Es el estilo, que da identidad. El de Cristo, quien Es el que Es, porque es Dios. Si el cristiano, es cristiano, es porque es como Cristo. De lo contrario no es cristiano. Puede ser un falso cristiano o pseudo cristiano; pero no es cristiano, porque no es y no obra como Cristo. “En esto conocerán que son mis discípulos: en que se amen los unos a los otros, como Yo los he amado”. (Jn. 15, 34)
Este condicional, (el qué), se revela con dos realidades:
Virginidad (“Limpieza y libertad de todo lo que no es de Dios”)
Cristofinalización (“El acto de aceptar, vivir y proclamar el Señorío de Jesucristo, el Salvador resucitado, verdadero Dios y hombre verdadero).
Cuando estos dos propósitos se encuentran y se unen el hombre es feliz, perfecto y santo; porque sólo el Santo, que es Dios, lo santifica, lo perfecciona y lo hace feliz. Nada llena el corazón del hombre y lo plenifica fuera de Dios; por eso sólo Dios le basta.
Es un estilo de vida, que nos identifica con Cristo, una estrategia amorosa del corazón de Dios, el Padre bueno que mediante una escuela - taller de perfección enseña cómo vivir la Única Palabra de Dios, que es Jesucristo y como practicarla teniendo un propósito, el de formar santos siguiendo el estilo de Jesucristo.
Justamente para que el hombre sea feliz. La felicidad, la perfección y la santidad, son vocablos sinónimos, que se identifican en su finalidad escatológica. Por eso les ha dicho: "Sean Perfectos como mi Padre Celestial" (Mt. 5, 48). Quién da perfección, santidad y felicidad, es Dios, el Perfecto, el Santo, el Feliz.
Cuando la voluntad de Dios y la del hombre se buscan y se encuentran, se da la identidad, porque da el estilo de Cristo, en que las dos convergen. Entonces se vive y se obra como Cristo. Cristo es el Señor, el Único Señor: Dios, el Uno, el Único con el Padre y con él Espíritu Santo. De Él parte y a Él regresa todo; porque es el alfa y la omega, el principio y el fin.
Esta Espiritualidad Trinitaria nueva, novísima y novedosa de los Hijos de la Madre de Dios, fue pensada, querida y dada por Dios, para que se viva un estilo que los identifique y sirva de modelo para todos en el mundo.
Ese estilo, que es el de Jesucristo, el Salvador resucitado y vivo para siempre, Dios y hombre verdadero, les permite contribuir eficazmente a la reconstrucción de la Iglesia verdadera, fundada y amada por Dios, y a la transformación y consagración del mundo. De ese modo los miembros de esta espiritualidad están convocados a una doble misión histórica espiritual, en la Iglesia y en el mundo.
Constituyéndose así como la obra más grande, más transcendental y más amada por el Padre, por el Hijo y por el Espíritu Santo, en el misterio, incomprensible para los hombres, de la Santísima Trinidad.
Porque Dios lo quiere y porque el hombre lo necesita. El hombre es el fruto más amado y sagrado del amor de Dios; por eso es el objeto preferido de su voluntad. Entendiendo esto, vemos por qué y para qué, Dios ha pensado, querido y ha dado esta Espiritualidad en orden a su propia felicidad.
El mundo tiene un estilo de ser y de hacer y ese no es el de Dios. El mundo se guía por las cosas de su corazón, por sus caprichos, costumbres, conveniencias y pasiones y, esas son, conforme a sus propios usos, contenidos y criterios y generalmente se guían por lo que más conviene al aspecto corporal o intelectual del hombre, lo cual no siempre está en armonía con su aspecto espiritual y sobrenatural; porque no siempre se armonizan lo espiritual y sobrenatural con lo corporal e intelectual del hombre.
Porque Dios quiere que el hombre sea feliz. El hombre quiere ser feliz.
Su Modelo
María es la gran misionera, continuadora de la misión de Jesús y formadora de misioneros. Ella, así como dio a luz al Salvador del mundo, trajo el Evangelio a nuestra América. Desde entonces, la Iglesia ha encontrado en Ella la inspiración más cercana para aprender cómo ser discípulos y misioneros de Jesús.[1]
María Santísima, la Virgen pura y sin mancha es para nosotros escuela de fe destinada a guiarnos y a fortalecernos en el camino que lleva al encuentro con el Creador del cielo y de la tierra. "Por esta razón permanezcan en la escuela de María. Inspírense en sus enseñanzas. Procuren acoger y guardar dentro del corazón las luces que Ella, por mandato divino, les envía desde lo alto".[2] Elegida por el Señor quiso realizar en Ella el misterio de la Encarnación y así recuerda a todos los cristianos la primacía de la iniciativa de Dios. Al mismo tiempo, habiendo dado su consentimiento a la Palabra divina, que se hizo carne en ella, María aparece como modelo de acogida de la gracia por parte de la criatura humana.[3]
"Ella como Modelo del Cristiano es la medida, humanamente plena, del buen sentir y hacer del hombre asistido por la gracia del Espíritu".[4] María Santísima, es la Obra maestra de Dios, es, por lo mismo, Modelo de perfección; de la perfección que Jesucristo pide y manda, cuando dice: "Sed santos y perfectos como vuestro Padre que está en los cielos"(Mt. 5, 48). María Santísima, al ser dada como modelo de perfección, es también dada como Maestra de esa perfección. Naturalmente Quien pudo darla es Dios.
