De nuestros sacerdotes - escuchar:
Lección
No. 678
Mengüen, humíllense, anonádense
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No pretendan hacerse honrar cuando predique a Dios. Eso de nada servirá. Lean, relean y mediten Mateo 7, 21-27.
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Ustedes mengüen para que Yo crezca. Ese "menguar" no es apocamiento; sino entrega absoluta a Dios. Esa entrega absoluta es virginidad, pureza o limpieza y libertad de todo lo que no es de Dios.
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La virginidad es la capacidad para recibir, vivir y dar a Jesucristo, el Salvador resucitado, verdadero Dios y hombre verdadero.
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Si no menguan se dan a ustedes y no dan a Dios; terminan endiosándose y se vuelven ídolos.
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Todo ídolo es enemigo de Dios; porque se cree dios y, como tal, igual que Dios a quien sustituye en su soberbia. Esa fue y es la actitud del diablo, el enemigo de Dios.
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El humilde se complace en Dios y se deleita en El, dejándose absorber por El a Quien admira, adora y glorifica.
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La actitud del humilde se hace vida y por eso es fecunda.
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El fruto del humilde es Dios; porque Dios es su vida y porque cada quien da de lo que tiene. "Bendito el fruto de tu vientre, Jesús", es la alabanza de Isabel a la Virgen, la humilde, que es repetida por todas las generaciones.
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¿Ustedes quieren dar a Dios, como la Virgen? Recíbanlo y, para recibirlo, sean vírgenes.
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La austeridad en todo es una forma de virginidad. Sean austeros en la palabra, como en todo. Eso los hará aptos para el seguimiento de Jesús.
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Oren, oren, oren...
Oren siempre.
Sean oración.
12. Imiten a María Santísima, la Inmaculada Concepción y siempre Virgen, Madre, Maestra y Modelo para ustedes.
