..."Él, se revela a sí mismo, según su voluntad y siempre." Acta 772
..."En Jesucristo todo es perfecto, porque Él es Dios y, como tal, Él es amor. Jesucristo es, pues en sí y por sí, la medida de perfección. Fuera de Él, nada puede ser ni hacerse a perfección y, por lo mismo, santo. Por eso, Él es, en sí y por sí, el término de toda revelación y por lo mismo, el mayor y último de todos los profetas. Él es el Profeta de profetas. Pero, Él, se revela a sí mismo, según su voluntad y siempre. Él es el misterio en sí y por sí y, por tanto, Él es la Palabra que se dice cada día, a sí mismo, y que, por tanto hay que vivirla. Bajo este aspecto y sin que haya una nueva Revelación diferente de la perfeccionada y consumada en Él, Él alumbra, con su propia luz, esa revelación, según su propia voluntad. Y, eso puede hacerlo, y lo hace, hablando con todo los lenguajes y empleando todos los medios que Él quiere, a su capricho. ¿Quién, por tanto, puede variar y limitar, si es sensato, la acción de Jesucristo? Pretender hacer en contra suya, por criterios personales, es soberbia y, por lo mismo, necedad.
¿Lo entienden?
Dios obra, en Jesucristo, siempre. Y, ese obrar, se revela en su forma de hacer o de no hacer. Y el amor es su estilo; porque Él es amor. Por amor se hace o no se hace, lo que se debe hacer o que no se debe hacer.
¿Lo entienden?
Dios tiene la medida justa, el tiempo justo y la sabiduría justa, en todo su estilo de hacer o de no hacer.
¿Lo entienden?
Si lo entienden, ¿Por qué pretenden hacer o no hacer en contravía del querer de Dios? ¿Creen que lo harán o no lo harán mejor que Él? Si éste es un propósito de ustedes, piensen que ese es el estilo de Judas y que Judas, aunque fue elegido por Dios, como los otros, no era de Dios; su dios era el malo, mi enemigo, quien siempre está en contra del querer de Dios y que por eso, él, es el diablo.
¿Lo entienden?
No se dejen tentar. Sean prudentes. Escuchen la Palabra de Dios y vívanla. No escuchen ninguna otra palabra, por sabia que parezca. Solamente la Palabra de Dios tiene la sabiduría de Dios y el amor de Dios, que es su perfección, y, por lo mismo, su medida de perfección.
¿Lo entienden?
Hagan alto y piensen. Vivan, mediten, reflexionen... Los tiempos, en los que viven, son tiempos de confusión y, por lo mismo, de tinieblas. La confusión es la mayor tiniebla y, en consecuencia, el caos. O sea lo que no es de Dios. Dios es la Perfección, lo Perfecto y, en consecuencia: Él es el Perfecto, el Santo, el que Es. En Él y en lo de Él todo es armonía o sea: todo es amor; porque el amor es la Armonía o Perfección y, en consecuencia: la Unidad. Él es Uno y, como tal, el Único.
¿Lo entienden?
Están en un tiempo en el que deben aspirar a ser perfectos. Esto es, a amar. No se preocupen tanto por ser sabios o técnicos o poderosos; preocúpense por ser santos y, recuerden, la santidad es perfección, o sea, presencia de Dios, el Santo, el Uno, el Único, el Perfecto"...
Acta 772
Revista María Hoy
Puente de Piedra,
Lunes, Octubre 19, 1992 - 02:53