"Marta, Marta, te preocupas y agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas cosas, o mejor, de una sola. María ha escogido la parte buena, que no le será quitada."

Martes - Oct 04 2016

De nuestros sacerdotes - escuchar: 

"No anden en tinieblas. Observen la luz esplendorosa del Señor. Mírenla, admírenla y acójanse a ella; déjense envolver por ella.

Si eso hacen ningún obstáculo por grande y poderoso que aparente ser, hará que tropiecen y que los haga caer.

Los obstáculos pueden estar en el mundo y aún dentro y fuera de la Iglesia. Pero no teman, vayan adelante y arriba con renovadas fuerzas y renovadas esperanzas. El Señor soy Yo. Y Yo les basto.

¡Créanme!

¡Créanme!

¡Créanme!

No cambien la primogenitura del Reino por lentejas. Ustedes son príncipes herederos de este Reino, por lo mismo caminen con el garbo y el talante de su estirpe. Sean dignos del Reino de los cielos, que es el Reino de Dios. Recuerden la frase de Juan de Austria que tantas veces se las he repetido:

"Nobleza obliga!

Ustedes son nobles. Pertenecen a la grande y única nobleza que vale la pena: la nobleza del Reino de los cielos, cuyo orígen está en la mente y en el corazón de Dios.

¿Por qué muchos de ustedes quieren cambiar como los escarabajos la nobleza de las flores por los desechos de los estiercoleros?

¡Piensen! ¡Mediten! ¡Reflexionen!

Recuerden lo que un día le dije a Marta, la hermana de Lázaro y María:

              "Marta, Marta, te preocupas y agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas cosas, o mejor, de una sola. María ha escogido la parte buena, que no le será quitada."

              (Marcos 38,41-42)

Respóndanme, ustedes los hijos de la Madre de Dios: frente a mi Palabra, ¿Cuál de las dos opciones es la elegida, vivida y practicada por ustedes: la de Marta, o la de María?

¡Piensen! ¡Mediten! ¡Reflexionen!

Sepan que, muchos que creen amarme y que hasta se sacrifican y se martirizan por mí, creyendo servirme en la mejor forma, como lo hacía Marta, están en riesgo de cambiarme a Mí, por sus caprichos e ilusiones personales que, a la postre, son su egoísmo que llega a transformarse en hueca idolatría farisaica. Por eso hay muchos "buenos cristianos" (entre comillas), que se señalan a ellos mismos, antes de señalarme a Mí, y por eso juzgan y condenan a los otros, porque no son como ellos: buenos, justos, serviciales. (Lucas 18, 9-14).

Ellos no me imitan, porque no me ven. Ven únicamente su servicio. Y ese es su dios que, al fondo, son ellos mismos. Es su egoismo superpuesto sobre el amor de Dios.

Este es el riesgo que corren los embarazados con el "quehacerismo", que he criticado en Actas anteriores. De ahí surgen muchos grandes caudillos que se creen y que se han creído salvadores; por lo que han impuesto la necesidad de ser honrados, alabados y seguidos.

Muchos otros, los menos, tomando la postura de María, me contemplan, me aman y me siguen a Mí, negándose a sí mismos para afirmarme a Mí, proclamándome con sus actitudes, su vida y su ejemplo, su Dios y su Señor. Su único Dios. Su único Señor.

Estos son mis preferidos. Con ellos hago posible que el Reino de Dios se extienda sobre el mundo con eficacia para la salvación del hombre.

¡Despierten! ¡Despierten! ¡Despierten!

¡Piensen! ¡Mediten! ¡Reflexionen!...

Muchos de ustedes, para no decir la mayoría, están instalados en el criterio de Marta. Por eso critican, murmuran y condenan. Por eso trabajan con desánimo e incoscientemente buscan el reconocimiento de sus capacidades, virtudes y servicios.

Sepan que quienes piensan y obran de ese modo están recibiendo por anticipado la honra y la paga reservada para el Reino de los Cielos.

El criterio de Marta es como la piedrecita que se arroja en un estanque de aguas claras y tranquilas en las que se refleja el cielo azul y los paisajes. La piedrecita destruye y borra la magia reflejada.

Por eso los "martianos" niegan, aunque ese no sea su propósito: el ahora y el poder de Jesucristo. Y, en una palabra, más clara y más contundente, niegan a Jesucristo, suplantando su omnipotencia, por los espejismos del falso poderío de sus ídolos: cultura, riqueza, bien común, desarrollo, etc. desvinculados de Jesús, pero enraizados en sus propios criterios e ideales.

En cambio los "marianos", o del bando de María la hermana de Marta, siempre escogen la mejor parte, a Jesucristo, el Señor. Y, por eso, tienen la certeza de que con Él lo pueden todo y, como consecuencia son siempre mayoría aplastante, aunque objetiva y aparentemente sean minorías numéricas. Todo porque Dios es el Absoluto, el Único, el Eterno, en Quien y por Quien todo es.

Otro descubrimiento  que hicieron fue la certeza de que Dios siempre le da respuesta contundente e inmediata a la fe de quien le cree, si eso es lo conveniente. Pero siempre responde, porque es fiel, en forma positiva o en forma negativa, según lo apropiado según el beneficio que convenga para la salvación de quien le pide o de aquel o aquellos, para quienes pide."

Acta 1.266

Revista María Hoy
Bogotá, D.C.
Lunes, Octubre 17, 2005 - 03:44