De nuestros sacerdotes - escuchar:
...Como María Santísima, la Inmaculada Concepción y siempre Virgen, sean vivientes y portadores trasmisores de Jesucristo, el Salvador resucitado, verdadero Dios y hombre verdadero, por la virginidad individual de ustedes.
Recuerden a María Santísima, la Inmaculada Concepción y siempre Virgen. Mírenla e imítenla.
Toda la actitud de Ella fue hacer y vivir el vacío y la libertad de todo lo opuesto a Dios y que de Él no es. Esto es: ser virgen, total, real, constantemente.
Por eso: en todo tiempo estuvo en condiciones de recibir, vivir y dar a Jesucristo, el Salvador resucitado.
Su primera misión sobre la tierra, una vez fecundada, por la fuerza y por la acción del Espíritu Santo, fue ir a servir a una mujer indigente y virgen, su prima Isabel, en el ambiente específico de ella. O sea: en su familia y sitio de vida y de trabajo.
Pero, el objeto era llevar a Dios y darlo, a una persona (Isabel) y a su familia, dentro de ella, y, en particular, a cada una de las personas restantes (Zacarías y Juan), quienes, por gracia, la integraban.
Este acto, sencillo pero claro, es Cristofinalización.
Modelo es de Cristofinalización.
María Santísima, cristofinalizada, se movió, guiada por el Espíritu Santo, a Cristofinalizar.
Vean claro, en este acto sencillo y claro de María Santísima, la Inmaculada Concepción y siempre Virgen, lo tantas veces afirmado, a través del Seminario "María Señal de Jesucristo".
La consecuencia de recibir y vivir a Jesucristo, el Salvador resucitado, verdadero Dios y hombre verdadero es darlo.
En otras palabras: no se puede recibir y vivir a Jesucristo, Dios y hombre verdadero, sin tener que darlo, como consecuencia.
Quien recibe y vive a Dios lo da forzosa y necesariamente; primero: a los más próximos; al reducido grupo de personas que hacen la familia o el ambiente más afín y, en segundo lugar a todos los demás creados. En el caso de María Santísima, a toda la humanidad.
Ella, por todo eso es Madre, Maestra y Modelo: de virginidad, de aceptar, de vivir y de dar a Jesucristo, el Salvador resucitado, verdadero Dios y hombre verdadero.
María Santísima, incorporó a Jesucristo en su propia familia; lo llevó a la familia de Zacarías y, posteriormente lo donó a todos los mortales, para su salvación o Cristofinalización.
Observen, vivan y practiquen esta insólita lección dada, a cada uno de ustedes y a todos en general, por María Santísima, la Inmaculada Concepción y siempre Virgen:
Sean vírgenes; para recibir, vivir y dar a Jesucristo.
Reciban a Jesucristo.
Vivan a Jesucristo.
Den a Jesucristo."
Acta 378
Revista María Hoy
Bogotá,
Domingo, Abril 12, 1987 - 08:52
