"La austeridad, fronteriza de la conversión, es indispensable para el cambio." Acta 1068

Jueves - Jul 07 2016

De nuestros sacerdotes - escuchar: 

Hijos de la Luz:

Vivan y obren como hijos de la Luz.

"Lo que reciben gratis, denlo gratis".

Que la gratuidad sea uno de los signos que los identifique. Que ella forme parte del Estilo nuevo que ustedes están llamados a vivir y practicar. Ese Estilo es el de Jesucristo que, María Santísima, vive y practica con fidelidad.

Ustedes, hijos, discípulos y copias de Ella, asimilen ese Estilo, vívanlo y practíquenlo con fidelidad.

Una de las grietas, convertida en catástrofe, que hay en el mundo, es la voracidad económica, fruto del ansia de tener que, con el poder y el placer, son tres de los grandes azotes del hombre y de la humanidad.

¿No se dan cuenta que la voracidad económica, es, cada vez más irrefrenable y que se multiplica creciendo y avanzando con velocidades alarmantes?

¿Qué presupuesto satisface hoy las necesidades de un país?

¿Qué presupuesto satisface hoy las necesidades de una familia o de un hombre individualmente considerado?

¿Con qué cantidad se satisface el hombre?

El narcotráfico, el secuestro, la especulación, el agiotismo y, en general, las diferentes formas de enriquecimiento, al precio que sea, ¿No son muestras palpables de este mal?

El virus en el que viven está cargado con el virus concupiscente de la voracidad económica, cuyas apetencias son irrefrenables.

"Tener", es un señal de poderío y, a la vez, una fuente de satisfacción del placer.

Y, como esos tres azotes de la humanidad: "placer, tener, poder", son incontrolables cuando se desbordan, nada los satisface y, por eso, ejercen una tiranía monstruosa sobre los sentidos y los sentimientos.

Vean por qué, aunque hay tanta riqueza en el mundo, capaz de satisfacer todas las necesidades actuales durante muchos años, sin necesidad de conseguir otras nuevas, también hay, al mismo tiempo, muchísima miseria con capacidad de aniquilar la población.

El virus de la concupiscencia del tener, del placer y del poder, produce toda clase de males; vician la voluntad, embota los sentidos y enturbia la inteligencia. Por eso, quien está afectado por este virus no para en su voracidad. Cada vez quiere más, no se sacia con nada. El narcotráfico, la guerrilla, el comercio, la banca, los particulares, en fin, casi todo el mundo, siempre quieren más; se obsesionan de temores sobre los problemas del presente y las incertidumbres del futuro. Y eso genera las tragedias que azotan al presente.

¿Qué delito no ha sido generado por este virus? ¿Qué tragedia no ha sido causada por uno de los tres, o por los tres unidos?

Piensen, reflexionen y mediten sobre ésto, y hallarán la raíz de muchos males y el medio sencillo y eficaz de solución. Pero esa solución requiere audacia. La audacia inmedible de la humildad, para un examen detenido de conciencia; un arrepentimiento profundo; una renuncia profunda de las culpas que, en esencia es la confesión y un firme propósito de enmienda, para la conversión o liberación del mal.

La austeridad, fronteriza de la conversión, es indispensable para el cambio.

A mayor afán de lucro, menor felicidad. A mayor austeridad, mayor felicidad. Estas son las dos alternativas que convocan al hombre. La primera es, naturalmente, la más apetecida; pero no es la mejor. La segunda, aunque a veces es muy dolorosa, no obstante, es la aconsejable. Fue la que les enseñó Jesús con su vida y con su ejemplo. La que vivió y practicó María Santísima.

Hijos de la Madre de Dios: Sean prudentes, con la prudencia de Dios. Empiecen a vivir y practicar el nuevo Estilo, que es el eterno, eficaz y único...de Jesucristo, asimilado, vivido y practicado por María Santísima, la Inmaculada Concepción y siempre Virgen, Nuestra Señora de la Alianza, Madre, Maestra y Modelo para ustedes, a quien deben imitar, si quieren acertar en lo del Reino.

Por lo tanto, sean prudentes, sean humildes, anonádense. Empiecen por pedirle a Jesucristo, y, en su Nombre, al Padre que les dé el don de ser austeros, humildes, santos y en consecuencia, vírgenes, o sea "limpios y libres de todo lo que no es de Dios".

Ustedes no vivan el espíritu de Mercantilidad, que los hace concupiscentes. Vivan el espíritu de gratuidad, que les permite ser vírgenes en todas sus acciones."

Acta 1068