"Sean benditos, hoy y siempre-----. La bendición sea señal de mi presencia entre ustedes. Por ella sean ustedes bendición, cada uno de ustedes en sí, unos para otros y todos para todos.
Mi paz les doy; mi paz les dejo; porque Yo estoy aquí y porque la paz es bendición. Donde Yo estoy, la paz es mi señal; porque ella es mi señal, ya que es mi bendición o aliento. Cuando Yo respiro, mi aliento es bendición. Donde Yo respiro, mi bendición es paz. Por eso donde Yo no estoy no hay paz.
¿Quieren la paz?
Llénense de Dios.
Si Dios está hay paz.
Si Dios no está, no hay paz.
Nadie se engañe creyendo que sin Dios o donde Dios no está hay paz. ¿Cómo querrían sacar luz de las tinieblas? ¿Acaso brota el agua del duro pedernal o el trigo de la tierra pedregosa sin sembrarlo y como por generación espontanea?
Viven en un tiempo en que se creen sabios y técnicos. Su aparente realidad los llena de soberbia y con soberbia se auto valoran sabios y prudentes. Esa prudencia les impide creer en cosas que no provengan de sus resultados. Por eso se resisten a creer en Dios y en lo de Dios; porque ni Dios, ni lo de Él provienen ni de la sabiduría, ni de la prudencia de ustedes. ¿Cómo, entonces, pueden esperar la paz? ¿No creen los sabios y prudentes, con la sabiduría y prudencia de los hombres, que sin sospecharlo, esperan el más raro de todos los milagros? ¿Cuándo han visto a lo largo de la historia que la paz haya brotado en esa forma? ¿De qué paz sin Dios les habla la experiencia? En el orden físico, la vida desaparece donde no hay oxigeno. A menor oxigeno, menor vida. Oxigeno y biología son correlativos. De esto les habla la experiencia de ustedes persistente y constantemente. ¿Por qué, en el orden del espíritu, se pueden dar resultados de modo diferente? ¿Cómo pueden esperar que la paz, que es consecuencia del aliento o Espíritu de Dios, se pueda dar sin Dios? ¡Qué ilusos son los sabios y prudentes al modo de los hombres! ¡Cómo sueñan milagros, sin buscar – con prudencia – la fuente de todos los milagros!
Si quieren la paz, llénense de Dios y, en esto, el que tenga oídos que oiga.
Para llenarse de Dios hay un solo secreto:
¡Sean vírgenes!
Esto es: ¡conviértanse!
¡Sean humildes!
¡Anonádense!
Todos, todos, todos…: pastores, presbíteros, religiosos y seglares, dobleguen sus espíritus; humíllense, conviértanse, sean vírgenes. Si quieren la paz, llénese de Dios; pero recuerden que Dios no cabe en la impureza. Y que es impureza todo aquello, por bueno que parezca, que no provenga de Dios.
El orgullo, la soberbia, la prepotencia…
No son de Dios.
El pecado, la vanidad, el despotismo…
No son de Dios.
La ira, la intolerancia, la injusticia…
No son de Dios.
La mentira, la incontinencia, el desamor…
No son de Dios.
Y ¿piensen acaso que todas estas realidades y muchas, muchísimas otras no enumero, son patrimonio común de todos y de cada uno de ustedes hoy en día? Y, en esto, el que tenga oídos que oiga. Por eso, despierten, bájense de la nube de los diagnósticos y de las recomendaciones doctorales. Métanse en el terreno del auto-análisis, para la auto conversión, si de veras quieren que haya cambios, uno de cuyos frutos, muy caro y muy valioso, es la paz.
La conversión es virginidad, pureza o limpieza y libertad de todo lo que no es de Dios.
¡Sean vírgenes!
No ridiculicen ni desprecien este término. Háganlo propio de ustedes, los que quieran ser míos de verdad. Y, en esto, el que tenga oídos que oiga.
¡Cuánto tiempo malgastan soñando sueños imposibles!
Grandes asambleas son como deliberaciones infantiles y por eso sus resultados no pasan de ser como castillos de mentira. Y, en esto, el que tenga oídos que oiga. Hablo para todos. Créanme: hay mucha mentira y ustedes lo saben. De tanto decirla, vivirla y hacerla, han terminado poniéndole trajes de verdad y pensando que es verdad. Pero están equivocados. La mentira siempre será mentira, como la verdad siempre será verdad. Cada una es fruto de una causa diferente e irreconciliable con la otra. El padre de la mentira es el diablo. El de la verdad es Dios. Y, entre Dios y el diablo, no hay nada en común, ni posibilidades: Dios es vida; Dios es verdad; Dios es amor y, en consecuencia, es: paz, justicia y libertad. El diablo es lo contrario y sus efectos son contrarios, igualmente. Por eso no busquen lo de Dios, donde Él, no está; porque nadie da lo que tiene y nada se da, saliendo de la nada por generación espontanea.
Esto lo saben y hasta saben demostrarlo y aun aconsejarlo; pero no lo viven; porque la soberbia no los deja ser humildes.
¡Anonádense! Todos, todos, todos… y, en esto, el que tenga oídos que oiga.
Borren de ustedes, de cada uno en sí, el pecado de la impureza, que no los deja ser vírgenes o “limpios y libres de todo lo que no es de Dios”.
¡Conviértanse!
No sueñen; vivan.
Sé que tienen técnicas, que les dan conceptos; pero les falta vida. ¡Vivan! Quien vive fructifica. Den frutos; pero frutos buenos y abundantes. Para eso llénense de Dios. Y no tendrán a Dios hasta que ustedes, cada uno en sí, no sean limpios o vírgenes. Teorizar es fácil; vivir es imposible. Los doctores de la Ley, eran maestros de ella, en Israel; pero no la vivían; por eso, cuando pasé visiblemente en medio de ellos, no me reconocieron y me mandaron a la muerte. Ellos pretendían demostrarme; pero no me mostraban; por eso no me señalaron; porque teniendo teorías, no tenían a Dios. A Dios lo tienen los humildes que se humillan. Y, en esto, el que tenga oídos que oigan.
Yo estoy aquí y quiero salvarlos.
¡Déjense salvar!
Recuerden mis palabras:
“Estoy a la puerta y llamo, si alguno oye mi palabra y me abre, entrare y cenare con él”.
“Sean perfectos como el Padre que tienen en los cielos”.
“Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, no da frutos; pero si cae en tierra y muere da frutos y frutos abundantes”
“El que quiera seguirme, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame”.
“El que me ama escucha mi Palabra y la práctica”.
“En esto conocerán que son mis discípulos: en que se amen los unos a los otros”.
“Sean luz y sal del mundo”.
Quiero que haya paz, en ustedes y entre ustedes; pero no lo olvides: sin mi nada pueden hacer. No tendrán paz sin mí. ¡Entiéndanlo! ¡Recuérdenlo! Por eso, sean humildes. ¡Anonádense!
No se harten de tantas cosas aunque crean que son buenas. Tengan el buen cuidado de llenarse de lo esencial, lo único esencial soy Yo; porque Yo Soy el Esencial, la Causa de las Causas y la Esencia de todas las esencias. Yo soy el que Soy y Yo les basto. Todo lo demás es “vanidad de vanidades y solo vanidad”.