Dios, en su amor, vio que no era suficiente darla como Modelo y Maestra, para constituirla en el molde o camino de perfección y en su más alto grado, el cual se da -solamente- en la maternidad y en el amor materno. Por eso, la dio como Madre, para que sea, a la vez que el modelo, la maestra perfecta de todos sus hijos, que son todos los hombres, desde el primero hasta el último y sin distinciones de ninguna clase, ni siquiera por las categorías clasificatorias de "buenos" y "malos".[5]
[1] Cf. DA. 269
[2] Ibid., 159
[3] Cf. VC. 28
[4] Cf. Acta 23
[5] Cf. Acta 583
El estilo de esta Espiritualidad es el de María; que es, el mismo de Jesucristo, de quien Ella es copia fiel.
"Como Tú, Padre, en mí y Yo en ti, que ellos también sean uno en Nosotros" [1].
[1] Juan 17,21. Alocución de S.S. Pablo Vl. en la sesión de clausura del Concilio Ecuménico Vaticano ll. 7 de diciembre de 1965. Acta Nº. 664.
El método de esta Espiritualidad es el señalado por Jesucristo para todos los creyentes:
"En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere queda solo; pero si muere da mucho fruto"[1].
[1] Juan 12, 24‑25; Mateo 10,24. Gaudium et spes, Nº. 24. Cap. ll.
lV Conferencia General del Episcopado Latinoamericano: Conclusiones; Nueva Evangelización, segunda parte: 1.2, Nº.54. Acta Nº. 624
Camino de Espiritualidad Cristiana
El camino propuesto está basado en una experiencia nueva, novísima y novedosa denominada: Espiritualidad Trinitaria Cristocéntrica y Mariana de los hijos de la Madre de Dios.
Esta Espiritualidad nace en la ciudad de Bogotá - Colombia el sábado 11 de agosto de 1.984 a partir de la experiencia del Señor Lino Antonio Sevillano Quiñonez. Laico, católico de profesión abogado penalista y padre de familia quien por inspiración de Dios transmitio fielmente durante 27 años un sin número de enseñanzas a traves de 1.610 “Actas” cuyo contenido se centra, en una formación Teórica-practica, de cómo debemos todos los cristianos aprender a RECIBIR, VIVIR Y DAR A JESUCRISTO a ejemplo e imitación de María Santísima, quien encarnó en sus entrañas al verbo de Dios por libre decisión y con el único y sencillo aporte de su virginidad.
A partir de esta experiencia se gesta esta espiritualidad denominada: “De los hijos de la Madre de Dios”[1] que nace en un contexto eclesial y en un tiempo marcado por una especial apertura de la Iglesia a la acción renovadora del Espíritu Santo, suscitada a partir del Concilio Vaticano II y cuya riqueza y profundidad aún está siendo discernida y entendida por los diferentes documentos post-conciliares, que no han buscado otra cosa que ir al centro y a la fuente de la misma Iglesia: “Jesucristo”[2] Este es el carisma fundamental de todos los cristianos y que siendo asumida su vivencia como la realidad esencial de los miembros de esta Espiritualidad, se convierte en un “itinerario de crecimiento en la fe.”[3] Que nos va conduciendo hacia la madurez en la vida cristiana, la vivencia de la Palabra de Dios, la doctrina fundamental de la Iglesia, y el servicio generoso a los fieles que peregrinan en ella.
Esta Espiritualidad plantea un estilo de seguimiento a Jesucristo: el estilo de María y el estilo de la Iglesia, como lo expresa en el documento post-sinodal para el continente americano, en los siguientes términos:
“La propuesta de un nuevo estilo de vida, no es solo para los pastores, sino más bien para todos los cristianos que viven en América. A todos se les pide que profundicen y asuman la auténtica espiritualidad cristiana. “En efecto, espiritualidad es un estilo o forma de vivir según las exigencias cristianas, la cual es “la vida en Cristo” y “en el Espíritu” que se acepta por la fe, se expresa por el amor y, en esperanza, es conducida a la vida dentro de la comunidad eclesial. En este sentido, por espiritualidad, que es la meta a la que conduce la conversión, se entiende “no un aparte de la vida, sino la vida toda guiada por el Espíritu Santo”.[4]
Con base en esta Espiritualidad nace la Asociación Privada de Fieles Laicos de los hijos de la Madre de Dios, aprobada “Ad experimentum” por decreto número 1435 del 29 de julio de 2008, por el Excelentísimo Cardenal Pedro Rubiano Sáenz Arzobispo de Bogotá y Primado de Colombia.
