Mayo 11...
Un dia como hoy.
"-Hijos, hijitos míos:
Quiero que ustedes sean uno, entre ustedes, como Uno Somos, mi Padre y Yo, en unidad con el Espíritu Santo.
Nuestra unidad se da, en el Misterio de la Santísima Trinidad, con el amor que nos identifica y que nos hace Uno, en unidad indisoluble. Por eso no hay tres Dioses, en Nuestro Misterio, aunque Somos Tres Personas diferentes y únicas. Hay un solo Dios, el Uno y el Único, con el Misterio, incomprensible, para ustedes, de la Santísima Trinidad.
El Padre los creó, a imagen nuestra, para ser uno, entre ustedes, no obstante la diversidad y diferencias de cada uno de ustedes; pero ligados por el amor que debe unificarlos.
Si, siendo diferentes, están llamados a ser uno, ligados por el amor, es porque son parte fundamental de un todo, que es la comunidad de fe, de amor y de esperanzas, en la Iglesia y en el mundo.
No tender a la unidad, en el misterio de la comunidad, es ser atípico, como una célula cancerosa, en la integridad del organismo vivo.
La humanidad es reflejo misterioso del Misterio de la Santísima Trinidad; por eso, sin perder la diversidad y las diferencias individuales de cada uno de los individuos integrantes, tiende a la unidad, por vocación.
"El hombre es un ser social por su naturaleza" y, al serlo, es, a la vez, por esa misma naturaleza, un convocado a la unidad, con exigencia imperativa.
Apartarse de la unidad es rebelarse contra la naturaleza, de modo inmediato, y, contra el plan, criterio y voluntad de Dios, en forma mediata.
Y, no conservar la individualidad, con sus caracteres y carismas, es, a la vez, luchar contra la pluralidad, en la que se fundamenta la comunidad; porque, no hay comunidad sin diversidad, y no hay diversidad sin unidad, si se quiere vivir en equilibrio. Lo contrario es el caos, antagónico del cosmos. El caos es carencia de armonía; inexistencia de toda perfección. Y, por eso, Yo he dicho, mandándolo a ustedes:
"Sean perfectos como mi Padre Celestial".
Esto es: sean uno; sean armonía; sean unidad.
Si son armonía, son santos y son felices, porque perfección, armonía, unidad, santidad y felicidad, son una misma y única realidad: la salvación de ustedes, por la que Yo dí mi propia vida.
La Unidad es cara, hijos, hijitos míos. Ella cuesta mi Sangre, que es la Sangre de Dios.
Para que sean uno, vine al mundo; por ella di mi vida.
Amen la Unidad; sean uno, como mi Padre y Yo, Somos Uno, si quieren ser perfectos, santos, salvos y felices.
La Espiritualidad Trinitaria, nueva, novísima y novedosa de los Hijos de la Hija de Dios, es forja de perfección, por eso, también es forja de unidad.
La unidad se da con el amor. El amor se da con la presencia de Dios y, la presencia de Dios, se da con la virginidad, pureza o "limpieza y libertad de todo lo que no es de Dios"; porque Dios y la impureza son incompatibles.
Para que entre Dios, se requiere la voluntad de quien desea albergarlo (Apocalipsis 3,20)
Por esta razón, la virginidad es el secreto estrella de esta Espiritualidad. Y su carisma: Jesucristo (Amor).
No ambicionen, por tanto, ni otro secreto, o medio genuino o eficaz de entrega a Dios, para recibir, vivir y dar a Jesucristo; ni aspiren a otro carisma, que no sea Jesucristo: Amor, Dios y hombre verdadero.
La Espiritualidad tiene una individualidad que identifica a quien quiera que la siga:
"El Estilo de la Santísima Virgen, el cual es el propio de Dios".
Jesucristo -Dios verdadero y hombre verdadero- es el que Es y, como tal, es el Salvador resucitado.
Querer imitar otros carismas, en esta Espiritualidad, no es malo; pero no es lo mejor. Lo mejor siempre es lo que Dios da.
Traten de ser lo que están llamados a ser, por el plan, criterio y voluntad de Dios y, al ser, traten de crecer en santidad y perfección. Esto es: sean vírgenes y amen.
Si son vírgenes Dios está en ustedes. Si Dios está en ustedes, Él hace, con y por ustedes."
Acta 877
Revista María Hoy
Sante Fe de Bogotá, D.C.,
Miércoles, Mayo 11, 1994 - 04:45