Lección
No 1.463
No se engañen. Mírense al espejo.
1. ¿Recuerdan la fábula del sapo y el buey? Hagan memoria de ella y encontrarán la ironía que se repite con sarcasmo. Cada vez que el hombre se hincha al tratar de compararse con Dios, se revienta igual que el sapo frente al buey.
2. Lean, relean y mediten El Magnificat. Al hacerlo, se asombrarán al descubrir el secreto que le permite al hombre alcanzar la dimensión. Por eso repitan:
"Divino Niño Jesús:
Te pido que crezcas en mí.
Amén."
3. En Jesucristo, descendiendo es como se crece, siguiendo el consejo de Juan Bautista. Lean, relean y mediten: Jn 3, 4-5.
4. Oren, oren, oren...
Oren siempre.
Sean oración.
5. Imiten a María Santísima, la Inmaculada Concepción y siempre Virgen, Nuestra Señora de la Nueva Alianza, Madre, Maestra y Modelo para ustedes.
SÍNTESIS
Para entender el plan que Dios tiene con ustedes, "bájense del caballo". Esto es, sean mansos y humildes de corazón.
Por hoy basta.
Bendiciones, bendiciones, bendiciones.

5:35 a.m.

Repitan:
Dios mío:
Limpia mi corazón
para que hoy día
haga tu Voluntad
y esté Contigo.
Amén.

Al margen del Acta:
No olviden hacer un alto, para examinarse a fondo, con humildad y con prudencia. Si tal hacen, descubrirán con sorpresa, cuánta necesidad tienen de ser humildes, para crecer con eficacia. Dios los quiere humildes; porque con la mansedumbre y la humildad "poseerán la tierra" y serán dueños del reino de los cielos. Lc 5, 3-4.
Tú, hijo mío, mi pequeño, pobre, terco y torpe, sé el primero en practicar estas enseñanzas, consciente de que la única forma de alumbrar es dejando que la luz de Dios les prenda fuego.... El Reino de Dios es exigente en la manera de conquistarlo. Por eso, nadie se engañe pensando que no está llamado a dejarse triturar por las molinos de Dios.
Anonádense, anonádense,
anonádense.
Tengan presentes los 2 primeros títulos de la Constitución Espiritual de ustedes: Mat 16, 24,
Jn 12, 24. Ambos exigen mucho, porque ofrecen mucho.
No olviden que hoy en la noche harán memoria del encuentro con la Vida, presente en Jesucristo, convertido en niño, Dios y hombre verdadero, para enseñarles con su ejemplo a ser humildes, como consecuencia de su Amor eterno. El lema correspondiente es radical y profundo; por eso prepárense, vaciándose de todo lo que no es de Dios, para que el Dios encarnado encuentre albergue en el corazón de ustedes, en su mente y en sus sentidos y en sus sentimientos. Él los necesita para salvarlos, llenándolos de Él; con ese propósito está golpeando en la puerta de sus almas. Ábranle su puerta e invítenlo a entrar..."

