..."
En Actas anteriores les he propuesto reglas para que sean uno y para que, con amor, se sirvan y ayuden los unos a los otros; pero, ustedes, están tergiversando mis propósitos.
¿Por qué empiezan a surgir desuniones, entre ustedes, por esas enseñanzas?. ¿Por qué ellas son malas, en sí, o por qué ustedes, en sí, son malos?.
Examinen, con oportunidad y prontitud, esas dos interrogantes.
En la naturaleza todos lo elementos son buenos; pero sus resultados difieren por la forma como sean cambiados y usados por el hombre.
Les he dado, a ustedes en particular, unas enseñanzas que son buenas; pero sus resultados variarán por la forma como ustedes los usen. Les aconsejé, por ejemplo, recibir en Marilandia, donaciones y limosnas que las gentes quieran dar espontánea y generosamente; pero no les pedí que en sus sermones, las enfaticen hasta opacar el brillo del sermón en sí. Una cosa es recibir lo que se da de modo espontáneo y generoso y, otra muy distinta, provocar esas reacciones, empleando cualquier medio de inducción que lesione la voluntad.
"Reciban, pero no provoquen la entrega". Provocar la entrega equivale a viciar el consentimiento. Si se les da, reciban, porque no hacerlo puede parecer pedantería.
No se deslumbren con las obras. Cuando las hagan, sean para gloria de Dios; pero no para la vanagloria. Que ellas sirvan al bien común en bien del prójimo; más no para crear distanciamientos. Si sus obras los distancian a ustedes entre ustedes, algo anda mal y, eso, se debe corregir.
Recuerden siempre, esto: a las personas, las instituciones y las obras, se las destruye con acciones, palabras inoportunas y omisiones. Por tanto, cuando ustedes doctrinen o corrijan, revístanse de amor. Y, llenos de amor hagan lo que tienen que hacer. No mezclen lo de Dios con lo del hombre. Recuerden mi consejo: "den al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios".
Cuando corrijan háganlo en privado y sin alardes. No se muestren sordos a la misericordia y arrogantes. Hacerlo es negar - objetivamente - el amor y la misericordia. Quien no ama y no es misericordioso, no es de los míos; porque no se empequeñece.
Reflexionen, por tanto, en estas, y en muchas otras, que les señalaré. Ayúdense, compréndanse los unos a los otros y serán santos...
...Que te quede claro, igual para todos, que lo esencial, para ustedes, es el estilo que quiero que vivan, que es un modo de ser y de hacer que los identifique Conmigo y con lo mío, destacando la caridad sobre todo, y manteniéndose fieles a la virginidad.
Empéñense en vivir mi Estilo, antes que hacer obras y en practicar formalidades que los vuelvan rigoristas.
No dejes que se impongan el rigor y el ritualismo cultural sobre la caridad. Lucha con tenacidad, aunque con amor, contra eso. Los quiero santos, no tiranos. Cuando les toque pedir perdón, pídanlo, aunque crean que eso les resta autoridad y los empequeñece. Recuerden que, en Mí, se crece descendiendo. Y que, eso, es virginidad, o sea: menguar para que Yo crezca.
Di al Abad que estuvo bien en todo. Su ejemplo, sus homilías y enseñanzas fueron buenas; pero no me gustaron sus arengas sobre la necesidad de "meterse la mano al dril (como lo dijo) y de dar con largueza. Que en lo sucesivo, en Marilandia, solo hable de Mí y de lo mío y no de dar, bajo ningún pretexto y para nada. En Marilandia, y en la Espiritualidad, quiero que haya una comunidad edificada con nutrientes de calidad: oración, sacramentos, Palabra de Dios y observación de los Mandamientos de la Ley de Dios, y, que, él sea una de mis operarios fieles. Para eso lo he señalado y escogido. Bendícelo..."
Acta 975
Revista María Hoy
Santa Fe de Bogota, D.C.
Sábado, Febrero 4, 1995 - 01:00
