"Esfuércense por entrar por la puerta angosta, porque Yo les digo que muchos tratarán de entrar y no lo lograrán".

Wednesday - Oct 29 2014

 

 

 

 

"La virginidad es el arte de aprender a disponerse para agradar a Dios, el cual les exige ser pequeños. Lo pequeño se filtra por los resquicios con facilidad. El microbio cabe en cualquier parte. El virus, que es más pequeño, con mucha más razón. En la puerta del cielo, que es estrecha, no pasan los soberbios, que son monumentales, por ser grandes, demasiado grandes para caber en ella.

Por tanto:

"Esfuércense por entrar por la puerta angosta, porque Yo les digo que muchos tratarán de entrar y no lo lograrán".

(Lucas 14, 24).

En la virginidad no caben las alforjas hinchadas y repletas del "yo".

En ella no caben:

la soberbia,

el orgullo,

la prepotencia,

la mentira,

la ira,

el odio,

la venganza,

la difamación,

la injusticia,

la murmuración,

el desamor.

Porque, ella, la virginidad, es el espacio que requiere el amor, para encarnarse y, consecuencialmente, para hacer el bien.

Y, ¿qué es el amor?  Es, más que un "qué" un "quién". El amor es Dios. "Dios es amor".

¿Lo recuerdan?...

...

"Sean vírgenes" es mi gran reto para ustedes y es la vocación que los lleva a ser santos, al permitirles, "por la limpieza y libertad de todo lo que no es mío", tener capacidad para albergarme, a Mí, que Soy el Santo de los santos y, como tal, el único que los santifica y perfecciona permitiéndoles encarnar mi mandamiento nuevo, revelado en Mateo 5,48:

"... Sean perfectos como es perfecto su Padre que está en el Cielo".

Ustedes no me eligieron. Yo los elegí y les he encomendado una misión:

Sean mis testigos.

Como tales, proclamen la buena nueva: mi pasión, mi muerte, mi resurrección, mi vida actual, que es eterna, de todo lo cual ustedes son testigos.

El testimonio es una experiencia de vida, y ustedes la tienen.

No la guarden en ustedes, porque serían malos siervos; proclámenla con la elocuente entrega de sus vidas. Es viviendo y practicando, como se proclama el Evangelio, que es la buena noticia o buena nueva.

El testigo eficaz no se entretiene en pequeñeces, señala el monumento vivo de la verdad que él conoce. Y, eso lo hace, cueste lo que cueste.

Si ustedes son míos, obren de este modo. Para esto los he elegido. Para esto, pensé, revelé y conformé esta Espiritualidad trinitaria, nueva, novísima y novedosa de los Hijos de la Hija de Dios, llamada a ser, por mi querer y por mi gracia, uno de los pilares grandes y firmes de mi Iglesia, levantada para sostenerla en contra de las grandes y terribles marejadas que se acercan.

Háganse merecedores del honor. Para eso, sean vírgenes. La virginidad es la condición que les exijo, antes de hacer Yo lo que quiero y puedo, en favor de ustedes. Todo, porque ella lleva implícita la entrega de la libertad y voluntad de ustedes. Requisito sin los cuales no obro, no por ineficacia e impotencia, sino por respeto a la dignidad de ustedes.

Oren mucho.

Acta 951

Revista María Hoy
Santa Fe de Bogotá D.C.
Martes, Julio 18, 1995 - 01:46