El objetivo fundamental de esta Espiritualidad es la "CRISTOFINALIZACIÓN".
"CRISTOFINALIZAR", en esta Espiritualidad, es: "El acto de aceptar, vivir y proclamar el Señorío de Jesucristo, el Salvador Resucitado, Verdadero Dios y Verdadero hombre
" [1].
[1] [1] Lumen Gentium: Cap. Vll. Nº. 48. Efesios 1. 10.Actas Nº. 155, 368, 510: Lecciones: 63, 278 y 440. Luis María Grignion de Montfort: "EL SECRETO DE MARIA" segunda parte; Cap. 1, Nº. 1.
Tres seminarios marianos:
Fruto de esta experiencia son los tres Seminarios Marianos: María Señal de Jesucristo, Seminario Mariano de Ambientación Celular o Cristofinalización, y Seminario Mariano de Interiorización y Crecimiento. Estos tres seminarios nos proporcionan una visión profunda de un camino de espiritualidad Mariana, que propone las bases de una verdadera Espiritualidad Cristiana. Además se constituyen en los pilares de iniciación, crecimiento, y profundización, dictándose a todos los fieles con previa autorización y permiso por parte de las autoridades eclesiásticas.
Estos seminarios constituyen un camino que se forja entre el ser y el hacer de la Iglesia:
“Un ser” entendido como su vida contemplativa, su capacidad de interiorizar, su oración, una posibilidad que le permite al hombre “ahondar en sí mismo” hasta llegar al pleno conocimiento de la persona de Jesucristo”.[1]
“Un hacer” orientado a la dimensión fraterna de la Iglesia que pretende ser un signo verdadero de lo que es la llamada “espiritualidad de comunión”.[2]
Esta espiritualidad tiene una dinámica asumida de la naturaleza misma de la Iglesia, de la cual retoma el binomio acción – contemplación, de suerte que la acción (Hacer) esté ordenada y subordinada a la contemplación (Ser).
a. El Seminario María señal de Jesucristo, se fundamenta en la afirmación “por medio de María encontramos a Jesús” y por medio de Él, encontramos nuestra razón de “Ser”[3]
b. El Seminario de Ambientación Celular o Cristofinalización, fundamentado en el origen y la esencia misma de la Iglesia, “la Iglesia, sacramento de comunión”[4]
c. El Seminario Mariano de Profundización o Crecimiento, se basa en la expresión de su Santidad Juan Pablo II: “Toda profundización del vínculo con María, permite una acción más fecunda para la Iglesia”.[5]
Señor:
Enséñanos a orar.
Para eso, ora por nosotros.
Sé Tú nuestra propia oración.
Amén"[1]
Sagrado Corazón de María - Estrecho del Magdalena
Es importante crear ambiente de oración:
Oraciones introductorias y de abandono:
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo
Inicien siempre con la oración dada a María, la Inmaculada Concepción.[2]
Señora y Madre nuestra, María, la Inmaculada Concepción, te suplicamos que intercedas por nosotros ante el Santo de los Santos, la Trinidad Santísima, para que nos dé fervor y corazón dispuesto a las inspiraciones y gracias del Espíritu Santo. Todo por los méritos de la Sangre de Cristo el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo; en su nombre; por la acción del Espíritu Santo y por tu entrega y oración. Amén. [3]
Señora y Madre nuestra, en tus manos ponemos el Rosario, reza por nosotros el Rosario, llévanos a Dios, únenos, danos el amor, danos la paz. Amén. [4] Madre mía, adoro en tí, al Salvador que está en tí. Amén. [5]
Dios mío, limpia mi corazón, para que hoy día haga Tu Voluntad y esté Contigo, Amén. [6]
Espíritu Santo bendito, penetra profundamente en mí, para hacer una nueva creación. Amén. (Tres veces) [7]
San José, varón prudente y justo, une tu oración a la nuestra.
San José, varón prudente y justo, ora por nosotros.
San José, varón prudente y justo, ora intercediendo por nosotros. Amén.
Santos Ángeles de Dios, oren con nosotros. Santos Ángeles de Dios, oren por nosotros. Santos Arcángeles, Miguel, Gabriel y Rafael, oren intercediendo por nosotros. Amén.
Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío. Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío. Sagrados Corazones Inmaculados de Jesús y de María, oren intercediendo por nosotros. Amén.
Si están en grupo, divídanse, inmediatamente, en células trinitarias de Oración, repitiendo: [8]
“Somos los hijos de la Madre de Dios, de la Espiritualidad Trinitaria Amén". (Tres veces) (Igual hagan en la oración individual)[9]
Acto penitencial
Este es un momento de revisión de nuestros actos, en el que vamos a examinar nuestra relación con Dios, con el prójimo y con nosotros mismos. Cada uno de manera individual y en la presencia del Padre,del Hijo y del Espíritu Santo.
