"Mi casa es lugar limpio y libre. O sea virgen"... Acta 363

Wednesday - Nov 09 2016

De nuestros sacerdotes - escuchar: 

"La virginidad le da genuinidad al templo.

Para que el templo sea de Dios debe ser virgen. Sin virginidad el templo no es de Dios; porque Dios no habita en él.

Por eso, Jesucristo, el Salvador resucitado, arrojó de él a los cambistas, mercaderes, traficantes, con la frase dura e inequívoca:

"Mi casa no es cueva de ladrones. Mi casa es casa de oración".

Esto es:

"Mi casa es lugar limpio y libre. O sea virgen".

"Mi casa es sitio o casa de encuentro entre Dios y el hombre. Y lo es, por la virginidad".

Vean por qué, María Santísima, la Inmaculada Concepción y siempre Virgen, es el verdadero templo del que Es, por su virginidad. Y, por qué, al mismo tiempo, quien busca a Dios, con limpio corazón, lo encuentra en Ella, infaliblemente.

Esto revela, en consecuencia, que María Santísima, la Inmaculada Concepción y siempre Virgen, es la real y clara Señal de Jesucristo.

Ella no es Dios; pero es señal de Dios; porque es el verdadero templo de Dios, por su virginidad.

En esta forma, además, Ella es, Modelo, para todas las creaturas.

Quien quiera albergar a Dios, tiene el secreto o  clave para hacerlo:

Le basta ser virgen.

Quien quiera que, a imitación de Ella, sea virgen, es a la vez, templo real y verdadero de Dios. Por lo mismo, quien quiera que, a imitación de Ella, sea virgen, se convierte, como Ella, en padre o madre corporal de Jesucristo, por la presencia real del Espíritu de Dios.

Recuerden esto:

"Quien quiera que oiga la Palabra de Dios y la practique, ese se hace padre, madre o pariente de Jesucristo. Y Jesucristo es Dios".

Por tanto, no hay inexactitud en afirmar que se convierte en miembro vivo de la familia de Dios.

La virginidad es el secreto que vincula a Dios y, por lo mismo, que hace, al virgen, templo vivo de la Santísima Trinidad.

Para que la Iglesia verdadera sea realmente, la depositaria de la presencia del que Es, requiere ser copia fiel del verdadero templo, que es María Santísima, la Inmaculada Concepción y siempre Virgen.

No olvide: la realidad perfecta de la Iglesia es María, Y la Iglesia verdadera, en el ahora, en su proceso de evolución hacia la perfección y santificación de María, la creatura perfecta, por su virginidad.

Por tanto, ser verdaderos miembros de la Iglesia verdadera, católica, apostólica, romana, es esforzarse, por contribuir a hacerla virgen, como el Modelo, Madre y Maestra, que es María Santísima, la Inmaculada Concepción y siempre Virgen.

María Santísima, la Inmaculada Concepción y siempre Virgen, es Madre, Maestra y Modelo de la Iglesia verdadera, católica, apostólica, romana.

Imitar a María, es perfeccionar la Iglesia verdadera, contribuyendo a su virginidad, para que ella sea, la verdadera presencia de Jesucristo, encarnado, por la virginidad, en ella. Y, de ese modo, pueda ser, en verdad, lo que debe ser, según el plan, criterio y voluntad de su Divino Fundador: una, santa, católica y perfecta..."

Acta 363

Revista María Hoy
Bogotá, 
Jueves, Febrero 19, 1987 - 06:29