"Los cristianos viven y luchan entre las tempestades. Es ahí donde, como símbolos de contradicción, son la señal del cambio." Acta 317
SÍNTESIS ACTA 317
- Esfuércense. Luchen mar adentro.
- Los cristianos viven y luchan entre las tempestades. Es ahí donde, como símbolos de contradicción, son la señal del cambio.
- El cambio solamente se hace con Dios. Si Dios está todo lo cambia.
- Recuerden: el arco iris solamente surge cuando se cruzan el agua con la luz del sol. Así son los cristianos; los frutos de ellos, si están con Dios, sólo se dan cuando se cruzan las tormentas con la paz de Dios.
- No se aterren por nada, si están con Dios. A nada teman y que nada los detenga cuando hacen y viven para Dios.
- Recuerden las Lecciones recibidas. Léanlas, reléanlas, medítenlas y vívanlas.
- Oren, oren, oren... Oren siempre. Sean oración.
- Imiten a María Santísima, la Inmaculada Concepción y siempre Virgen.
EDITORIAL
No les teman a las cosas raras que hay en el ambiente.
El ambiente es el resultado de la suma de personas, ideas y circunstancias, que concurren en un determinado tiempo y lugar.
Todo eso es pasajero.
Si el ambiente es malo, el poder del mal no es eterno y, como los peligros que se acumulan en las nubes de tormentas (cúmulos nimbos) tarde o temprano se descargan. Esto es: tarde o temprano pasan.
Solamente lo que es de Dios no pasa y es eterno.
Teman a la ausencia de Dios; porque es la muerte. Y no la muerte relativa, esta transitoria de la carne que, en Dios, es "dormición", sino la que es real, absoluta, verdadera... La muerte del espíritu.
Esfuércense en cambiar lo del ambiente haciendo cambios en ustedes.
El ambiente está contaminado, es cierto. Y no son malos los esfuerzos para descontaminarlo. Pero recuerden: solamente descontaminando al hombre en su mente, en su corazón, en su espíritu, esto es, renovándolo, a él, se descontaminan y se renuevan los ambientes.
El más grave y, más aún, el único factor esencial de contaminación es el hombre. En el corazón de él, es donde están las raíces profundas de todo el mal que lo rodea y amenaza.
Es ingenuo seguir esforzándose en cambiar el orden del mundo; su desequilibrio, su infelicidad y su miseria, por los medios culturales, técnicos, políticos, sociales y científicos que se conocen a nivel del hombre. Ahí no está el remedio.
Hay que cambiar al hombre mismo. Hay que cambiar el corazón, la mente y el espíritu del hombre, para que todo cambie.
Y, el único que hace ese milagro es Dios.
Cristianos, ciudadanos en general, dirigentes de todos los niveles, escuchen:
Sean prudentes. Abran todos sus sentidos y observen:
Cada vez que se esfuerzan sin Dios, ustedes desatinan y multiplican el mal. Hora es, si quieren de verdad que el mundo sea mejor, que él sea el soñado por ustedes, cédanle el turno a Dios. Hora es esta de probarlo.
Al menos, ustedes, los que creen, experimenten a nivel de ustedes el secreto: esfuércense, esforcémonos nosotros, a nivel individual, en recibir a Dios, para que Él viva y haga en nosotros según su providencia, para lograr el cambio.
Sólo se cambia cuando se ama. Y sólo se ama cuando Dios está en el corazón del hombre. Si Dios está, el hombre que lo vive es justo; él es pacífico, veraz, comprensivo, justo, servicial. El cree en la libertad y la respira. El cree en el amor y él ama. Todo sin distinguir personas, como la lluvia y como el sol.
¿Queremos que el mundo sea mejor?
Proclamemos el Señorío de Dios, dándole nosotros albergue en nuestro propio corazón y en nuestro espíritu.
Por hoy basta.
Bendiciones, bendiciones, bendiciones.
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7,27 a.m.
Repitan:
Dios mío:
Limpia mi corazón para que hoy día haga tu voluntad y esté Contigo. Amén.
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