Invitemos a María Santísima, la Inmaculada Concepción, a dirigirnos, con la asistencia del Espíritu Santo, señalándonos con esa luz, los males y raíces que debemos arrancar. Hagamos de modo general y, para ser limpios y dispuestos de verdad, como el campo que es despojado de malezas y arado. Oremos por sanación. No nos cansemos de dar pasos constantes de reconciliación, reconociendo que hemos obrado mal, pidiendo perdón y perdonando, ya sea en silencio para luego llevar estas faltas al sacramento de la reconciliación y también si así fuera pidiendo perdón a nuestros hermanos presentes en la oración a los cuales les hemos faltado. Después de una breve pausa, dispongámonos en actitud de perdón y digamos:
Dios de la Misericordia y del Perdón
Dios de la misericordia y del perdón:Ten compasión de mí.Tú eres el agua viva que santifica y perfecciona:Lléname de Tí. Destruye mi maldad con tu pureza; fortalece mis debilidades con tu gracia; transfórmame con tu poder. Yo no puedo ser perfecto sin tu ayuda; tú no puedes perfeccionarme sin mi voluntad, no por falta de poder, sino por exceso de misericordia. Dios mío: te doy mi voluntad para que Tú me perfecciones. Hazlo ahora, Señor. Destruye mi maldad. Lléname de Ti, ahora y aquí, Dios y Señor mío. Amén.[10]
Digan, cerrando los ojos, para mayor recogimiento y gracia: [11] “Dios mío: me abandono en Ti". (Siete veces, repitiendo al ritmo de la respiración).
"Dios mío: posesiónate de mí". (Siete veces repitiendo al ritmo de la respiración).
Tras un breve silencio: "Dios Padre, Dios Hijo, Dios Espíritu Santo, Santísima Trinidad: haz en mí tu voluntad e impúlsame a hacerla". [12] (Siete veces. al concluir digan: Amén).
Según lo sintamos, pues el Espíritu esta en nosotros y Él nos guiará, podemos lentamente abrir los ojos y disponernos a leer, siempre bajo la guía del Espíritu Santo, la Palabra de Dios y una de las Actas, parte de ella, o una lección, y reflexionemos, según el Espíritu nos guíe.
Es importante, que mantengamos el clima de oración. Esto es, de disponibilidad y de abandono, de silencio interior, de vacío y de entrega disponible, para llenarnos de modo personal y colectivo.
Otras oraciones:
María Madre de la Misericordia
Madre de la misericordia, Madre buena:
Tú que trajiste el Salvador al mundo, eres madre y reina de este suelo, como eres de nosotros en el cielo.
Bendice con tu amor estas comarcas y estas gentes creyentes y también a los confusos que desdeñan tu amor y no te aman.
Madre, Madre santa: Danos la paz. Y danos el amor...
Danos al Padre y al Hijo y al Espíritu.
Danos, danos con tu gracia, la gracia de ser santos, la gracia de ser buenos.
Amén. [13]
Oración de protección a María
Señora y Madre nuestra:
Nos acogemos a tu protección; cúbrenos con la
Sangre de Jesucristo, el cordero de Dios que quita los pecados del mundo.
Aleja de nosotros las acechanzas del maligno y no te canses de aconsejarnos y de guiarnos a Jesucristo, nuestro único Dios y salvador.
Aséanos con tu misericordia y vístenos con los ropajes de la gracia, que tú tienes por la gracia de Dios. Deposítanos, como nuestra madre, en el corazón y en las manos de Jesucristo, tu Hijo y Señor nuestro único y verdadero refugio y fortaleza.
Ora por nosotros, ahora y siempre, para que, Él nos ampare y nos salve en todo tiempo; para eso, te entregamos irrevocablemente todo lo que somos y todo lo que tenemos, para que tú nos administres con tu amor y con tu celo, como a propiedades y posesiones tuyas. Amén, amén, amén. [14]
Consagración a la Inmaculada Concepción y siempre Virgen.
Señora y Madre mía: A ti te entrego como hijo tuyo*, mi voluntad, mi libertad, mi alma, mi cuerpo, mi memoria, mi imaginación, mi inteligencia, mis sentidos, mis instintos, todo lo que tengo, todo lo que soy; para que Tu, según tu beneplácito, dispongas de ellos, entregándolos Al Santo de los santos, El Altísimo, El Uno y Trino, El que con El Padre y con El Espíritu Santo es Dios, El Único, La Trinidad Santísima, de quien Tu Señora eres la Esclava por amor. Aséame como cosa y posesión tuya. Vísteme de Gracia y entrégame a Dios Padre, a Dios Hijo, a Dios Espíritu Santo, rogándoles que hagan de mí, una creatura nueva.
Señora y Madre mía a ti me consagro como hijo tuyo y en mi te consagro mi familia, mis actividades y mi ambiente; porque Tu eres la Esclava del Señor.
Posesiónate de mí, Señora y Madre mía, ahora y para siempre. Séllame por tu ruego, con el sello del Espíritu Santo. Sígname con la sangre de Jesucristo, el Cordero de Dios que quita los pecados, su origen, sus huellas y sus consecuencias y conságrame como donación tuya al Padre Todopoderoso.
