Semana Mayor - Sábado Santo

Domingo - Abr 05 2015

 

 

 

Acta No.381

Revista María Hoy

Bogotá, Abril 18 de 1987

Sábado 04:35 AM

 

El Secretario, en medio de su confusión y su torpeza, anota:

El Señor siempre habla. Él, es la Palabra. Adorémoslo.

La Santísima Virgen, nuestra Madre, es el eco fiel de la Palabra del Señor, Dios nuestro. Escuchémosla.

Habla, tú, Señora y Madre nuestra. Nosotros tus hijos te escuchamos.

-Doblen las rodillas. Inclinen las cabezas. Adoren el misterio.

Los santos y los ángeles... todos los santos... todos los ángeles en torno a mí, adoran como yo, los insondables misterios del Altísimo.

No teman. Sepan esperar. Y amen. Amen, como Él les enseñó a amar. Amen al Padre. Amen al Hijo. Amen al Espíritu Santo. Amen a la Santa Madre Iglesia, Católica, Apostólica, Romana. Amen al Papa, sucesor de Pedro y cabeza visible de la Iglesia, esto es, pastor, encargado de guiarlos. Ámenme a mí, que soy, por el querer de Dios, Madre, Maestra y Modelo para ustedes. Ámense, entre ustedes,  los unos a los otros. Amen y bendigan los planes, criterio y voluntad de Dios. Amen y bendigan su cruz de cada día; aquella que los hermana con el Salvador crucificado. Amen el silencio. Amen la verdad. Amen la justicia. Amen el amor. Amen la paz. Amen la libertad. Sean testigos vivientes del Amor. Sean ustedes silencio, paz, bondad, verdad, justicia, libertad. Sean amor.

Esto, todo esto, es lo que el mundo necesita.  Lo que cada hombre y cada mujer necesitan en particular. Lo que Dios, el Padre todo poderoso, creó y dio y lo que, Jesucristo, el Hijo Omnipotente vino a pregonar. Esto es lo que el Espíritu Santo confirma  en el corazón de cada creatura.

No teman. Pero sepan callar. Oír. Escuchar. Oigan y escuchen la Palabra de Dios que está viva en ustedes. Que está dentro de ustedes. Que está en todos y en todo.

Después de caer la lluvia, de repente desaparecen las aguas; pero ellas no han desaparecido en verdad, están asimiladas en el fondo de muchas cosas y de muchos seres. Están en los árboles, en la tierra, aún entre las aguas de los ríos y los mares. Así es la Palabra de Dios. Así es Él, que es la Palabra. Aunque aparente no existir, ahí está en todo, sobre todo en ustedes, dentro de cada uno de ustedes.

¿Por qué no lo escuchan?  Sencillamente porque el ruido ensordece sus oídos. Hay muchos  ruidos. El Señor lo ha dicho muchas veces. Sí, hijitos, hay muchos ruidos en ustedes y en torno de ustedes.

¿Qué hace falta para oír a Dios?

Hacer silencio. Ser silencio.

Ustedes, hijos míos, los convocados por Dios a esta nueva Orden trinitaria de los esclavos de su Esclava, cuyo primer adalid, aun sin decirlo, es el Papa que ahora tienen,  sean silencio, hagan silencio.

Hace falta silencio. Hay muchos ruidos y los ruidos apagan la voz de Dios, la cual no es estridente y solamente habla con pausa en lo más hondo y secreto de cada creatura.

Hijitos: yo siempre he sido y soy silencio; por eso, gracias a Dios, pude oír su voz y practicarla.

El Señor ha querido y quiere que yo sea Madre, Modelo y Maestra para ustedes. Por eso, rompiendo mi silencio en estas horas, les hablo, para invitarlos al silencio.

Hagan silencio ustedes. Sean y vivan el silencio necesario, para que se oiga la voz de la Palabra grabada en sus entrañas.

El silencio es virginidad, porque es limpieza o despojo y libertad de todo lo que no es de Dios.

Sean vírgenes y den virginidad ustedes, para que Dios viva y reine en ustedes, con ustedes, desde ustedes.

Dios habla. Él siempre habla. Pero su voz solamente se oye en el silencio, en el vacío, en el anonadamiento y en la entrega.

