Lección
No 5
El que, como niño se hace, se despoja. Es manso y humilde de corazón. No es prepotente ni soberbio.
Ama. Por eso cree y se da. Sirve y comprende.
El infantil no se despoja. Lleno al contrario, está de inútiles chatarras, como llamo, Yo, a las insensateces.
Es soberbio y tornadizo. Malo y fatuo. No es humilde. Su propio capricho a mi prudencia y decisión prefiere.
Es, al fondo malo. Con él, no podemos cumplir nuestros propósitos, porque nos frustra. Y, como bien lo saben, Nosotros el Santo de los Santos, Dios, el Unico, el que Es, no violentamos la libertad y voluntad de nadie.
El que ama, supera las pequeñeces de los otros, nivelando la justicia con su entrega.
Por eso justifica. Solamente justifica el que ama; porque es justo, por la fuerza insuperable del amor.
No es lo mismo tener actitudes insensatas, que decisiones recias en el modo de hacer.
Yo soy el modelo en este actuar.
Vean el pasaje de Zaqueo; de la mujer pecadora en casa de Simón el fariseo; de Leví, de la mujer adúltera, de la Samaritana y tantos, tantos otros, que a la infantilidad soberbia y prepotente de los doctores y prudentes a su modo, de esa época, tanto incomodó y que fue, de escándalo aparente. Pero no lo era.
El verdadero escándalo es malo. Ese es el que Nosotros condenamos. Y, ese es, el que los malvados usan, como lecciones y actitudes, por que malos son y otro fruto no pueden dar, por no tenerlo.
Esto es empobrecerse; ser pobre de Dios, según el Evangelio.
En esta área, pues, de las primeras lecciones que les doy, no pierdan de vista que, lo esencial, ante todo, es que ustedes sean modelados como deben. Sí lo son, ya, Yo, podré construir según mi beneplácito que, al propio tiempo, del Padre es y del Espíritu Santo, de Nosotros, la Trinidad Santísima.
Para esto:
No hay otro modo, y, mientras esto ocurre:
Los que Nosotros queremos modelar, en esta Orden, en primer plano, no son ellos. Es a ustedes que estamos y queremos transformar, hacer nuevos, convertir.
Si el Espíritu los ilumina y en ustedes entra, pecadores y malos se descubren, como a Pedro y a todos los santificados ha ocurrido. Por eso no hay soberbia; sino entrega, anonadamiento, mansedumbre...
Por hoy basta.
Bendiciones.
Bendiciones.
Bendiciones.

3,20 a. m.
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