De nuestros sacerdotes - escuchar:
"No se dejen deslumbrar por apariencias.
Recuerden que no todo lo que brilla es oro.
Lo esencial es simple, esto es, descomplicado, puro y limpio; porque es reflejo y transparencia del Simple de los simples, que Soy Yo, el que Soy, el Uno, con el Padre y con el Espíritu Santo, Dios, tu Dios y tu Señor.
Lo accesorio, lo aparente, es complicado, como las marañas que se enredan en el bosque. Lo impuro es lleno de impureza; por eso no es virgen. Para tener valor, necesita de espejismos y se llena de oropeles.
Así es el malo, mi enemigo. Sus deficiencias las reemplaza con soberbia, con prepotencia, con orgullo. Sus resultados no son los que simulan; sino lo que son en realidad: absurdos, fracasos, despropósitos. En consecuencia: falsedad, mentira.
Observen como son, qué hacen y cómo lo hacen los grandes al modo de los hombres. ¡Cuántas eminencias grises no son sino cloacas nauseabundas!, fulgores de un instante, llámense años, décadas o siglos y someras para siempre.
¿Cuántas grandezas quedan del pasado, que sean dignas de memoria?. ¿Las pueden señalar y enorgullecerse realmente de sus logros, porque sus frutos sigan siendo promisorios?.
Despierten, hijos míos. Ustedes no vivan de ilusiones. Remuevan la concha frágil de lo falso y busquen la verdad que los libera. Para esto, los hemos convocado. Para esto, es la Espiritualidad que viven, donada por mi gracia.
Están en el mundo, pero no son del mundo.
Florezcan y den frutos, en él; los frutos abundantes y genuinos que están convocados a dar; pero a sabiendas que ustedes y sus frutos tienen un destino y un origen. En resumen Dios, la vida eterna. Por eso y para eso son creados a imagen y semejanza de Dios, lo cual les da un rango de excepción; por el que ustedes no se anticiparon a elegirlo, sino que Dios, los eligió primero, para que sean eficaces y para que se amen los unos a los otros.
La misión de ustedes tiene trascendencia; escatológica. Si se cumple en el tiempo, lo supera; es eterna. Por eso, no se contenten con las obras malas, ni siquiera con las obras buenas. Aspiren a las obras santas. Y, al hacerlas, no se empeñen en sus cosas particulares, en sus vanidades y en sus despropósitos; dejen que Dios los guíe; consúltenlo, escúchenlo y déjenlo hacer su voluntad cediéndole la voluntad de ustedes. Los soberbios no comprenden esto, porque no le pertenecen. Ellos escuchan las voces del maligno, que subyugan con sus oropeles. ¿Creen que el relato del engaño de la serpiente a sus primeros padres, se quedó en el Génesis y que es propio de él, únicamente?. No, hijos, no. El sucede y se repite siempre y con tanta más frecuencia, cuanto más sabios y prudentes se creen ustedes, al modo de los hombres. Pero, los resultados son los mismos: el hombre deja el paraíso, para descender a sus miserias, como el escarabajo que abandona la flor para irse a las boñigas. Por eso no es feliz y el mundo no es el paraíso.
Sean humildes, sean prudentes; vivan y obren como hijos de la Luz y recuerden la Luz soy Yo, el que Soy, el que Somos, el Santo de los Santos, en Unidad con el Padre y con el Espíritu Santo, en el misterio inefable e incomprensible, para ustedes de la Santísima Trinidad.
Vean, pues, por qué y para qué los quiero vírgenes. Por que la virginidad es el secreto para que puedan recibir, vivir y dar a Jesucristo, el Salvador resucitado, verdadero Dios y hombre verdadero, en orden a que sean perfectos, Santos y Felices, con la misma perfección, santidad y felicidad de Dios.
¿Lo entienden?.
Esaú vendió su reino por unos granos de lentejas. Esto es: cambio el todo por el nada. Es el relato bíblico. Y así es el actuar de los incautos, soberbios, vanidosos, prepotentes que cambian a Dios y a lo de Dios por los artilugios del maligno, por sus seducciones y, por él, en sí.
Les advierto: no se dejen engañar. Sigan mis enseñanzas: ¡Vívanme! Y serán felices..."
Santa Fe de Bogotá, D.C, Febrero 25 de 1994
Viernes 5,20 a.m.
