..."se hizo hombre y, como hombre, el más pequeño, para poder servir y no ofender con el servicio" Acta 853

Sábado - Jul 18 2015

"- ¿Sabes, hijo mío, por qué comencé llamándolos a ustedes, Esclavos de la Esclava de Dios y no Hijos de la Hija de Dios, como se llaman ahora?

- No, no lo sé, Señor.

- Sencillamente porque quise enseñarles a servir, no a ser servidos. El que sirve es humilde, aprende a morir; esto es, a negarse a sí mismo, lo cual le permite aceptar o recibir en sí, a Aquel para quien sirve.

Nadie sirve sin dar algo de sí y, más aún, sin darse a sí mismo. El buen servidor, el fiel, es aquel que está disponible siempre a su señor. Esa disposición es entrega y, en el lenguaje de la Espiritualidad, es virginidad..

El sentido del servidor y el servicio se ha perdido con el uso, evolucionando a lo contrario. Por eso, un ministro que, en su origen semántico, es un siervo, generalmente es tirano inabordable y exigente. ¿Cuándo realmente, a no ser como excepción, un ministro es un siervo o servidor, siempre disponible y listo a servir, con la entrega obsecuente de un esclavo? Y ¿no es esta la aptitud de Cristo, el servidor por excelencia y, a imitación de Él, no es, ésta también, la aptitud de la Inmaculada y siempre virgen, Madre, Maestra y Modelo para ustedes?

En estos 10 años de enseñanzas y experiencias, la lección constante, reiterada y persistente, a tendido siempre a enseñarles a morir al "yo"; porque, el "yo" y la entrega no son compatibles. Donde prima el "yo" no crece el "tú" y por eso el "nosotros" también desaparece.

La Fuente del "nosotros" está en el misterio, incomprensible para ustedes, de la Santísima Trinidad, en Quien ninguna de las Tres personas divinas que al informamos es un "Yo" insular; sino un categórico "Nosotros". Por eso, ninguno de Nosotros es, concebible sin el concurso y sin la comunión con las otras Dos Personas, aunque cada uno de Nosotros es, en sí y por sí, una persona real, única y eterna.

Si la entrega es virginidad, Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo, la Santísima Trinidad es, en sí y por sí, la Persona virgen por antonomasia. El virgen, el eternamente virgen y, por eso también, Dios, es el que, a pesar de ser el ser liberísimo, es Quien sirve a plenitud y Quien da a plenitud, dándose en cuanto da y hace. Por eso, todo lo creado es emanación gratuita de Dios. Para Dios no hay contraprestaciones, porque de haberlas, las criaturas no podrían pagarlas nunca; porque eso es imposible. Ni siquiera lo pueden concebir ustedes.

"Dios da sin recompensas"

Si releen las Actas, descubren la inalterable, amorosa, constante y paternal lección de Dios, enseñándoles a morir al "yo".

Esa lección es un estado proceso; no se interrumpe, permanece y crece. Crece siempre, constante y persistentemente. Se repite para crearles hábito. El hábito de ser humildes, "limpios y libres de todo lo que no es de Dios", como el egoísmo, la soberbia, el orgullo, la prepotencia y el pecado; todos los cuales son atributos del "yo" de ustedes.

Ahora pueden entender por qué, por ejemplo, leen siempre en las actas:

"Dios mío:

limpia mi corazón

para que hoy día

haga tu voluntad

y esté Contigo.

Amén."

 

Porque la virginidad es la clave fundamental de esta Espiritualidad, para poder recibir, vivir y dar a Jesucristo, el Salvador resucitado, verdadero Dios y hombre verdadero.

Por qué el "Amor", que es Dios y, en consecuencia, Jesucristo, es el carisma de esta Espiritualidad. Jesucristo es el carisma de esta Espiritualidad, aunque eso parezca absurdo y aparentemente exagerado. Si servir es una vocación y, si el servidor por excelencia es Jesucristo, al ser convocados ustedes, en esta Espiritualidad, para el servicio, es a penas explicable que el carisma de ustedes sea el amor; esto es: Jesucristo, a Quien deben recibir, para vivirlo y darlo. Pero, para recibirlo, la clave es la virginidad, sin la cual no es posible albergar, vivir y dar a Jesucristo; como no es posible que, sin El, puedan ser perfectos en el grado de perfección del Padre (Mateo 5, 48).

Con Jesucristo todo es posible. Sin Él todo es absurdo; porque nada se puede hacer sin Él.

Se comprende también por qué los santos Evangelios son las reglas o reglamentos para ustedes, en esta Espiritualidad. Asumirlos y practicarlos es el secreto de la vida eterna que, en el fondo, es Dios; porque sin Dios, que es la Vida, no hay vida eterna.

La Vida Eterna, en resumen, es la meta de ustedes. Lograrla es el gran negocio; el único y el más grande de todos los negocios; por el que vale la pena vender todo y vivir y morir.

¿Entienden ahora qué es y para qué es la virginidad?

