María Santísima, la Inmaculada Concepción y siempre Virgen, es templo vivo de la Santísima Trinidad, por su virginidad.
Más: Ella es el verdadero y real templo del que Es.
Buscar a Jesucristo fuera del templo habría sido un error grave de José y María. No lo habrían encontrado. Por tanto, todos sus esfuerzos habrían sido realmente infructuosos.
Quienes abandonan, en busca de Dios, el camino del templo verdadero, esto es, de María Santísima, la Inmaculada Concepción y siempre Virgen, tienen el riesgo de extraviarse y de no encontrarlo jamás.
Es inequívoca, ya se les ha dicho, la voluntad de Dios, revelada expresamente, en el Antiguo y en el Nuevo Testamento:
El Salvador sería dado, únicamente a través de una virgen y por su medio.
Esto es: el Templo del Salvador, para arribo al hombre, es la virgen. ¿Por qué?... Sin más explicaciones, porque es el querer de Dios.
Dios, ha establecido, como condición, para su arribo, la limpieza y libertad absoluta de todo lo que no es de Él. Esto es: la virginidad.
La virginidad le da genuinidad al templo.
Para que el templo sea de Dios debe ser virgen. Sin virginidad el templo no es de Dios; porque Dios no habita en él.
Por eso, Jesucristo, el Salvador resucitado, arrojó de él a los cambistas, mercaderes, traficantes, con la frase dura e inequívoca:
"Mi casa no es cueva de ladrones. Mi casa es casa de oración".
Esto es:
"Mi casa es lugar limpio y libre. O sea virgen".
"Mi casa es sitio o casa de encuentro entre Dios y el hombre. Y lo es, por la virginidad".
Vean por qué, María Santísima, la Inmaculada Concepción y siempre Virgen, es el verdadero templo del que Es, por su virginidad. Y, por qué, al mismo tiempo, quien busca a Dios, con limpio corazón, lo encuentra en Ella, infaliblemente.
Esto revela, en consecuencia, que María Santísima, la Inmaculada Concepción y siempre Virgen, es la real y clara Señal de Jesucristo.
Ella no es Dios; pero es señal de Dios; porque es el verdadero templo de Dios, por su virginidad.
En esta forma, además, Ella es, Modelo, para todas las creaturas.
Quien quiera albergar a Dios, tiene el secreto o clave para hacerlo:
Le basta ser virgen.
Quien quiera que, a imitación de Ella, sea virgen, es a la vez, templo real y verdadero de Dios. Por lo mismo, quien quiera que, a imitación de Ella, sea virgen, se convierte, como Ella, en padre o madre corporal de Jesucristo, por la presencia real del Espíritu de Dios.
Recuerden esto:
"Quien quiera que oiga la Palabra de Dios y la practique, ese se hace padre, madre o pariente de Jesucristo. Y Jesucristo es Dios".
Por tanto, no hay inexactitud en afirmar que se convierte en miembro vivo de la familia de Dios.
La virginidad es el secreto que vincula a Dios y, por lo mismo, que hace, al virgen, templo vivo de la Santísima Trinidad.
Para que la Iglesia verdadera sea realmente, la depositaria de la presencia del que Es, requiere ser copia fiel del verdadero templo, que es María Santísima, la Inmaculada Concepción y siempre Virgen.
No olvide: la realidad perfecta de la Iglesia es María, Y la Iglesia verdadera, en el ahora, en SU proceso de evolución hacia la perfección y santificación de María, la creatura perfecta, por su virginidad.
Por tanto, ser verdaderos miembros de la Iglesia verdadera, católica, apostólica, romana, es esforzarse, por contribuir a hacerla virgen, como el Modelo, Madre y Maestra, que es María Santísima, la Inmaculada Concepción y siempre Virgen.
María Santísima, la Inmaculada Concepción y siempre Virgen, es Madre, Maestra y Modelo de la Iglesia verdadera, católica, apostólica, romana.
Imitar a María, es perfeccionar la Iglesia verdadera, contribuyendo a su virginidad, para que ella sea, la verdadera presencia de Jesucristo, encarnado, por la virginidad, en ella. Y, de ese modo, pueda ser, en verdad, lo que debe ser, según el plan, criterio y voluntad de su Divino Fundador: una, santa, católica y perfecta.
Es vocación de cada fiel, jerarca, presbítero en general, religioso y seglar, por tanto, contribuir a la virginidad de la Iglesia verdadera, con la virginidad personal de cada uno, hasta convertirla, a la Iglesia, en una verdadera copia de María Santísima, la Inmaculada Concepción y siempre Virgen, porque cada uno y todos en conjunto sean vírgenes, realmente vírgenes.
He aquí la importancia de la misión escatológica de esta Orden trinitaria, nueva, novísima y novedosa de los esclavos de la Esclava de Dios:
"Hacer individuos vírgenes, para Virginizar la Iglesia verdadera, católica, apostólica, romana".
He aquí, también, por qué es importante el Seminario "María Señal de Jesucristo", como medio eficaz de Cristofinalización, por la virginidad de cada fiel.
Presten, pues, todos: jerarcas, presbíteros en general, religiosos y seglares, mucha y especial atención al Seminario "María Señal de Jesucristo" y a la Orden trinitaria de los Esclavos de la Esclava de Dios.
Ellos son una acción amorosa e insólita de Dios, en su afán paternal de individualizar la redención. Esto es: de salvar al hombre, a pesar de sus desvíos.
Que el Espíritu Santo haga claridad en medio de las sombras y dudas imperantes. Que, Él, guíe el corazón, la mente y voluntad de todos los cristianos: jerarcas, presbíteros en general, religiosos y seglares, para que vean y acepten estas gracias.
Que todos recuerden las afirmaciones de Jesús a Nicodemo:
"Quien no se hace como niño (esto es: virgen) no entiende estas cosas".
"Quien no nace de nuevo, por fuerza del Espíritu (esto es: quien no se hace virgen, despojándose de todo lo que no es de Dios) no entiende estas cosas".
Para entender y vivir lo de Dios hay que ser virgen.
Esto es: hay que ser como niños. Hay que nacer de nuevo por fuerza del Espíritu de Dios.
Ustedes sean vírgenes y tendrán a Dios. Y si tienen a Dios, ustedes verán la Gloria de Dios..."
Acta 363
Revista María Hoy
Bogotá,
Jueves, Febrero 19, 1987 - 06:29
