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" No olvide, pues, el sacerdote... que lo que aten o desaten en la tierra, así es en el cielo; por tanto, ellos, responden de las puertas que abran o cierren a la gracia.
Mi querer es que se abran las puertas del Reino con Misericordia."
Acta 46
"Hagan ejercicios de mansedumbre y de humildad.
Ejercítense en el arte de pedir y recibir perdón.
Esto es muy difícil, lo sé; pero no hay alternativas. Miren y observen el ejemplo mío desde la Cruz:
"Padre: perdónalos; porque no saben lo que hacen".
Ejercítense, todos los días, en esto, superiores, iguales e inferiores.
Aprendan a morir a ustedes, al orgullo de ustedes.
Cuesta, les repito; pero no hay un camino ni medio diferente para hacer como Yo y merecer el Reino.
Hagan ejercicio, como quien opera un cáncer o bebe una droga fea.
Al principio es difícil.
Después, es tan sencillo, como respirar, bajo el soplo del Espíritu.
Paguen la condición: que es dar el paso inicial. Den ese paso hoy mismo.
Pídanse perdón, hoy mismo, en forma individual, los unos a los otros y ya experimentarán la ayuda de lo Alto."1
"...Amorosamente, en esta espiritualidad nueva, novísima y novedosa de los esclavos de la Esclava de Dios, se habla de las piscinas naturales y sobrenaturales de la gracia (confesión con el presbítero).
Las piscinas naturales y sobrenaturales de la gracia requieren el concurso inseparable de dos sacramentos: el orden y la reconciliación.
Bañarse es asearse. También es placentero. Se hace por aseo y por placer. Produce dos efectos: salud y alegría.
La salud es vida. La alegría: felicidad.
Vida y felicidad son propias de Dios. Solo Dios las da.
Los baños en las piscinas naturales y sobrenaturales de la gracia (confesión con el presbítero), cuando son normales, producen - necesariamente - vida y felicidad. La vida y la felicidad de Dios.
Sacerdotes: hagan amables las piscinas naturales y sobrenaturales de la gracia (confesión con el presbítero). Manténganlas aseadas y dignas. Recuerden que "más moscas caza una gota de miel que un barril de vinagre".
Seglares: báñense en las piscinas naturales y sobrenaturales de la gracia (confesión con el presbítero). No por temor, por escrúpulos o por maledicencia - que todo eso puede suceder - sino por limpieza moral, por libertad espiritual y por el deseo salvífico de sentirse y ser hijos de Dios....
Las piscinas naturales y sobrenaturales de la gracia (confesión con el presbítero) deben producir: vida, salud, felicidad, paz, alegría, sentimientos de perfección y santidad, de libertad, de justicia y de amor. Todo, porque en ellos está el Espíritu de DIOS y El salva.
No menoscaben ni envilezcan las piscinas naturales y sobrenaturales de la gracia (confesión con el presbítero).
El malo, enemigo de Dios, las detesta; porque le restan almas. Por eso las difama y las ridiculiza. No le crean. No se dejen engañar. Esa es una de sus tretas en su lucha contra Dios.
No sean agentes oficiosos del maligno. Amen las piscinas naturales y sobrenaturales de la gracia (confesión con el presbítero). Báñense en ellas con humildad y con prudencia.
La Reconciliación (el sacramento de la Reconciliación - que solo el sacerdote hace) es el instrumento eficaz de curación que Jesucristo ha confiado al sacerdote en el rebaño de su Iglesia.
Seglares: amen el sacramento de la Reconciliación y amen el sacramento del Orden. No se dejen engañar por el malo, enemigo de Dios, pensando en las calidades y cualidades del sacerdote, juzgando y condenando sus conductas. Lo personal, que ellos hagan, está entre DIOS Y ellos. Ustedes no son jueces; sino usuarios. Disfruten el servicio. Eso les basta...
Acción del malo, enemigo de Dios, no lo olviden, es restarles importancia a las piscinas naturales y sobrenaturales de la gracia (confesión con el presbítero).
Su ausencia los mantiene sucios y los conserva tristes, como le acontecía al paralitico del que les habla el Evangelio.
Aséense, aséense, aséense...2
1Acta No 73 - 2Acta 573
