De nuestros sacerdotes - escuchar:
Editorial:
La sangre de los santos inocentes no fue inútil. Ese martirio, aparentemente absurdo, es como la gota de agua que el celebrante mezcla con el vino para la Consagración. Es la cuota del hombre, ofrecida en reparación por sus ofensas. Es el cero que pospuesto a la realidad del Dios que se hace ofrenda, para redención, se multiplica en gracias y alcanza la misericordia.
Dios, cada vez que recuerda ese martirio, se conmueve y, por ellos, sumados al sacrificio de Jesús, tiene compasión de esta humanidad que, se aparta con frecuencia, del camino de su Salvación.
En el desierto hay oasis que calman la sed y evitan que mueran muchos peregrinos y viajeros. Así, es la sangre de los mártires: un pozo de amor y de esperanza en medio de la insensatez y la locura. Por esa sangre, hoy, hay menos catástrofes y no se precipitan los castigos que deberían ser grandes y graves.
Saludemos, pues, con amor, a los Santos Inocentes, en este año que empieza y que es un año signado por la Luz. Aunque parezca absurdo: Dios retomará las riendas y de todos los abismos de la desesperanza, surgirán voces que clamen y esperen el milagro.
María Hoy, no puede ser indiferente. Por eso, ahora, desde ahora, y antes que suceda lo proclama!
Dios no esta muerto y María la Virgen sigue pariéndolo en la historia.
Saludemos la Luz, en este nuevo año, con la inocencia y pequeñez y mansedumbre de aquellos pequeños ofrecidos que sumaron su sangre a la Sangre del Cordero.
Esto es todo. Por hoy basta.
Bendiciones.
Bendiciones.
Bendiciones.
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Acta 7
