'Ellos supieron que las zorras tienen madrigueras; pero que el Hijo del hombre no tiene donde reclinar su cabeza. Fue una prueba cierta y dura; pero necesaria para seguir con fidelidad en mi camino." Acta 818

Domingo - Jun 26 2016

De nuestros sacerdotes - escuchar: 

"Cuídense de la vida fácil que amodorra los sentidos y extravía los afectos. Cuídense de la malicia que afemina y narcotiza a los valientes, cambiando la frugalidad por la opulencia. Los soldados opulentos se vuelven mercenarios. Y las mujeres afectadas por el ocio y por el lujo, se dejan seducir por el demonio de las cosas fáciles que enferman y degeneran la prudencia. Son más fáciles las cortes y la vida cortesana que los cuarteles y los hogares pobres donde hay que vencerse en el servicio y en las pruebas. Allí no está Dios o, al menos, él, no es el primero y el Señor. Allí están Herodes, las mujeres de Herodes; el César y las cortesanas del César; pero no María, José y el niño Dios, con la frugalidad de sus costumbres y la inocente candidez de sus afectos. No se dejen tentar. El malo, como las serpientes, se enrosca y se camufla, entre los oropeles. Así le es más fácil herir. Oren mucho; para no caer en las tentaciones. Oren y vigilen. Sean prudentes y humildes. Sean vírgenes.

Tú, hijo mío, quédate en el desierto. Es mejor el desierto con Dios, que los halagos de las cortes y de la vida artesana, sin Dios.

Dios es todo. Lo demás es oropel, es espejismo, es nada. Y, ¿de qué vale ganarlo y tenerlo todo sí se pierde el alma?. Despierten. No se dejen engañar. El malo, mi enemigo, es astuto y no pierde ocasión para obrar en contra mía con prejuicio de ustedes. Sean prudentes. Sean vírgenes.

Di al Abad de Marilandia que no le he elegido príncipe, sino abad. El príncipe es un cortesano para la vida muelle. El abad es un monje, para la vida cenobítica. Esto es para aquella que construyen los monjes con su sudor y con sus lágrimas. Los cenobios generalmente están en el desierto y en los lugares agrestes, escarpados, a donde solamente llegan los valientes que tienen la audacia del esfuerzo. En el tiempo de mi paso por la tierra, como ahora, mis verdaderos seguidores no se dejan deslumbrar por los halagos de una vida regalada, como los insectos, por las seudo fascinaciones de las llamadas alucinantes de los bienes terrenales y de las comodidades del mundo. Ellos prefirieron y prefieren la Cruz y el sacrificio; porque estas realidades los identifican conmigo y los hacen de mi estirpe. Yo no prometo ilusión, espejismos a mis seguidores; sino el durísimo galardón de la cruz, detrás del cual se encuentra la inestimable grandeza de la vida eterna. Y a nadie engaño pretendiendo masas crecidas de gentes que me sigan por el pan y por el circo. Hablo claro. Señalo la cruz sin camuflajes, para que tenga decisión de ir en pos de mí (mateo 16,24). Así se lo mostré a mis apóstoles y a mis discípulos. Y probaron el agrio razón de su martirio. Ellos supieron que las zorras tienen madrigueras; pero que el Hijo del hombre no tiene donde reclinar su cabeza. Fue una prueba cierta y dura; pero necesaria para seguir con fidelidad en mi camino. El Bautista y Pablo dieron sus cabezas por mí y el resto de los míos, los más cercanos, conocieron el peso y el sabor de la cruz, hasta la muerte. Y, ¿acaso, Yo, el Maestro y el Señor, humanamente tuve un destino mejor?. Y recuerden: aun a mí, el malo, mi enemigo, se atrevió a tentarme con las malicies de la tierra. Abran, pues, los ojos y no dejen que las tentaciones los seduzcan.

Vean con que facilidad cayó en las tentaciones el hijo de la perdición alucinado por las fascinaciones de las cosas pasajeras y, en cambio, como en la cruz, Dimas, el malhechor, se halló conmigo y se ganó la vida eterna.

Al abad lo amo. Que se deje amar y que lo goce. Di también a mi Rusa, que no se deje deslumbrar por las fascinaciones de la vida alucinante. Eso pasa y es un cauce que no llega a mí. En cambio, sus halagos van mirando el alma y amodorrando los sentidos hasta desvirtuar los sentimientos.

Los quiero pobres de Dios. Esto es, vírgenes. Recuerden el pasaje del joven rico del Evangelio (mateo 18, 18-23).

Léanlo, reléanlo y medítenlo.

Recuerden que la virginidad es el carisma de este Espiritualidad. Y que el amor es su carisma.

Recuerden que el amor se entrega y por lo mismo donación de sí (1 Cor. 13)

Esta Espiritualidad no es fácil.

Quien no es capaz de entenderlo; no es capaz de seguirme. Oren mucho. Oren y vigilen para que no caigan en las tentaciones."

Acta 818 

Revista María Hoy
Santa Fe de Bogotá, D.C. ,
Jueves, Septiembre 2, 1993 - 00:00