecado, un evangelio. Sin la caída de sus primeros padres no tendrían al Salvador.

¿Qué los salvaría y de qué? No caigan en la tentación del desaliento. El desaliento es el calvario del maligno; es una cruz sin salvador.

Los antiguos tuvieron cruz y, ella, fue anatema para ellos. No era señal de salvación; lo era de ignominia y maldición.

Solamente el martirio redentor del Salvador la convirtió en señal de salvación la hizo medio de esperanza y de alegría.

¿Quién de ustedes no ha pecado? Y si tienen esperanza y certeza, en esa esperanza de ser redimidos, es porque hay un Salvador, Yo, que se complace en redimir.

Nadie se quede caído en su pecado, rumiando sus fracasos. Levántense de ellos y a pesar de ellos: tienen Salvador y, Él, desea salvarlos.

Déjense salvar. Si cada uno de ustedes fuera Judas y se acoge a mi misericordia Yo lo salvo; porque, por él, también he muerto y he resucitado.

¡Alégrense! Hay un Salvador, para ustedes: Jesucristo, el Salvador. Vengan, vengan, vengan a Mí. Vengan, beban y vivan. Yo Soy el Agua viva que santifica y perfecciona.

Yo los saciaré. No teman. Cambien temor por esperanza. Conviertan en alegría sus tristezas. Yo, el Salvador, morí y resucité y ya no moriré jamás. Estoy vivo y aquí, pronto a salvarlos.

Mi mayor ilusión es la salvación de ustedes. No quiero que se pierda ninguno de ustedes porque he pagado caro por cada uno de ustedes.

El precio de ustedes es mi sangre y ella es invaluable: es la sangre de Dios; que es eterna y su valor incalculable. Sepan, para alegría de ustedes, que, si uno solo de ustedes hubiese sido el pecador con todos los pecados de todos los hombres, por él solo, Yo me habría sacrificado para redimirlo.

Cada uno tiene el valor de mi Sacrificio. Y, esta, es la garantía que tienen de mi misericordia.

En Actas les he hablado con rigor; para mostrarles la realidad y los horrores de la noche. Ahora les hablo con bondad; para mostrarles los esplendores del día.

Salgan de la noche. Vengan al día de Dios, que es la invitación del Salvador. Están invitados al banquete del amor, el cual comenzó en la última Cena, con mi propia Sangre y con mi propio Cuerpo.

Yo Soy el Pan de vida y el vino derramado para la salvación de ustedes. Ese vino es mi Sangre, la cual, desde el día cruento del Calvario, sigue empapando la tierra y cuanto hay en ella, con mi gracia. Ella no retornará vacía. No se ha derramado para que sea estéril. Su cosecha son ustedes y, en particular, cada uno de ustedes."