De nuestros sacerdotes - escuchar:
"...No podrán ser vírgenes sin ser señores de ustedes.
Pero el señorío no consiste en afirmarlo con palabras solamente. Hay que vivirlo y vivir es un proceso constante, creciente y permanente de muerte y de resurrección.
Hay que estar muriendo a cada instante, para poder resucitar a cada instante.
Para, de ese modo, tener a Dios a cada instante, único que salva y resucita. Esto es: único que da felicidad, vida, paz y libertad.
No vayan a confundir, eso sí, el hecho de morir con actos de suicidio. El suicidio es inmoralidad y cobardía, porque es un medio de escapar al heroísmo de la lucha rompiendo con orgullo, con arrogancia y con soberbia el plan de Dios y la armonía de Dios puesta en todo lo creado.
Ustedes, los de mi Orden, si tienen tales impulsos, deséchenlos, orando.
Morir, al estilo de María Santísima, la Inmaculada Concepción y siempre virgen, es despojarse, por limpieza moral, de todo lo contrario a Dios y al plan, querer y voluntad de Dios?
Por eso el virgen no se entraba con nada, con nada se encadena y, por eso también, como señor de él mismo, tiene alas y libertad suficientes para volar elevándose hacia Dios.
En esa forma, el virgen es señor de sí mismo, señor de todo lo creado y elegido a poseer el Reino de los Cielos.
No crean que tener cosas: riquezas materiales, para ostentar y dominar, no para servir, es libertad. Esclavitud es. Total esclavitud. El que tal cree, esclavo es de sus riquezas. Ellas y para él, son el Señor y más aún, son el tirano.
Las riquezas materiales son de infinidad de categorías y de clases. Van desde la tenencia de capitales físicos, hasta la tenencia de capitales, culturales, sicológicos y aún aparentemente morales y de tipo espiritual.
Aún las aparentes virtudes acumuladas con soberbia y avaricia son esclavizantes y contrarias al plan, criterio y voluntad de Dios.
Esto es: contrarias a Dios.
Ya les he dicho alguna vez que, hasta orar sin Dios es malo; porque es modo de rendirle culto a los propios criterios y caprichos.
La oración tiene sentido cuando es diálogo con Dios y no un monólogo absurdo con los propios caprichos del orante.
La avaricia en la oración puede ser una manía peligrosa, esclavizante y asesina.
La oración sin Dios mata la fe y hace posible que prolifere el mal en el orante sin Dios, como crece, ahogándolo, la cizaña en medio del trigo.
Revisen ustedes, todo esto en ustedes, los de esta nueva, novísima y novedosa orden, en el arte misterio de ser cristiano.
No se engañen y no engañen. Más aún: no se dejen engañar con absurdos y apariencias.
El malo, en el mundo, es como quien pesca con anzuelo.
Usa carnadas de mentira que aparentan bondad.
Abran todos sus sentidos al Espíritu de Dios. Déjense alumbrar, dirigir, guiar por Él. Vean, con su luz, las artimañas del Maligno y no se dejen engañar y sorprender.
Cuando oyen que "la voz del pueblo es voz de Dios no crean".
No crean que las masas, porque son abundantes, tienen la verdad.
La masa es ciega. El pueblo es masa y, por eso, el pueblo como tal es ciego.
El pueblo es arrastrado, casi siempre, por absurdos y espejismos. No va de mala fe a sus fracasos; va por error y va engañado.
No se dejen, pues, guiar por las apariencias, que son sofismas y mentiras. Aprendan a ser señores de ustedes. No crean que son señores de ellos, quienes solo se esfuerzan en acumular insensatamente para tiranizar y poseer.
No crean que los ricos, poderosos, dirigentes, sabios, prudentes y señores, al modo de los hombres, son los mejores, los más sabios, más poderosos, más libres, más felices. Ellos, en ellos, son los menos fuertes; los más esclavos; los menos libres, menos felices, menos ricos.
La verdadera riqueza, el verdadero poder, el señorío, no es eso.
- La verdadera riqueza, el verdadero poder, el señorío verdadero son la libertad, interior y exteriormente, en quien la vive; es la paz interior fruto de la verdad y la justicia vividas y ejercidas; es la capacidad de servir sin condiciones; es la humildad y la prudencia según Dios cuya raíz esencial es el amor.
No se dejen deslumbrar por los arquetipos terrenales de grandeza, de poder y de riquezas. Ustedes sean libres. Ustedes sean limpios. Ustedes, en síntesis, sean vírgenes y llegaran a ser señores de ustedes y solo así, llegaran a poseer la tierra y a ser señores en el Reino de los Cielos.
Oren, oren, oren... Oren siempre. Sean oración. Imiten a María Santísima, la Inmaculada Concepción y siempre Virgen."
Acta 286