Para eso, lávame y vísteme con los ropajes de la Gracia, que Tú tienes por la Gracia de Dios.
Amén, amén, amén. [15]
Bendigan siempre
La bendición sea, de este modo:
- A ustedes en sí, en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo y uniéndose, a María Santísima, la Inmaculada Concepción, cuya gracia y compañía invocaran.
A sus familiares o inmediatos con quienes vivan, en la misma forma.
Todos los días y con la frecuencia que les sea posible, hasta crear el habito, en ustedes, de bendecir, perdonar y amar, que todo se produce así; por fuerza del Espíritu en ustedes, si tal hacen.
- Bendigan los ambientes que comprenden personas, ideas y circunstancias concurrentes, las actividades, la naturaleza y el cosmos. - Respiren bendiciones.
Esto es; amor.
Si tienen problemas que los llenen de odio, individual o colectivamente considérenlos, en oración. Trátenlos en oración, no en innecesarios análisis y disgresiones; sino en orante y decidida entrega, Invocando la asistencia de la Santísima Trinidad.
No se reúnan para Juzgar a los demás.
Háganlo para amar. Para esto, reúnanse cuanto sea necesario y, ustedes, en particular, para esto oren.
No se detengan a compadecerse.
Amen.
No esperen ser amados.
Sirvan.
No esperen ser servidos.
Comprendan.
No esperen que a ustedes los comprendan.
Den.
No esperen recibir.
Cuando den y será siempre,
en lo que den, dense ustedes mismos. [16]
Sean ustedes mansos y humildes de corazón.
En un mundo de arrogantes, ustedes no lo sean.
En un mundo de injusticias, sean ustedes Justos.
En un mundo de mentira, sean ustedes veraces.
En un mundo de ambiciones de poder, de riquezas y de prestigios, sean ustedes pobres.
Vacíense de todo, por amor.
Amen. Amén. Amén.
Solo el amor los salvará.
Solo el amor transformará la tierra.
Solo el amor hará un mundo nuevo.
Solo el amor hará una raza de hombres nuevos.
Solo el amor transformará la historia creando un mundo nuevo, el soñado por el hombre. [17]
Por la señal....
ACTO PENITENCIAL
Dios de la Misericordia y del perdón: Ten compasión de mí. Tú eres el agua viva que santifica y perfecciona: lléname de Tí.
Destruye mi maldad con tu pureza fortalece mis debilidades con tu gracia; transfórmame con tu poder. Yo no puedo ser perfecto sin tu ayuda; Tú no puedes perfeccionarme, sin mi voluntad, no por falta de poder, sino por exceso de Misericordia. Dios mío: te doy mi voluntad para que Tú me perfecciones. Hazlo ahora Señor. Destruye mi maldad. Lléname de Tí, ahora y aquí, Dios y Señor mío. Amén. [1]
ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
Ven, Espíritu Divino, manda tu luz desde el cielo. Padre amoroso del pobre; don, en tus dones espléndido; luz que penetra las almas; fuente del mayor consuelo. Ven, dulce huésped del alma, descanso de nuestro esfuerzo, tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego, gozo que enjuga las lágrimas y reconforta en los duelos. Entra hasta el fondo del alma, divina luz y enriquécenos. Mira el vacío del hombre, si tú le faltas por dentro; mira el poder del pecado, cuando no envías tu aliento. Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo, lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo, doma el espíritu indómito, guía al que tuerce el sendero. Reparte tus siete dones, según la fe de tus siervos; por tu bondad y tu gracia, dale al esfuerzo su mérito; salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno. Amén
Espíritu Santo Bendito penetra profundamente en mí, para hacer una nueva creación. Amén.[2]
PRIMER DÍA
Reciban al Espíritu Santo
Cuando un personaje extraño e importante llega de visita a la casa de alguien y, aquel, tiene el anuncio de esa visita, se prepara, arreglándose y arreglando los suyos y lo suyo, lo mejor que puede, para recibirlo dignamente.
El Espíritu Santo es el Visitante de mayor dignidad, sin ninguna comparación, que Jesucristo nos envía. Preparémonos para recibirlo dignamente. Aseándonos con humildad y con prudencia.
Supliquémosle a la Santísima Virgen que, Ella, que es la dispensadora de la gracia, nos asee y nos vista con los ropajes de la gracia, por la gracia de Dios.[3]
"Mirad, Yo voy a enviar sobre vosotros la promesa de mi Padre. Por vuestra parte permaneced en la ciudad hasta que seas revestidos de poder desde lo alto." (Lc. 24 49)
OREMOS:
Dios mío:
Dame el Espíritu Santo, para que Él abra y alumbre mis sentidos y me dejen escuchar. Señor: Dame la luz, lléname de Tí. Amén, amén, amén.[4]
GOZOS [5]
Así es el Espíritu Santo... Espíritu Santo de Dios...
El Espíritu Santo... Espíritu consolador. (Bis)
El viento sopla donde quiere,
nadie sabe a dónde va,
el viento sopla cuando quiere
nada le impide volar.
