..El sol alumbraba para todos.
La lluvia cae para todos.
La semilla fructifica para todos.
El tiempo es común para todos.
El día y la noche son de todos.
La vida y la muerte son iguales para todos
El universo, en sí, es para todos, igual que el bien, la justicia, la paz, la libertad y el amor, en su esencia.
Esta Espiritualidad no es una agremiación, o gremio de gente buena, clasificada e instalada en su club de "virtuosos salvados"; sino una comunidad de vidas que se entregan para el bien común de todos, sin excluir personas, por cuestiones de ideas, actitudes, razas, condiciones sociales, culturales, religiosas, políticas o de cualquier tipo de circunstancias, que sectoricen y excluyan.
"No he venido por los sanos,
sino por los enfermos; pero
también por los sanos,
para que todos tengan la verdadera vida
y la vida en abundancia".
Esa Vida Verdadera Soy Yo,
Jesus, el Salvador resucitado,
verdadero Dios y hombre verdadero,
el Santo de los santos,
La Segunda persona de la Santísima Trinidad.
Por eso, sin Mí, no hay salvación; porque, sin Mí,
Que soy el Salvador, no hay salvador.
Vean por qué, en esta Espiritualidad, todo está orientado y referido a la virginidad, pureza, conversión o "limpieza y libertad de todo lo que no es de Dios"; porque, ella, como la ley de la gravedad en la tierra, los arrastra inexorablemente y necesariamente a Mi, el Salvador, con una triple acción y triple consecuencia:
"Recibir, vivir y dar a Jesucristo"...
Revista María Hoy
Santa fe de Bogotá, D.C,
Miércoles, Agosto 31, 1994 - 03:15
