De nuestros sacerdotes - escuchar:
"...Estén llenándose de amor; de mi amor y, esto, se logra únicamente con mi gracia; con la sangre del Cordero de Dios que quita los pecados del mundo; con la luz eficiente del Espíritu Santo y con el poder y amor del Padre, que todo lo consagra, santifica y perfecciona.
La reconciliación es el mejor exponente de la mansedumbre y la humildad; porque logra, por sí, el que ustedes se sometan a mi yugo y acepten ser mis elegidos y mis brazos y mis pies, para ir haciendo mis designios sobre el mundo.
Yo quiero, por tanto, que no dejen de aprovechar las señales que les muestro y de cumplir las encomiendas que les mando.
Sepan ir a donde Yo señale, aunque sea a morir o a ser ovejas en medio de lobos. Pero ovejas testigos de mi voluntad.
Vayan, pues, a ser teología de mi presencia, con sus testimonios de amor y de servicio, donde Yo señale...
...Será morir, lo sé; pero será hacer, como Yo, predicar al Padre, desde mi misma cruz. Y el que hace que la Cruz sea salvadora soy Yo, el que Soy, el Santo de los santos, Dios, tu Dios.
...Háganse merecedores de la recompensa con la entrega de ustedes.
Déjenme ser y hacer con sus mansedumbres desde ustedes.
Ayúdenme a ser y a hacer, desde ustedes y en ustedes, les he dicho.
Ayúdenme
Ayúdenme
Ayúdenme.
Los necesito, como necesité de María y de la Cruz.
Sean, como ella. No se resistan. Cédanse al Misterio. Eso será cederse, en igual forma, al que sabe lo que quiere y merece su gracia.
Por hoy basta.
Bendiciones
Bendiciones
Bendiciones."
Acta 52
Revista María Hoy
Bogotá,
Martes, Agosto 13, 1985 - 05:50