¿Entienden ahora por qué, en esta Espiritualidad, el estilo no es el mismo que usa el hombre en todos sus negocios? Usualmente el hombre emplea sus aptitudes, sus experiencias y sus disponibilidades, en desarrollo de principios lógicos, para obtener logros. En esta Espiritualidad la única lógica que cuenta es la de Dios, que no es la misma de los hombres. Aquellos, generalmente, son incompatibles, porque mis caminos no son los mismos caminos propios de ustedes.

("Mis caminos no son sus caminos")

Si lo entienden comprenderán que están destinados para la Vida Eterna. Y que eso tiene un precio que es la virginidad o perfección. Esto es, hay que saber morir:

1.- Al "yo" y a las exigencias del "yo";

2.- Al mundo, al demonio y a la carne;

3.- Al pecado y al delito.

4.- Al narcisismo de sentirse y de creerse bueno y, en consecuencia, mejor que los demás;

5.- A la tentación del espejismo de ser maestros, doctores y señores;

6.- A creerse insustituible y por lo tanto indispensable y necesario;

7.- A la enfermedad del desamor;

8.- A juzgar y condenar la imperfección de los demás;

9.- A ser intolerantes e inflexibles con los otros;

10.- A sentir rencor, envidia, desprecio y odio por los otros;

11.- A no amar a Dios como, Él lo enseña;

12.- A no amar al prójimo como a nosotros mismos;

13.- A no amarse a sí mismo, como al prójimo;

14.- Amar a la naturaleza;

15.- A no tener fe;

16.- A no creerle a Dios:

17.- A no servir;

18.- A ser servido;

19.- A no orar y

20.- A no imitar a maría, la Inmaculada Concepción y siempre virgen, Madre, Maestra y Modelo para ustedes.

Ejercítense en ser humildes; en ser perfectos como el Padre y en saber desaparecer, para que brille el Señor, en ustedes y desde ustedes.

Vean por qué cada vez exijo más a mis seguidores. Vean cómo se esfuerzan los atletas en ser aptos. Ser peregrino del Reino de los cielos es el mayor atletismo que pueden concebir. Esfuércense en ser vírgenes.

Sean vírgenes y humildes. La humildad y la virginidad se identifican.

Si quieren seguirme "niéguense a ustedes, tomen su cruz y síganme". Esto no es nuevo, es de siempre y para siempre.

Empiecen por desinstalarse, no solamente en el espacio físicos y en tiempo; sino en criterios.

Destruyan los pedestales que han construido para ustedes. El pedestal los hace ídolos. Cuando son ídolos se endiosan y, como consecuencia, se rebelan contra Dios, al hacer primar la voluntad de ustedes sobre la voluntad de Dios.

Sepan a morir a toda instalación, por buena y santa que parezca. Con este criterio déjense moldear por Dios. Eso cuesta; pero nada ni nadie lo supera.

Consecuencias de la entrega a Dios son:

la alegría,

la paz,

la felicidad,

la donación personal al hombre o prójimo y a la naturaleza en general y

el uso de la verdad y del amor.

Si están en mí, cuando yo les exija algo, sepan renunciar o cumplir, según mis exigencias; porque muchas veces los pondré a pruebas, como a mis primeros seguidores. Si no son dignos de saber morir a nuestras exigencias, no son dignos de mí, Quien soy el Camino, la Verdad y la Vida.

...El servicio, unido al amor, hace milagros. El primer milagro es la humildad. El humilde no se engríe, ni se exalta; está atento al plan de Dios y disponible a las exigencias de su voluntad. Por eso sabe desandar los pasos mal andados y rectificar sin amarguras, los yerros y torpezas. Todos, en esta Espiritualidad, acostúmbrense a doblegarse ante Dios; ejercítense en inclinarse y postrarse. Sepan que el único Señor es Dios y, en Él, tienen una lección inigualable, pero digan de ser imitada: nadie como El, en la persona de Jesucristo, se ha inclinado más ante el hombre y sólo por amor. Sin dejar de ser Dios, se hizo hombre y, como hombre, el más pequeño, para poder servir y no ofender con el servicio. Eso, solamente es posible por amor; es un milagro de amor. Servir es el milagro del amor. ¿Lo entienden?...

Solo quien ama sirve, puede ser sirviente, siervo o servicial, títulos que no le ofenden y que, por el contrario, dignifican: Jesús, el Rey de reyes, es, por amor, el siervo de los siervos. Pedro Claver se santificó, por eso, como el esclavo de los esclavos. ¿Lo entienden? ¿Cómo y por qué se santificarán ustedes?...

Vean las dimensiones espirituales y morales de esta Espiritualidad; entiendan por qué es nueva, novísima y novedosa; porque sus fronteras son las mismas de mis Evangelios y, por eso también, no es bajo ningún aspecto una nueva revelación, ni un mensaje nuevo. Es apenas una admiración en la Palabra de Dios, un deslumbramiento, una aceptación ¿Lo entienden?

 

 

Acta 853

Revista María Hoy
Santa Fe de Bogotá, D.C.
Domingo, January 30, 1994 - 02:58