"Quien come mi Cuerpo y bebe mi Sangre, ese tendrá vida y vida eterna".
..."Jesucristo, por ser la verdadera Palabra de Dios, no contradice en nada a la misma Palabra revelada en lo antiguo, al modo antiguo, esto es, espiritual y no encarnado.
Jesucristo, verdadera y única Palabra del Dios verdadero, al revelarse, encarnado, a través de María Santísima, la Inmaculada Concepción y siempre Virgen, se constituye en el Pan vivo y Pan de vida, para ser comido, esto es: recibido como único medio de redención o salvación.
"Quien come mi Cuerpo y bebe mi Sangre, ese tendrá vida y vida eterna".
Esta será la clave del mandamiento nuevo, contenido en el mandamiento de la unidad y del amor.
Comer o recibir a Jesucristo será la clave esencial, por tanto, de la redención, que es fruto de la Nueva Alianza.
No se podrá comer o recibir a Jesucristo, el Salvador Resucitado, sin la capacidad necesaria para hacerlo. Esto es: sin limpieza y sin libertad morales o sea, sin virginidad.
Esa clave, misterio o secreto revelado, está contenida implícitamente en el Antiguo Testamento y de modo explícito en el Nuevo.
En el Antiguo, cuando se promete, que el Salvador debe nacer de una virgen; esto es, de una mujer inmaculada, pura, limpia y libre moral, espiritual y corporalmente. Esto es: plenamente virgen.
Y en el Nuevo, cuando se establece el sacramento de la reconciliación.
Aunque todo está escrito y todo está revelado y está dado, incluso la redención, el hombre hace ineficaz el plan, querer y voluntad de Dios, con su manera o estilo de ser y hacer.
"No basta decir: Señor, Señor... es preciso vivir".
No se vive si no se tiene y no se tiene si no se recibe.
A Dios no se lo recibe si no se es virgen, como María Santísima, la Inmaculada Concepción y siempre Virgen.
La Antigua Alianza y la Nueva Alianza están vivas en las Sagradas Escrituras. En el Antiguo y en el Nuevo Testamento.
La clave, en la una y en la otra, es la Palabra de Dios.
La Palabra de Dios es Jesucristo. Por eso es única y es una.
Por eso, Jesucristo, única y verdadera Palabra de Dios, no abrogó la Ley y los profetas, a través de quienes fue pronunciada, como Él, a través del vientre profético y sin mancha de María Santísima, la Inmaculada Concepción y siempre Virgen.
La Palabra está escrita . Es invisible en el Antiguo Testamento, como solo espíritu, y visible en el Nuevo, como encarnada en el vientre de María Santísima.
Es la misma.
El fin de la Palabra es ser vivida. Esto es: comida; para ser asimilada... Acta 340