Hijos de la luz y del amor:
Alumbren más. Amen más. Para alumbrar más y para amar más, es preciso postrarse más; desocuparse más; inclinarse más y dejar a Dios hacer más en ustedes, haciendo ustedes más lo que deben hacer.
Y, ¿qué es lo que ustedes deben hacer para dejar que Dios haga más en ustedes, con ustedes y desde ustedes, según su plan, criterio y voluntad?
Sencillamente: creerle más, confiar más, esperar más, insistir más, resistir más y persistir más en la conjugación voluntaria y libremente vivida y practicada de los diez verbos recibidos. Y solamente se cumple esa medida cuando se vive y se practica consciente y amorosamente.
El Señor no los obliga; pero se goza cuando ustedes le responden a su propuesta con idéntica generosidad y entrega.
¿Lo entienden? ¿Me entienden?
Recuerden esto, y piensen, mediten y reflexionen en ello:
Ustedes jamás subirán a mayor altura en el orden de Dios, que cuando están de rodillas ante Él.
Esa actitud los engrandece; porque les permite percibir y descubrir los secretos elementales que no se pueden percibir y redescubrir con arrogancia y si anonadarse, consciente o inconscientemente.
¿Cómo creen que los científicos que investigan se maravillan con los descubrimientos de elementos y fuerzas que son invisibles y por lo mismo imperceptibles a simple vista y sin el concurso de aparatos que multiplican a tamaños gigantescos esos elementos y fuerzas, como el magnetismo, la electricidad, los microbios, los virus y las posibilidades quánticas?
Vayan a observar en cualquier laboratorio a los científicos haciendo investigaciones, y descubrirán con asombro que no hay uno, que lo sea de verdad, que no está inclinado, por ejemplo, sobre el microscopio.
Y, en esa actitud, se pasa horas incontables y acaso toda la vida.
Si el científico es prudente, antes que descubrir los elementos y fuerzas naturales, descubre la presencia y el poder de Dios, y los confiesa humildemente.
Si el científico es soberbio y petulante, se confiesa a sí mismo y se hace llamar creador de aquello que únicamente descubre.
Porque, ¿Qué crea quien descubre lo que está creado y que por lo mismo existe?
El único que crea, aunque el científico lo niegue en su soberbia, es Dios. El hombre, que es la criatura, sólo descubre y, porque Dios se lo permite, sólo puede transformar y aplicar lo que descubre, en orden al bien, o en orden al mal, según su rectitud y el grado de verdad que tenga.
¿Por qué creen que después de millones de millones de años, todavía el misterio siga envolviendo lo creado por Dios? ¿Por qué creen que, hoy como ayer, "la enfermedad, por ejemplo, se siga riendo de la ciencia", según la frase amarga de un descreído pensador científico de América Latina?
Igual que Juan Montalvo hay incalculables ejércitos de hombres que mueren cada día frente al anuncio de creaciones mágicas que se anuncian como la panacea que todo cura y que todo lo resuelve.
Sean humildes; sean más humildes y verán la gloria de Dios reflejada en las maravillas que Él tiene reservada a los humildes. Y, en esto, el que tenga oídos, que oiga; porque esta afirmación es para todos.
¿Lo entienden? ¿Me entienden?
Lean, relean y mediten: Filipenses 2, 9-11, porque Jesucristo, el Señor, será siempre el Señor, hoy, ayer, mañana, siempre.
Dios quiere recrear el Paraíso terrenal, para la felicidad de ustedes; pero eso no lo hace sin el concurso humilde y libre de la voluntad de ustedes, sin la cual, por amor y, como consecuencia, por respeto a la dignidad de ustedes, ni siquiera les impone su felicidad eficaz y saludable.
Aunque muchos no lo crean, la verdad es ésta, históricamente destacada: Dios, para encarnar al Salvador pidió permiso humilde y respetuosamente a la Inmaculada Concepción y siempre Virgen. Y, solamente así el salvador llegó a la tierra para salvar al hombre haciendo uso del gesto de amor más abnegado que fue su crucifixión y muerte, después de nacer en la mediocridad de un indigente.
Piensen, mediten, reflexionen.
Acta 1.214
Revista María Hoy
Pembroke pines, Florida (Angel Cove)
Domingo, Febrero 29, 2004 - 02:59
