Al Padre y al Espíritu Santo nadie los ve. Nadie los ha visto, solamente el Hijo. Al Hijo, sí. El fue visto, oído, tocado, olido y es saboreado en el misterio del Pan Eucarístico. Pero, quien ve al Hijo, ve al Padre y al Espíritu Santo, a Quienes sin el Hijo, solamente podría sentir, escuchar, palpar y gustar, como el viento se palpa, se gusta, se siente y se escucha, pero no se ve.
[node:read-more:link]