"No lo olviden: Los monstruos crean monstruos, los santos crean santos." Acta 167

Monday - Feb 09 2015

 

Un día hoy:

 

"No teman, sigan adelante bendiciendo. Bendigan en todas partes y a todo. Sean bendición, se los he dicho.

La verdadera ayuda que deben dar a los llenos de sed y de hambre y de miserias, es la bendición del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Las mayores necesidades del hombre son las del espíritu. Satisfáganlas con el amor de Dios.

Para eso, oren y bendigan.

Ayuden igualmente por los medios materiales en la medida en que les sea posible. Bien está.

Pero no olviden: La mayor y más urgente necesidad que existe es la de Dios.

Den a Dios. Para eso:

Oren, oren y bendigan.

Oren penetrando con humildad y con respeto, en lo más pequeñito de todo lo creado.

En las elementalísimas partículas de los elementos, cuya denominación conocen. No se cansen de hacerlo.

Si en Mi, por Mi y para Mi lo hacen nada será inútil.

Yo, el que Soy, el Santo de los santos, haré, al modo Mío lo que debo.

Yo penetraré y transformaré esas pequeñísimas partículas de cuerpos e invadiré, transformando los espíritus de los hombres, por quienes ustedes oran y a quienes ustedes aman y bendicen.

¿No les parecen absurdos, fantásticos y raros todos los resultados y medios de la electrónica y de la computarización?

¿Y no son sin embargo realidades cuyos resultados casi mágicos, experimentan y conocen?

¿Por qué no imaginan con un poco de fantasía que Yo, el que Soy, puedo obrar de modo semejante, pero más perfecto, infinito y eficaz?

No teman pues.

Nunca jamás hará el ridículo y fracasará aquel que corra y corre el riesgo del ridículo por Mí. Yo haré veraz y haré eficaces los hechos, cualquiera que ellos sean, cuando a nombre Mío, por Mi y para Mi sean hechos.

Estas tierras, estos pueblos y estas culturas agonizan, han muerto o mueren entre la desesperación, el orgullo y la impotencia.

Vean las monstruosidades que imponen temor, aunque a muchos, muchísimos los nutren de infantil orgullo y esquizofrénica soberbia.

Observen las monstruosidades del orgullo y la arrogancia.

Vean los frutos, las huellas, los vestigios de la ausencia de Dios; de la prepotente soberbia del hombre en su soberbia.

No lo olviden: Los monstruos crean monstruos, los santos crean santos.

El odio crea horrores.

El amor engendra y hace cosas buenas y santas para todos.

Cosas buenas y santas son aquellas que para el bien de todos son creadas: es la paz, es la justicia, es la libertad. Es el respeto a la dignidad ajena. Es la fe en Dios unida a la fe en el hombre. De ahí la admiración, adoración y gratitud a Dios; la admiración y la gratitud al hombre. Consecuencialmente, el profundo respeto a Dios y al hombre.

Vean aquí, en estos pueblos y en estas tierras, todo lo monumental que los rodea. Monumentos grandiosos, pero muertos. Esqueletos y ruinas sin ninguna vida.

Obras materiales de ayer y de ahora, que recuerdan cuanto se hizo y se hace a precio de hambre, de sangre y del sudor de un pueblo que ante todo, quiso y quieren ser felices.

Miren, observándolo cómo nada vive realmente. Todo muere y agoniza, entre la arrogancia del poder aparente y del prestigio, pero haciendo insufrible el hecho mismo de vivir como Dios quiere que vivan sus creaturas: en el fondo mismo del alma, con salud en el fondo del cuerpo. Con certeza de que sus obras tienen vida porque frutos de vida son. No obstante eso es así. No se engañen, sin Dios no hay vida, como no hay pureza en el aire sin el oxigeno vital.

¿A dónde creen que llegarán todos los esfuerzos del hombre, si ellos no son llenos de Dios?

¿Creen que producirán la vida y harán la felicidad que haga libres y felices a los hombres?

¿No creen que sin Dios solo se puedan hacer monstruosidades, obras de teatro, fabulosas ilusiones y espejismos; pero no realidades y bondades operantes?

Hora es esta de hacer un alto y elegir: o vida, o muerte. Salud o enfermedad. Verdad o mentira.

El progreso sin Dios es retroceso, aunque tenga apariencias de progreso. No es progreso lo que mata. No es progreso lo que sustituye la vida por la muerte.

No es progreso lo que remplaza al hombre por sus ídolos monstruosos y sin vida, así se llamen construcciones perfectísimas y frutos de evolucionadísimas culturas. No desdeñen por respeto las culturas, pero amen a los hombres que las hacen y las viven.

Amarlos es respetándolos y respetando lo de ellos; propiciar con respeto los medios que crean y hacen la felicidad de todos y en particular del individuo.

 

Oren por eso.

Bendigan por eso.

Sean luz donde hay tinieblas. Eso bastará para que, poco a poco los ojos se adapten a la luz. Sean buen olor allí donde haya pestilencia. Eso hará que poco a poco los otros que observan lo de ustedes, vengan a sus plenitudes.

No impongan por respeto, pero muestren las riquezas que tienen. Enseñen a recuperar la vida en todo. Enseñen a tenerla y a darla. Muestren el modo de tenerla y darla.

Recuerden! El bosque no se hace de improviso y partiendo del todo y de lo grande.

El bosque comienza y termina en la semilla.

Así también la sociedad. No hay sociedad humana sin el hombre; y el hombre nace y termina en la semilla, el elementalísimo principio que lo forma.

Mares y desiertos ya se los he dicho, no se dan sin la unidad; una gota de agua, un grano de arena; siempre un átomo, una partícula de átomo.

Reconstruir

Reafirmar

Rehacer

Renovar

Replantear

Reconquistar

Revitalizar

Etcétera

Es volver siempre a lo primero, a lo esencial, elemental y simple. Es ir al núcleo, a la base, al origen, al comienzo y allí, aprovechar el germen. Esto hagan para hacer nuevas todas las cosas existentes.

Esto requiere sin embargo una profunda humildad.

Observar las leyes existentes. Las que tienen origen en la mente de Dios y en su misterio, en su poder, en su amor y en su querer.

Oren, doblen las rodillas. Oigan a Dios y aprendan y hagan según sus mandamientos. Otro medio es absurdo e inútil, por sabio y por eficaz que lo parezca..."

Acta 167

Revista María Hoy
México, (6:46 hora de México)
Domingo, Febrero 9, 1986 - 07:46