El silencio aviva la fe, la confianza, la caridad y la esperanza.

El silencio,  hijitos míos, es el secreto que Dios me ha confiado. El silencio es mi secreto. El es despojo, limpieza y libertad de todo lo que no es de Dios. El es virginidad; la virginidad indispensable y necesaria para recibir, vivir y dar a Jesucristo.

A lo largo de mi vida terrenal,  constantemente fui probada en la fe y constantemente superé las pruebas  gracias al  silencio. Esto es al vacio del corazón y del espíritu que da disposición y  campo para albergar a Dios.

La mayor prueba, para mí, la culminante, estuvo en un día como hoy, después de la muerte de mi Hijo.

Pero envuelta en sus recuerdos, desde lo más profundo del silencio, emergían sus palabras con más vigor que nunca:

"Y  Yo te digo: si creyeres verás la Gloria de Dios. Yo Soy la Resurrección y la Vida. Los que mueren en Mí, aunque mueran vivirán. No morirán para siempre..."

Ustedes, si de Él son y si, a través de la santa esclavitud de ustedes a la que es la Esclava o Sierva del Señor, guardan silencio, esto es, son vírgenes, oirán, en lo profundo de ustedes, la voz del que es la Palabra y se harán ecos de ella, para el bien.

Hace falta silencio en la Iglesia y en el mundo. Ustedes sean silencio. Multipliquen el silencio viviéndolo, a profundidad en ustedes y entre ustedes, al modo como yo, la Esclava del que Es, lo  vivo.

Si ustedes son y hacen silencio, en esta Orden, harán posible, como Yo, y como la gruta del pesebre, que el Señor se dé.

Él, les ha dicho:

Oren, oren, oren... Oren siempre. Sean oración.

Yo, la Esclava del que Es, les digo, repitiendo sus palabras:

Oremos, oremos, oremos... Oremos siempre. Seamos oración.

Esto es: como los discípulos después de la muerte del Señor, únanse a Mí, para orar, ser uno y esperar.

 

Lección No.  291

  1. Hace falta silencio, esto es, virginidad, para recibir, vivir y dar a Jesucristo, verdadero  Dios y hombre verdadero.

  2. Hagan silencio. Esto es: sean vírgenes.

  3. Con la contaminación del ruido se acaba haciendo grutas de silencio. Esto es: siendo silencio. Ustedes sean silencio.

  4. Cada uno, en esta Orden nueva, novísima y novedosa de los esclavos de la Esclava de Dios, sea silencio. Esto es: sea virgen, para recibir, vivir y dar a Jesucristo.

  5. Multipliquen el silencio.  Si tal hacen, multiplicarán, al mismo tiempo, la voz de Dios, a la manera de los altoparlantes y micrófonos distribuidos estratégicamente.

  6. Recuerden: el altoparlante y el micrófono no hablan. Aportan el silencio de ellos y la voz de quien habla, ocupando ese silencio, transmite su mensaje.

  7. Ustedes no hagan ruido. Apórtenle a Dios el silencio o virginidad de ustedes y, Él, ocupándolo, hablará siempre en ustedes, con ustedes y a través  de ustedes.

  8. Oren, oren, oren... Oren siempre. Sean oración.

  9. Bendigan, bendigan, bendigan... Bendigan siempre. Sean bendición.

  10. Imiten a María Santísima, la Inmaculada Concepción y siempre Virgen.

 

SÍNTESIS

  1. Fruto  de las reflexiones de ustedes, en esta Semana Santa, sea, para ustedes, la necesidad del silencio.

  2. El silencio es virginidad. Sean vírgenes. Hagan silencio. Sean silencio. Vivan y hagan el silencio.

  3. Recuerden: El secreto para recibir, vivir y dar a Jesucristo, en orden a la Cristofinalización, es la virginidad. Si virginidad y silencio se identifican, vivan esa realidad.

  4. Oren, oren, oren... Oren siempre. Sean oración.

  5. Imiten a María Santísima, la Inmaculada Concepción y Siempre Virgen.

Por hoy basta. En el Nombre de Jesús, bendiciones, bendiciones, bendiciones.

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6,05 a.m.    

 

Repitan: Dios mío:Limpia mi corazón para que hoy día haga Tú voluntad y esté contigo.  Amén.

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