Si quieren hacer y que lo que hagan sea santo, llénense de Dios.
Para llenarse de Dios, recuerden hay que ser vírgenes.
Si Dios está en ustedes, recuerden Dios vive y obra.
Lo que Dios hace es santo. Y, lo santo, es lo perfecto.
Lo santo y perfecto de Dios, no admite nada que no sea de Dios. Por eso, se es o no se es.
Lo de Dios hay que conservarlo y preservarlo. Por eso las obras santas y aún las obras buenas, hay que conservarlas como son y no como no son, por egoísmo y por maldad.
Lo que es perfecto, déjenlo perfecto.
Lo que es santo, déjenlo santo.
No saquen lo santo y perfecto, de esos estados; para satisfacer sus propios intereses. Eso no es de Dios; sino del malo, su enemigo.
No obren sin Dios.
Oren, oren, oren… Oren siempre. Sean oración.
Imiten a María Santísima, la Inmaculada Concepción y siempre Virgen, Madre, Maestra y Modelo para ustedes.