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"La humildad les permite escuchar y obedecer mi voz. Para eso sean vírgenes." Acta 890

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Lunes - Mar 09 2015

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"Sean humildes. La humildad les permite escuchar y obedecer mi voz. Para eso sean vírgenes.

Recuerden que las virginidad es la clave de esta Espiritualidad en la que están. Y, la virginidad o pureza, es: "limpieza y libertad de todo lo que no es de Dios". De Dios no es la mentira, ni el orgullo, ni la soberbia. De Dios son la verdad y el amor. La mentira, el odio, el orgullo y la soberbia son atributos del malo, mi enemigo. Con mentira y audacia, el puede tentarlos, para desoír mis palabras y escuchar y practicar las suyas. Si eso pretendió conmigo ¿Qué no hará con ustedes?

Lean, relean, mediten, Mateo 4,1-11 y saquen conclusiones cada uno para sí.

Recuerden que, en esta Espiritualidad trinitaria, nueva, novísima y novedosa de los Hijos de la Hija de Dios, el carisma soy Yo, y que, Yo, el Santo de los Santos, el que Soy, en unidad con el Espíritu Santo, en el misterio incomprensible para ustedes, de la Santísima trinidad, por ser Dios, el único de Dios, con el Padre y con el Espíritu Santo, soy amor y verdad, porque Dios es amor (1 Juan 4,8) y es verdad. "yo soy el Camino la Verdad y la Vida". (Juan 14,6). ¿Lo entienden?

No se dejen desorientar por el malo, mi enemigo. En esta Espiritualidad trinitaria, nueva, novísima y novedosa de los Hijos de la Hija de Dios, no los quiero haciendo derroche de carismas; sino viviendo a plenitud el carisma fundamental, que soy Yo, para que obren en armonía. Muchas veces les he aconsejado leer y releer y meditar el capítulo 13 de la 1ª Carta a los Corintios. Háganlo ahora, hasta que entiendan, asimilen y practiquen su doctrina, la cual les deja en claro, el amor. Cuando eso entienda descubrirán, a la luz del Espíritu Santo, la profundidad de mis palabras y su alcance; léanlas, reléanlas y medítenlas:

Juan 14, 21 y 23; 15, 16-17.

Las señales que se pueden dar es respaldo de esas palabras, son secundarias. La señal fundamental es el amor y el amor, los hace de mi estilo, como María Santísima, la Inmaculada Concepción y siempre virgen, "mansos y humildes de corazón".

Eso les permite amarse los unos a los otros, hasta dar su vida, cada uno por el otro. Y, "en esto conocerán todos que sois discípulos míos" (Juan 13,35).

¿Lo entienden?

La señal, pues, en esta Espiritualidad, de que son mis discípulos, no está en que derrochen profecías y carismas, sino en que, siendo como Yo, amén de tal modo, que cada uno de su vida por el otro. Eso implica: "negarse así mismo, tomar su cruz y seguirme".

Por tanto, hijo, hijitos míos, anonádense. No sean soberbios; no hagan ostentaciones de virtudes. Aprendan a morir. Eso no es fácil, pero recuerden que esa es mi lección y que el discípulo no es más que su maestro y el maestro soy Yo, el único Maestro. Yo, por amor a ustedes, me negué o anonade de tal modo que di mi vida por ustedes. (Lean Juan 15, 18-23).

Viven tiempos difíciles; porque viven tiempos de Dios. Dios está cerca de ustedes, empeñado en salvarlos. Con este propósito ha ideado estrategias de salvación tan audaces como las de esta Espiritualidad. El malo, mi enemigo, conoce los riesgos en que están, con ellas, su reino y su reinado; por eso no ahorra esfuerzos en tratar de destruirlos haciéndoles vivir sus espejismos, los cuales los inducen a obrar según sus enseñanzas: divididos, entre ustedes, por odios, sencillas, soberbia, orgullo, prepotencia, vanagloria, etc.

Si ustedes son míos, desoigan al malo, mi enemigo. Oigan mi voz y síganla:

"sean vírgenes".

Esto es: sean puros o "limpios y libres de todo lo que no es de Dios..."

Del Acta 890

Revista María Hoy
Santafé de Bogotá, D.C, 
Viernes, Julio 1, 1994 - 09:59