"-Hijos: Llénense de Dios. Para eso aséense. Sean Inmaculados, como la Inmaculadamente concebida y siempre Virgen, quien por eso, entre las creaturas, es Maestra y Modelo para ustedes. Sean vírgenes. La virginidad, que es “limpieza y libertad de todo lo que no es de Dios”, les da capacidad para recibir, vivir y dar a Jesucristo, el Salvador resucitado, verdadero Dios y hombre verdadero.
En el seguimiento de Dios y en su servicio sean irreprensibles, como deben ser en todo, si son míos.
No ambicionen honores a cambio de servicio. Quien obra a cambio de honores en Mi causa, no es digno de Mí, y en cada honor ambicionado que recibe, ya recibe también la recompensa que de no ser así, recibiría en el Reino de los Cielos.
Cuando hagan algo en Nombre Mío o como consecuencia de Mi Nombre, háganlo en secreto, como si nada hicieran y Mi Padre Celestial, quien lee en lo secreto, les dará la recompensa. Pero, si al servirme, o al hacerlo en Mi Nombre, buscan ser vistos y reconocidos, no son dignos de Mí y en cada admiración y recompensas recibidas, ahí han recibido la paga que de Mis manos no recibirán en la vida eterna.
Cada ofrenda que se hace a Dios con segundas intenciones, es como las obras de Caín: “agravio” para Dios y anatema para el oferente. Dios no necesita nada de ustedes. Por tanto, tenga cuidado en lo que hacen y como lo hacen.
Observen las diferencias entre las obras u ofrendas de Caín y las de Abel, entre las limosnas de los ricos escribas y fariseos y la modesta, pero humilde limosna de la viuda pobre.
Lo valioso ante Dios no es lo que dan, sino la intención y la actitud con que lo hacen.
Ayunar es bueno; pero cuando ayunen, no se ufanen y no hagan cosas externas para hacerse notar. El ayuno ostentoso es soberbia y por tanto, ofensa en lugar de adoración a Dios.
Muchos ayunan para ser admirados. Ustedes, si ayunan, no obren de ese modo; prefieran no hacerlo, a convertirse en réprobos. El ayuno vale a los ojos de Dios, porque es virginidad y si no es eso, no ayunen; porque en lugar de santificarse se hacen indignos. ¿Lo entienden?
Cada obra que hacen a Dios, o que la hacen al prójimo en Nombre de Dios, es como el ayuno: bendición, si es entrega humilde de la creatura a su creador, y maldición si es una pantomima para ser honrado. En este caso prefieran no obrar.
Cuando hagan obras para Dios, o en su Nombre, háganlo en silencio y con humildad. No hagan notar de los otros el esfuerzo que creen que les cuesta; no se causen y no causen amarguras; no hagan exigencias prevalidos de la autoridad que crean tener porque les cuesta dinero o sacrificio. Obrar de esa manera es malo; por eso, en lo que hacen, como lo hacen, está la recompensa. La consecuencia es la angustia que les causa y las mortificaciones que causan a los otros. Lo de Dios es sutil, como la brisa y deja, como ella, una agradable sensación de paz. Esa es una de las formas con las que Dios recompensa a quien le sirve en esta vida, como un anticipo de sus recompensas en el cielo.
Si ustedes al hacer para Dios, o en su Nombre, se convierten en tiranos y amargados, revisen sus propósitos y enmienden lo que deben enmendar. Lean, relean y mediten: Hechos de los Apóstoles 5, 1-5. Lo que importa es la Virginidad y no lo que hacen o dejan de hacer; lo que dan o dejan de dar. ¿Lo entienden?
Sean rectos en sus intenciones y humildes cuando dan o cuando hacen. Solo el humilde se anonada y se da en lo que da o en lo que hace. Eso le impide rumiar sus actos hasta dolerse por ellos y reclamar admiración y recompensas.
Dios no los manda a darle o a hacer para Él; porque, El, no necesita lo que dan o lo que hacen. Pero si alguien hace o da, para El, o en su nombre, Él se complace, como lo hace un padre, frente a los insignificantes regalos de sus hijos indigentes.
Lo que se da o se hace en virginidad es agradable a los ojos de Dios. Por tanto sean vírgenes, vivan y obren con virginidad y eso, será bendecido por Dios, Quien lee en lo secreto.
¿Entienden?
¿Lo entienden?"
Acta 992
Revista María Hoy
Santa fe de Bogotá, D.C.,
Diciembre 27 de 1994
Martes 3:22 A.M
