"No cuiden lo accesorio: horario, fórmulas, etc. Cuiden lo esencial: amen." Acta 785

Viernes - Oct 30 2015

..."Recuerden que fui riguroso con el rigorismo de los fariseos; porque, en ese ritual, no estaba el amor de Dios y, por lo mismo, Dios no estaba. Había rigor; pero no amor. Y, en el fondo, a ellos, les faltaba observar la clave para tener a Dios: no eran vírgenes. Estaban llenos de sus propios caprichos. El "yo" de ellos era un diamante grande, vistoso y sólido, que los ameritaba, ante los hombres; pero que no dejaba aparecer a Dios, anulado por sus vanidades. Eran Maestros de la Ley; pero no eran señaladores de Dios, con sus conductas; pretendían demostrarlo; pero no lo mostraban; por eso lo crucificaron: me crucificaron.

Para salvar hay un solo estilo: el amor. Quien lo enseña es el Salvador. Para mostrarme, hay un solo estilo: el amor. Y, no hay otro Salvador que Yo. Yo Soy Dios y Dios es amor. El estilo mío es el amor. Quien me sigue no tiene otro estilo, que sea el mío. Si ama es mío. Si no ama no es mío. Si ama me sirve; si no ama no me sirve. No hay alternativas y, en esto, no se equivoquen. Si ha habido torpezas en la transmisión de mi Evangelio, la causa ha estado en esto. Cada vez que se evangeliza sin amor, se apaga el Evangelio y no se da a Jesucristo. Entiéndanlo. Por eso, a quienes mando a predicar el Evangelio, los mando como a ovejas a los lobos: a morir. Esto es: a darse; para darme.

¡Basta ya de hacer torpezas!

Los de esta espiritualidad amen. Si aman serán eficaces.

No crean que lo serán por el rigor. El rigor y, consecuencialmente, el rigorismo, no son míos. El rigorista es un tirano y, como tal, es un ególatra. Se idolatra a sí mismo. Pero no me da. Puede ser que siembre una doctrina; pero no a una persona: la de Dios.

... No es sólo mostrar una doctrina. Hay que presentar una doctrina (Mi Doctrina) y una persona (Mi Persona), que en sí se identifican y confunden porque, ella, no es sin Él. Y, a los dos hay que encontrar para que se dé un resultado: la conversión o salvación. Y, eso es evangelizar o salvar, con la salvación del Salvador. Y, ¿Cómo salvó, el Salvador, a la mujer samaritana? ¿No fue amándola? ¿No fue con amor? ¿Quieren un mejor Maestro? ¿Quieren ustedes ser mejores y más eficaces que Él?

No cuiden lo accesorio: horario, fórmulas, etc. Cuiden lo esencial: amen. Las fórmulas pasarán; pero el amor no pasará. Ese quedará en el alma del amado y desde ella, dará frutos. No maten, por tanto, los frutos, matando al sujeto en el que siembren.

¿Lo entienden?"

Acta 785

Revista María Hoy
Santa Fe de Bogotá, D.C.,
Viernes, Febrero 26, 1993 - 01:23