Hijos de la Luz:
La luz de la Luz los ilumine y los llene de gracia.
Sean benditos con la bendición del que es bendición.
Sean el aliento del Aliento; la luz de la Luz; la vida de la Vida; el amor del que es Amor; la verdad del que es la Verdad:
Sean aliento, o espíritu, luz, vida, amor, verdad. Para esto, han sido creados a imagen y semejanza de Dios. Para esto, son enviados con un mensaje de salvación, a los otros, sus hermanos, como Carta y Carteros de Dios. Merezcan el honor, háganse digno de él, siendo fieles, para que sean eficaces.
¿Lo entienden?
¿Me entienden?
Y, en esto el que tenga oídos, que oiga.
Yo soy la Luz del mundo.
Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida.
Yo soy Dios, Uno y Único con el Padre y con el Espíritu Santo, en el misterio, incomprensible para ustedes, de la Santísima Trinidad. Por eso, Yo soy el amor, el único y verdadero amor, por el que todo es, en quien todo comienza y a quien todo debe volver.
Crean, confíen, esperen.
Yo derramo sobre ustedes el Espíritu de la Verdad, para que, por ese Espíritu, sean confirmados en mi Palabra, que es la Verdad.
Reciban el Espíritu Santo.
Para recibir el Espíritu Santo, sean vírgenes. Esto es: sean limpios y libres de todo lo que no es de Dios. Aséense. Báñense, con humildad y con prudencia, en las Piscinas de la Gracia. (Confesión con el Presbítero). No se confiesen con ustedes mismos. Confiésense con los presbíteros. Para eso he creado la casta sacerdotal. Es una sepa especial de la Viña del Señor. Cada sacerdote o presbítero, tiene un don y un carisma especial, dado por Dios, que no le es dado a ningún seglar. Si el presbítero falla, ustedes no lo juzguen y no lo condenen.
El y Dios se entenderán, de persona a persona; pero no son ustedes su juez. El juez de ellos (los presbíteros, como el juez de ustedes, los seglares, es mi Padre celestial) y, El, los juzgará a su modo, a su medida y a su hora.
Lean, relean y mediten, todos, presbíteros y seglares, a Malaquías. A través de esa profeta, Dios les habla, a cada uno en particular y en lo profundo de su corazón para llevarlo a la verdad, si son humildes.
Ustedes son destinatarios de una nueva Alianza.
Lean, relean y mediten:
Lucas 22, 19, 20.
Esa Alianza, los lleva a una nueva o novísima Alianza en Mi; cada uno en particular es convocado, para ser, en Mi y por Mi, la Eucaristía que Yo soy, por cada uno de los otros sus hermanos. Por tanto, por esta nueva Alianza, cada uno en si y por Mi, si es hijo de la Luz, está llamada a darse, a si mismo, por los otros, sus hermanos, en mi Nombre, como nueva, novísima y novedosa Hostia, consagrada por Mí, el verdadero, único y sumo Sacerdote, para salvación de otros.
Ser hijos de la Luz, es equivalente a ser la Hostia viva, consagrada por Mi, la única y verdadera Hostia, al permanecer en quien me alberga con limpio, recto y humilde corazón, siendo de ese modo, a la vez que Sagrario vivo, hostia viva, no por si; sino por mi presencia en él.
Si Yo soy la Luz, la luz que arde en una lámpara encendida, no es de la lámpara, por si, sino de la Luz en ella.
Como hijos de la Luz, son ustedes carta de Dios, escrita por El, con un mensaje de salvación, para los otros sus hermanos. Y, a la vez, tienen la misión carismática de conducir esa carta, y de llevarla a sus destinarios; por lo cual son, a la vez que Carta, Carteros de Dios.
Sean eficaces en la misión encomendada: vivan y obren, con la simpleza, humildad y entrega de una hostia, que ni siquiera sabe que lo es; pero que es eficaz, porque es entrega total, sin interrogantes y sin condicionamientos. Por eso, como la Hostia y como la Luz, sepan desaparecer, sin reclamar propinas, salarios o contraprestaciones.
Sean solo entrega a Dios y donación a sus hermanos, y, como la luz y como la hostia, que es su equivalente, ustedes serán eficaces, con la eficacia de Dios.
Revista María Hoy
Santa fé de Bogotá, D.C,
Miércoles, Diciembre 23, 1998 - 02:13