Así es el Espíritu Santo... Espíritu Santo de Dios...
El Espíritu Santo... Espíritu consolador. (Bis)
No lo ves pero lo sientes,
palpas su presencia, sientes su intensidad.
En tí produce efectos
y no le puedes prever, ni su estilo ordenar
Así es el Espíritu Santo... Espíritu Santo de Dios...
El Espíritu Santo... Espíritu consolador. (Bis)
Siempre hace como quiere
obra su manera en libertad.
El actúa en quien quiere
con inútil instrumento puede obrar.
Así es el Espíritu Santo... Espíritu Santo de Dios...
El Espíritu Santo... Espíritu consolador. (Bis)
El Espíritu de Dios es como un río
Que se desborda y corre a su capricho. (Bis)
Así es el Espíritu Santo... Espíritu Santo de Dios...
El Espíritu Santo... Espíritu consolador. (Bis)
Déjenlo correr según su voluntad
No quieran su marcha atrasar. (Bis)
Así es el Espíritu Santo... Espíritu Santo de Dios...
El Espíritu Santo... Espíritu consolador. (Bis)
Es como el fuego es como el viento
es como el agua, va fluyendo. (Bis)
Así es el Espíritu Santo... Espíritu Santo de Dios...
El Espíritu Santo... Espíritu consolador. (Bis)
Espíritu santo ven sobre mí
Espíritu santo habita en mí. (Bis)
ORACION FINAL:
Digan:
Espíritu Santo Bendito: Recréame confirmándome en las verdades de Jesucristo, Señor y Salvador nuestro y arrástrame al Padre Omnipotente, para ser uno con Él, en su misterio y con todo lo creado por el amor del Padre; por el amor del Hijo y por tu propio amor.
Amén, Amén, Amén.
Dios mío:
Dame el Espíritu Santo para que yo pueda vivir tu vida en cada instante. Para que en mí se haga tu Voluntad y yo la cumpla.
Amén, Amén, Amén.[6]
SEGUNDO DÍA
Acto penitencial y oración para todos los dias...
Llénense del Espíritu Santo
Se acerca Pentecostés. Oren y vigilen
¿Recuerdan la imagen del globo?...
¿Recuerdan qué es un globo; por qué se llena de aire y por qué se eleva?...
Si lo recuerdan imítenlo. Si no lo recuerdan presten atención: Un globo se llena de aire, porque está vacío. Un globo se eleva cuando se sueltan sus ataduras y está lleno de aire. Hagan ustedes otro tanto para llenarse del Espíritu Santo y elevarse en DIOS.
El Espíritu Santo es dado a los espíritus limpios y libres de todo lo que no es de Dios. Esto es, a los espíritus vírgenes. Por eso fue dado a los apóstoles que estaban unidos y reunidos en torno de María Santísima, la Inmaculada Concepción y siempre Virgen, Madre, Maestra y Modelo para ustedes.
Prepárense a recibir el Espíritu Santo. [7]
"Infundiré en vosotros un espíritu nuevo, quitare de vuestra carne el corazón de piedra y os daré un corazón de carne. Infundiré mi espíritu en vosotros y hare que os conduzcáis según mis preceptos y observéis y practiquéis mis normas." (Ez. 36. 26b-27)
OREMOS:
Digan:
Dios mío: Lléname de Tí. Dame el Espíritu Santo a cada instante, para poder estar contigo permanentemente. Amén. [8]
Gozos y Oración final...
TERCER DÍA
Acto penitencial y oración para todos los dias...
Sean fieles al Espíritu de Dios
El Padre en lo antiguo, habló por los profetas, con el soplo bendito de su Espíritu.
Nadie lo vio; porque el Espíritu de Dios nadie lo ve. Invisible es.
La revelación de Dios, dada en lo antiguo por los profetas, con el soplo vivo del Espíritu de Dios, creó la Ley. Esa es su Palabra, dada en custodia al Magisterio de la Iglesia. La Palabra de Dios fue conservada. Ella es inalterable; porque esencia es de Dios. Ella es Él, manifestado en una expresión ostensible de su amor. Pero la Palabra es espíritu y como a tal, nadie la ve.
El Espíritu se siente. Al Espíritu nadie lo ve. Si la Palabra de Dios es Espíritu de Dios, se la siente, no se la ve.[9]
"En él también vosotros, tras haber oído la Palabra de la verdad, el Evangelio de vuestra salvación, y creído también en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la Promesa." (Ef. 1, 13)
OREMOS:
Dios mío:
Dame más luz, dame más gracia. Dame el Espíritu Santo, para hacer tu Voluntad.
Amén, Amén, Amén.[10]
Gozos y Oración final...
CUARTO DÍA
Acto penitencial y oración para todos los dias...
Están en la zona de fuego del Espíritu Santo
¿Saben que es la zona de fuego del Espíritu Santo? ¿Han pensado en ella?
¿Han pensado en su razón de ser, en su qué, en su por qué y en su para qué?
