“Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice dame de beber, tú le habrías pedido a él, y él te habría dado agua viva” (Juan 4,10). Esto que dije a la mujer samaritana es mi Palabra de siempre y para todos.
Que vengan a mi todos los cansados; todos los sedientos; todos los que tengan hambre. Yo Soy el Pan de vida; Yo Soy el Agua de la vida eterna; Yo Soy la roca o soporte para ustedes.
Vengan, vengan, vengan... Vengan, beban y vivan
Necesitan tener necesidad, para venir a mí y todos tienen necesidad. Yo Soy el complemento eficaz para cada uno de ustedes. Vengan, vengan, vengan. Vengan, beban y vivan.
La mujer samaritana para recoger el agua tenía un cántaro.
El cántaro de ustedes es su propio corazón.
Si quieren ser hartos y saciados, desocupen su cántaro y vengan a mí.
En la medida en[1] su propio cántaro esté desocupado, él tendrá mayor capacidad. Esa capacidad es la virginidad.
Sean vírgenes y, en la medida en que lo sean, Yo seré, para ustedes, Agua viva y Pan de vida.
Si Yo estoy en ustedes, Yo mismo haré mi obra en ustedes, desde ustedes y con ustedes.
Oren, oren, oren... Oren siempre. Sean oración.
Imiten a María Santísima, la Inmaculada Concepción y siempre Virgen, Madre, Maestra y Modelo para ustedes.