La Luz soy Yo y ustedes mis semillas. Acta 1011

Lunes - Oct 10 2016

De nuestros sacerdotes - escuchar: 

Hijos de la Luz: Despierten.

La Luz está encendida.

Caminen en la Luz.

Aséense de prisa. Vístanse de prisa. Y vayan de prisa. La mies es mucha y los servidores son pocos.

Ustedes son llamados y muchos de ustedes escogidos para semillas de luz.

La Luz soy Yo y ustedes mis semillas.

A ustedes les digo:

Quiero sembrarlos en todos los surcos oscuros, sedientos y áridos del mundo.

Quiero que cada uno: Pastores, presbíteros, religiosos y seglares simples, sembrados por mí, se nieguen a ustedes en sí, tomen su cruz y sigan detrás de mí, para que haya cosechas con frutos abundantes.

Vean las señales. Todo les presagia las siembras de mi gracia. Estoy pasando, resucitado y vivo sobre le mundo. Y quiero, con sed viva, que mi sangre derramada por ustedes, para la salvación de todos, fructifique, con trigos nuevos, para cosechas nuevas y abundantes.

Quiero que mi Cuerpo, trigo nuevo, multiplicado para frutos nuevos, sea Semilla eficaz para la salvación de muchos. Ustedes háganlo eficaz, muriendo en mí, para resucitar fructificando en mí.

 

Háganse merecedores del misterio del Padre y de la Santísima Trinidad, que soy Yo, el Pan de Vida, que les da la vida nueva, a la Luz del Espíritu Santo.

No se detengan a mirarse a ustedes, como ustedes, narcisistamente. Ustedes, por ustedes y sin mí, no son nada. Pero conmigo y por mí, son santos y perfectos, como el Padre del cielo, porque Yo, en ustedes y por mí, los santifico y perfecciono. Por tanto, aséense; purifíquense; revístanse de gracia con los ojos fijos en mí, que soy el Pan de Vida, para la salvación de ustedes y del mundo.

¿Cómo están?

Yo sé como están. Sé como están todos y como está cada uno de ustedes. No obstante, es así como son y como están, como Yo los llamo y mando, para lo que Yo los llamo y mando, a cada uno por su nombre y con sus circunstancias propias.

Mi llamado les busca y les encuentra como al burro que sirvió para llevar mi cuerpo físico al Cenáculo.

Yo sabía que el burro era lo que era y que estaba amarrado y sin destino; pero fue así como lo elegí y lo ocupé.

Como ese burro, oigan mi llamada y déjense ocupar por mí. Es a ustedes, a quienes Yo los necesito, para cumplir y consumar mi obra sobre el mundo, en medio de los hombres.

No se detengan a mirarse. Déjense ocupar. Por tanto niéguense a ustedes en sí, tomen su cruz y síganme. ¿Cómo? Sencillamente así como son y como están.

Si tienen pies, caminen. Si están cojos, cojeen, pero síganme.

Si no tienen pies, arrástrense, pero sigan, adelante y arriba, en pos de mí, como los escaladores de montañas.

Yo sé que son pecadores. Pero es así pecadores, como los he escogido y los llamo para encender la Luz, siendo ustedes, en ustedes y por mí, luz y sal del mundo.

Por tanto, niéguense a ustedes, como ustedes, sin detenerse a mirar la condición que tienen; pues son pecadores e indignos; son malos e inconstantes; pero es así, sabiendo lo que son, como Yo los he elegido y como Yo los mando, para ser pescadores de hombres y peregrinos sembradores de luz, de paz, de amor y de alegría.

Lleven mi Luz; lleven mi paz; lleven mi alegría. Esto es: llévenme a Mí; pero, para eso, aséense al máximo; revístanse de gracia; sean vírgenes. Báñense en las piscinas de la gracia. Todos, porque todos son pecadores. No hay uno que no lo sea; pero es por esa condición que me tienen a Mí, su Salvador y Buen Pastor, que los busca y los llama a su rebaño oportuna e inoportunamente. Ahora y siempre.

Para lograr la conversión y salvación de ustedes, soy Yo, el que soy, el Pan de Vida, la Hostia Viva, servida en prenda de la nueva Alianza.

Para hacer posible este misterio, fruto del Amor y de la gracia de Dios, elijo y sazono hostias de propiciación: los nuevos mártires de cada época y de cada historia.

Ahí tienen una, a la vista de todos, levantada en las manos del Padre, como mi nuevo signo. Den gracias a Dios por este signo, que es pan de vida, desprendido del Pan de vida, que soy Yo, y sazonado en mí, para la salvación de muchos.

Las Comunidades, fruto de la Espiritualidad Trinitaria, Cristocéntrica y mariana, de los hijos de la Madre de Dios, son semilleros de santos y de mártires. Den gracias a Dios; por este nuevo, novísimo y novedoso gesto de su amor y su misericordia. Dios, vencido por el amor y por las lágrimas de María Santísima, la Inmaculada Concepción y siempre Virgen, Nuestra Señora de la Alianza, Madre, Maestra y Modelo para ustedes, no deja de inventar nuevas estrategias de salvación en bien de ustedes, los pobres desterrados hijos de Eva.

Déjense salvar oyendo mi voz y siguiendo en pos de mí.

Hoy es día grande. No cierren sus oídos a la gracia.

María Santísima, mi Señal, les señala el Camino de salvación, que soy Yo, el Único.

Escúchenla y sigan sus consejos: "Hagan lo que Él - que soy Yo - les dice y manda".

Arrepiéntanse. Báñense en las piscinas de la gracia. Sean vírgenes. Y síganme.

Y, en esto, el que tenga oídos que oiga. Todos: Pastores, presbíteros, religiosos y seglares en general.

No se queden en la desesperanza y en la desesperación como Judas. Hagan como Pedro: arrepiéntanse y vengan en pos de mí, con renovadas esperanzas, para mi nueva Alianza.

Gánense la tierra Prometida que soy Yo, con el sólo secreto de escuchar mi voz y de seguirme.

No vine a condenarlos. Vine para ser el Salvador de ustedes. Déjense salvar. Sean humildes, Mírenme a mí, no se miren a ustedes. Yo soy el Salvador de ustedes pobres pecadores.

Los quiero salvar, no porque son santos, perfectos y vírgenes; sino, al contrario, porque son pecadores.

La hostia, que hoy tienen aquí, sumada a la Única y Verdadera Hostia de salvación, que soy Yo, el Pan de Vida, para la Vida eterna, clama desde mí. Escuchen su voz, unida a la voz de la Inmaculada Concepción y siempre Virgen, llamándolos al arrepentimiento y a la conversión.

 

Arrepiéntanse.

Conviértanse.

Pero no teman: yo he vencido al mundo, al demonio y a la carne. Esto es: Yo he vencido a la muerte para la salvación de ustedes. Acta 1011