La zona de fuego del Espíritu Santo, es la fuente eterna del equilibrio de Dios, o sea la fuente eterna de su armonía eterna, o sea del amor por lo que Dios es amor. En esto radica el misterio de la Santísima Trinidad, por lo que todo es en Dios y nada deja de ser en Dios, el que Es, el Uno y Trino y, como tal, el Único.
¿Entienden por qué, sin Dios nada es? Y, ¿Por qué, Él, es el Principio y el Fin, el Alfa y la Omega?
Hagan alto. Deténganse a pensar en este instante de la Cátedra de la Contemplación espiritual. Piensen, mediten, reflexionen.[11]
"Porque a nosotros no lo revelo Dios por medio del Espíritu; y el Espíritu todo lo sondea, hasta las profundidades de Dios. En efecto, ¿qué hombre conoce lo íntimo del hombre sino el espíritu del hombre que está en él? Del mismo modo, nadie conoce lo íntimo de Dios, si no el Espíritu de Dios." (1 Cor 2. 10-11)
OREMOS:
Dios mío:
Dame tu Espíritu para vivir como hijo tuyo. Dame el Espíritu Santo para oír tu voz, seguir su impulso y hacer tu Voluntad.
Amén, Amén, Amén.[12]
Gozos y Oración final...
QUINTO DÍA
Acto penitencial y oración para todos los días...
Sensibilicen sus sentidos al Espíritu Santo
El Espíritu de Dios es el oxígeno de sus pulmones interiores. Él es necesario, insustituible, indispensable. El les basta. Respírenlo. Vívanlo. Inspírenlo y expírenlo.
Repitan siempre:
"Dios mío: Lléname de Tí"
"Dios mío: Lléname de Tí"
"Dios mío: Lléname de Tí"
En tanto que suban o que bajen hacia Dios; porque en Dios igual se sube que se baja; sean prudentes. Observen todos las instrucciones del Espíritu. El Espíritu les habla. El Espíritu aconseja. El Espíritu de Dios, detiene o frena e impulsa a seguir.
Díganlo, pálpenlo, huélanlo, véanlo, gústenlo...Abran todos sus sentidos del cuerpo y del espíritu de ustedes al Espíritu de Dios. Que sus sentidos dejen de hacer ruido. Que sean sensibilizados al Espíritu de Dios.
Para eso: oren, oren, oren.[13]
"Para que os conceda, según la riqueza de su gloria, que seáis fortalecidos por la acción de su Espíritu en el hombre interior, que Cristo habite por la fe en vuestros corazones, para que, arraigados y cimentados en el amor, podáis comprender con todos lo santo cual es la anchura y la longitud, la altura y la profundidad, y conocer el amor de Cristo que excede todo conocimiento, para que os vayáis llenando hasta la total Plenitud de Dios."
(Ef. 3, 16-19)
OREMOS:
Dios mío:
Dame tu Espíritu Santo para vivir y hacer tu Voluntad, Querer y Plan, según tu propio Plan, Querer y Voluntad. Dios mío: Lléname de Tí
Amén, Amén, Amén.[14]
Gozos y Oración final...
SEXTO DÍA
Acto penitencial y oración para todos los dias...
Déjense mover por la fuerza del Espíritu
Cuando el Espíritu de Dios los sensibilice, no le pongan obstáculos. Déjense mover por sus inspiraciones, que es la fuerza que los impulsa a hacer el bien y a obrar bien. Ante todo, recuerden: el mayor de los carismas del Espíritu Santo, es el amor. Con el amor, vivido y practicado, después de recibirlo, pueden hacer lo que Dios quiere y manda; porque, entonces, es Él mismo quien vive y obra en ustedes, encarnado en la persona de Jesucristo, el Salvador.
Por eso pueden llegar a ser perfectos, como el Padre del cielo, y, en consecuencia, a hacer obras perfectas, como las que Dios hace.
Sin embargo, no olviden que, para que Dios viva y obre en ustedes, con ustedes y desde ustedes, es preciso que se muevan a la conversión, que es la virginidad que les proporciona la capacidad indispensable para recibir, vivir y dar a Jesucristo.[15]
"Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que es el Padre enviará en mi nombre, os lo enseñará todo y os recordará todo lo que yo os he dicho."
(Jn 14, 26)
OREMOS:
Dios mío:
Dame el Espíritu Santo para vivir, sentir y hacer según tu Voluntad. Amén.[16]
Gozos y Oración final...
SÉPTIMO DÍA
Acto penitencial y oración para todos los dias...
La acción del Espíritu Santo
El viento sopla como quiere y donde quiere. Nadie sabe de dónde viene y hacia dónde va. Así es el Espíritu de Dios. Al viento no lo ves pero lo sientes. Palpas su presencia, sientes su intensidad; observas sus efectos. Así es con el Espíritu de Dios. Tú sabes que Él está presente y que produce efectos; pero no puedes proveer ni ordenar su estilo, Él hace como quiere, cuando quiere y donde quiere. Él usa los medios que Él prefiere, los más ilógicos a veces o en la mayoría de las veces, para confusión y humillación de los sabios y prudentes de la tierra, quienes conciben y obran al modo y estilo de los hombres.
