"Las Bienaventuranzas no son un parche de agua tibia para débiles; ellas son el premio para mis elegidos que, en verdad, son esforzados y valientes." Acta 642
"Hijos de la Luz, del Amor, de la Esperanza, de la Alegría, de la Autenticidad y de la Verdad:
A Dios , y a lo de Dios, sólo se entiende, con la Luz de Dios, con la Razón de Dios y con el Amor de Dios.
Por eso los ciegos comprenden los misterios de la luz, entre las sombras. Los ignorantes comprenden los secretos arcanos de la razón, en medio de su ignorancia, sin ninguna explicación y lógica, y los niños descubren los misterios del amor, que los poderosos, sabios y entendidos no comprenden, con la inexplicable lógica del corazón. Por ese motivo también, para los poderosos, sabios con la sabiduría humana y entendidos con la simple razón de la cultura, no son entendibles los 10 mandamientos de la Ley de Dios, que para ellos son arcaicos, porque , para muchos de ellos, Dios es una anticuada pieza de museo; ni las bienaventuranzas que consideran simples artilugios para niños e ignorantes. Vean por qué la lógica de Dios no cabe en la lógica escueta de la razón humana cuando ella prescinde de Dios. Y, en ese aspecto, son incompatibles, lo de Dios y lo del hombre, de acuerdo con su procedencia y sus finalidades.
¿Lo entienden? ¿Me entienden?
Para entender y comprender lo incomprensible, doblen las rodillas, desocupen la mente y el corazón, inclinen la cabeza y dejen hacer a Dios, haciendo únicamente lo que a ustedes les es permitido: ceder la voluntad de ustedes a la Voluntad de Dios, aunque eso les parezca ilógico, para decir lo menos. La Oración, que es el trato frecuente de amistad con Dios, es y será siempre el único medio eficaz para comprender los misterios de Dios y sus finalidades; porque no será la razón de hombre, por sus propios medios y prescindiendo de Dios y de sus luces, la fuente de claridad; sino la Luz del Espíritu de Dios, la Razón de Dios, con su Verdad y su magnificencia inefables.
Recuerden y no olviden esto: La obstinación del hombre en colocarse y en permanecer de espaldas a Dios, lo conduce, inexorablemente, a su propia negación, en la que, aunque, aparentemente, satisfaga necesidades instintivas, como los animales, jamás alcanzará las alturas de la felicidad de Dios, que Dios, en su amor, la ofrece y participa.
¿No ven en esto, la lógica amarga de todos los fracasos terrenales? Créanlo, sin Dios, se vuelve necesariamente al caos, en el cual no hay felicidad, porque no hay armonía, la cual sólo se encuentra en Dios y en lo de Dios.1
...Recuerden las Bienaventuranzas; ellas son las reglas de conducta o de buen comportamiento social que, Yo, el que Soy, el Santo de los Santos, el Uno y Trino, con el Padre y con el Espíritu Santo, les di, para sus buenas relaciones con ustedes en sí; con Dios y con el prójimo. Si las observan son perfectos, como Mí Padre que está en los cielos y, como consecuencia son santos, salvados y felices; porque tienen, por Mí, la plenitud de Dios, el Único Perfecto, por eso es el Perfecto; el Único feliz, el feliz, quien, a su vez, es el esencialmente virgen o el absolutamente limpio y libre de todo lo que no es de Dios, por lo que es, en sí, el que es. No se dejen arrastrar por el mundo que no es virgen.2
Las Bienaventuranzas no son un parche de agua tibia para débiles; ellas son el premio para mis elegidos que, en verdad, son esforzados y valientes."3
1 Acta 1478
2 Acta 888
3 Acta 642