"Sepan distinguir y preferir." Acta 1.126

Sunday - Oct 19 2014

 


 

  

"Las obras de Dios o las empresas de Dios son eso, las obras o las empresas de Dios y no, las obras o las empresas del hombre.

Por tanto, unas y otras, tienen objetivos e intereses inconfundibles y propios.

Las obras o las empresas de Dios, tienen la marca de los atributos de Dios: amor, verdad y vida. Por eso, el bien común está entre sus finalidades esenciales. Todo se dirige a la felicidad de los que Dios ama y, los que Dios ama, son todas sus criaturas sin ninguna acepción: buenos o malos, justos y pecadores, negros, blancos, indios, fieles o no. Y, por esa razón, Jesucristo, el Salvador, amándolos, murió y resucitó para salvarlos a todos.

Las obras o las empresas del hombre, participan de las contingencias, debilidades y veleidades de los hombres. Por eso están sujetas a sus fragilidades. En ellas, el bien común es relativo, subordinándose, en muchos casos y casi siempre, a los intereses particulares que, casi siempre, son mezquinos, cuando no perversos.

Ustedes, no se engañen y no engañen. Sepan distinguir y preferir.

Lo de Dios, déjenlo así.

Lo del hombre, también déjenlo así.
No los confundan.

No pretendan jamás amalgamarlos. Y, menos aún, cuando las empresas o las obras, ni siquiera sean de Dios o del hombre, porque sean malas.

¿Recuerdan las categorias de empresas o de obras señaladas, para distinguirlas:

- Santas, buenas, malas?...

Esa clasificación es sabia, como todo lo de Dios y, por tanto, merecedora de toda la atención de ustedes.

Jesucristo les mostró la forma como deben preferirlas.

"Dad al César lo que es del

César y a Dios lo que es de Dios."

(Mateo 22, 21)

Y recuerden, en el bolsillo de Jesús, no estaba el tributo del César, porque sus intereses eran diferentes.

Ahora les pregunto:

¿Ustedes sí aman a Dios?

¿Ustedes sí lo aman más que todos los demás?

¿Ustedes sí lo aman como El los ama?

¿Ustedes sí lo aman hasta dar la vida por El, conscientes de que, como ya se los he dicho, en el vocablo vida también están comprendidos: la libertad, los bienes económicos y la honra?

¿Están seguros de que ustedes prefieren a Dios a tal punto y en tal forma que se sienten capaces de dejarlo todo para seguir en pos de El, aunque, para ello ,tengan que perdero todo, aún la familia y aún los amigos?

¿Ustedes sí están convencidos de que sólo Dios basta?

¿Ustedes sí creen que pueden vivir sin el concurso del hombre y lo del hombre; pero no sin Dios y lo de Dios? 

¿Ustedes sí están seguros de que, si les tocara escoger entre Dios y el hombre, preferirían a Dios o por el contrario, se quedarían con el hombre?

¿Ustedes son de los que creen, en un sincretismo inconfundible que, lo correcto es quedarse, a un tiempo, con Dios y lo de Dios y con el hombre y lo del hombre, pretendiendo ser mucho más prudentes?

Sepan que, enre Dios y el hombre, no hay alternativas y, mucho menos, entre Dios y el malo, su enemigo.

La cuestión es, como bien les dijo Shakespeare: "ser o no ser"; porque "ser y no ser" al mismo tiempo, en definitiva es "no ser".

"Nadie puede servir a dos señores."

 

Acta 1.126

Revista María Hoy
Santa fe de Bogotá, D.C, 
Jueves, Mayo 4, 2000 - 04:13