Tiempo es de que abran todos sus sentidos, los unos y los otros. Abran sus sentidos y silencien los ruidos de sus vanidades y torpezas. Dejen que el Espíritu del Dios vivo les de sensibilidad y los impulse.[17]
"El viento sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabe de dónde viene ni a donde va. Así es todo el que nace del Espíritu"
OREMOS:
Dios mío:
Dame el Espíritu Santo, para que Él me de sabiduría y prudencia. Que Él me ayude a estar atento y a ser dócil a sus inspiraciones y mandatos. Que con Él pueda cumplir y hacer tu Voluntad.
Amén, Amén, Amén.
(Acta 524)
Gozos y Oración final...
OCTAVO DÍA
Acto penitencial y oración para todos los dias...
Vivan y obren según la acción del Espíritu Santo
Están en las fronteras de Pentecostés y, esto, por la gracia de Dios, debe animarlos a tomar conciencia y a vivir con dignidad los dones y el Carisma recibidos de sus manos, por la acción del Espíritu Santo, el querer del Padre y el amor misericordioso del Señor Jesús, el Hijo del Altísimo.
No dejen pasar este nuevo don de Dios. Dejen la ceguera espiritual, que no los deja ver la Luz. Abran los ojos. La Luz está ante ellos. Lo único que les hace falta es abrir los ojos y ver, movidos por la acción del Espíritu Santo; pero dejándose guiar como lo hacen los ciegos.
Están viviendo un momento histórico que es de excepción.
Si ustedes, hijos de la Luz, bajan la cabeza y doblan sus rodillas con humildad y con prudencia, ante Dios, que está presente, verán la gloria de Dios, descubriendo la verdad.
Abran los ojos y vean. Vean dentro y fuera de ustedes. Dios quiere guiarlos amorosa y sabiamente, como lo hace el lazarillo con el ciego.
¡Déjense guiar!
Si lo hacen verán la gloria de Dios y podrán caminar sin tropiezos. Así podrán, por eso, rectificar lo torcido y corregir y enmendar sus malos hechos o sus malas obras.
No dejen pasar el fuego de Pentecostés, sin dejarse ganar por el amor y la misericordia. Empiecen ya. Cambien ya. Vivan y obren ya, movidos por la acción del Espíritu Santo.
Piensen, mediten, reflexionen.[18]
"El Espíritu mismo se une a nuestro espíritu para dar testimonio de que somos hijos de Dios" (Rom. 8, 16)
OREMOS:
Dios y Señor mío:
Dame toda la fuerza de tu Espíritu para que hoy y siempre sea hecha en mí tu Santa Voluntad.
Amén, Amén, Amén.[19]
Gozos y Oración final...
NOVENO DÍA
Acto penitencial y oración para todos los dias...
Vivan en un constante Pentecostés
Pentecostés, hijos de la Luz, es el misterio animador que se sugiere en la profecía de los huesos secos de Ezequiel. En los huesos secos estaba en germen la vida de Dios, el principio vital que requería el aliento sobrenatural y misterioso del Espíritu de Dios, que activara ese germen vital. Porque, ante ese aliento, nada se resiste, cuando allí mora en potencia la vida de la gracia contenido en el misterio de la Palabra de Dios, que es Jesucristo.
Mañana será Pentecostés. Prepárense a recibir al Espíritu Santo con dignidad. Sean vírgenes, ustedes, quienes ya saben que es la verdadera virginidad. Sean vírgenes. Vivan y obren como vírgenes; porque, si lo son, no serán ustedes sino Jesucristo, quien viva y obre en ustedes.[20]
"Al llegar el día de pentecostés, estaban todo reunidos en un mismo lugar. De repente vino del cielo un ruido como el de una ráfaga de fuego impetuoso, que llenó toda la casa en la que se encontraban. Se les aparecieron unas lenguas como de fuego que se repartieron y posaron sobre cada uno de ellos; quedaron todos llenos del Espíritu Santo y se pusieron hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse." (Hch. 2. 1-4)
OREMOS:
Dios mío:
Dame el Espíritu Santo, para que Él me de sabiduría y prudencia. Que Él me ayude a estar atento y a ser dócil a sus inspiraciones y mandatos. Que con Él pueda cumplir y hacer tu Voluntad.
Amén, Amén, Amén.[21]
Gozos y Oración final...
[1] Acta 721
[2] Acta 94
[3] Acta 1.006
[4] Acta 289
[5] Cfr Acta 322
[6] Acta 241
[7] Acta 527
[8] Acta 527
[9] Lección 250
[10] Acta 237
[11] Acta 1.475
[12] Acta 680
[13] Acta 261
[14] Acta 168
[15] Acta 1.096
[16] Acta 225
[17] Acta 322
[18] Acta 1.143
[19] Acta 561
[20] Acta 1.096
[21] Acta 524