"Hijos de la Luz, del Amor, de la Esperanza y de la Alegría:
Hay muchas contradicciones de principios en el mundo que pretenden desvirtuar los principios esenciales programados por Dios para bien y salvación del mundo.
El orgullo, la arrogancia y la insensatez del hombre llega a encararse con los 10 mandamientos de la Ley de Dios y, consecuentemente con el mismo Dios, a quien, como Luzbel, pretende destronar negándole toda autoridad y, aun el derecho de existir.
¿Habrá una mayor insensatez? Y, sin embargo existe, desconociendo el Señorío absoluto y eterno de Dios y su autoridad absoluta.
La autoridad y el Señorío absolutos de Dios, establecen el orden que permite el equilibrio de todo y entre todo lo creado por EL.
La autoridad es un don, fruto del Amor. Dios es Amor. Y de esa realidad proviene su autoridad, la cual es amor, no tiranía.
El maligno, el enemigo de Dios, es odio. Por eso, no tiene autoridad, la cual usurpa ingenuamente de la autoridad de Dios, a la cual no iguala; pero calca en caricaturas ridículas que trata de imponer, no de vivir; porque en Dios todo es vida.
La presunta autoridad que proviene del diablo es tiranía y como tal requiere absurdas y nocivas fuerzas de represión que anulan la dignidad del hombre. En eso se sustenta el poder de todos los tiranos de la tierra.
Si se les restan las fuerzas de represión a todos los tiranos, ellos desaparecen dominados por sus propios desatinos.
Entre las fuerzas que sostienen a cualquier tirano siempre se encuentran: El espionaje, el despotismo, las delaciones, la arbitrariedad y la ausencia de amor; por eso los tiranos suprimen los derechos fundamentales y naturales de sus gobernados, y anulan aquellos que los garantizan por la injusticia, las prisiones y los asesinatos.
Este comportamiento está en armonía con los planes del maligno. Por eso los tiranos proliferan donde se niega a Dios.
El malo, el enemigo de Dios es el jerarca de cualquier tirano.
Ustedes, Hijos de La Madre de Dios, están pensados y creados por Dios, para anular las tiranías amando e imponiendo el Amor de Dios con el amor de ustedes. No con la guerra, pero sí con el amor, conscientes de que el amor es la única fuerza que produce la libertad y el bien común.
Ustedes amen con el amor de Dios y hoy o mañana; más tarde o más temprano lograrán que Dios se manifieste, para bien del ser humano sin imposiciones, ni atropellos.
La lucha eficaz contra el maligno y sus secuaces la gana el amor, cambiando el corazón y el modo de pensar. Esto es: Con la conversión.
Piensen, mediten, reflexionen."
Revista María Hoy
Bogotá, D.C.
Miércoles, Noviembre 2, 2005 - 02:33
