"¿Quién puede presidir, cambiar o limitar los planes de Dios, a su capricho, por mucha autoridad que tenga? ¿El soberbio? ¿El arrogante? ¿El prepotente? ¿El sabio al modo de los hombres?... Ninguno.
Los planes de Dios solo son de Él y, por lo mismo, solamente Él, a su capricho, puede modificarlos. Pero, Dios es fiel, y, por su fidelidad, cuando toma decisiones, esas se cumplen necesariamente. A eso obedecen el orden en todo lo creado; la armonía de sus leyes; la fidelidad en la relación de causa a efecto. Pero también, por su misma fidelidad, Él prevé circunstancias y causales de alteraciones o cambios en ciertos planes suyos que pueden ser alterados por su misericordia. Un caso de este ejemplo, es la redención del hombre: en justicia era irredimible por su precariedad; solamente Dios podría satisfacer a Dios, como lo hizo, en Jesucristo, por su misericordia.
Otros ejemplos son los milagros o signos sobrenaturales que, solamente por su misericordia y su poder han ocurrido y pueden ocurrir, para alterar las leyes naturales en beneficio de los hombres. Un ejemplo típico es el primer signo milagroso obtenido por la Santísima Virgen en las bodas de Caná de Galilea, el cual les revela, por el querer de Dios, el valor de la oración y el gran valor de la oración de la Santísima Virgen, quien, por el mismo querer de Dios, fue señalada como la omnipotencia anonadada y suplicante. Ella no pide nada en contra del querer de Dios; pero su oración es tan perfecta que, es Dios mismo, Quien puede suplicar desde Ella cuando Ella ora. Así su oración se torna suplica de Dios a Dios y por eso es eficaz. Dios sabe lo que pide y cómo y para qué lo pide. Al fondo la oración de la Santísima Virgen es la misma de Jesucristo -Dios- en Ella.
La oración de Jesucristo es eficaz. Sin ella no se habría dado la Redención. Él es el Amor encarnado y ese Amor es Dios. El Padre no podía negarle el pedimento redentor aun a costa de su anonadamiento y de su sacrificio incalculable. Cuando Jesucristo está en una persona, es Él quien ora desde ella. ¿No han oído que el Espíritu Santo ora con gemidos inexplicables en lo más secreto del hombre, cuando aquel admite su presencia? Eso sucede porque donde está Jesucristo, está el Espíritu Santo. Esa oración es respondida sin tardanza; porque donde están Jesucristo y el Espíritu Santo, allí también está el Padre, cuya voluntad es una misma con la voluntad del Hijo y con la del Espíritu Santo..."
Acta 637
Revista María Hoy
Bogotá, D.E.,
Lunes, January 21, 1991 - 03:01
