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"La soberbia crea islas desiertas y malignas de soberbia, de odio, de avaricia." Acta 182

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Saturday - Jul 16 2016

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De nuestros sacerdotes - escuchar: 

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  • 07 16 16 P. Fernando Orejuela A.I.C Reflexion.mp3

..."Vengan. Vengan. Vengan y beban. Vengan y vivan. Vengan y sean salvos con el solo deseo de ser salvos.

Santifíquense y perfecciónense llenándose, por gracia del Único Santo y Perfecto que es Dios, el Perfecto, el Único, el Uno y Trino, el Santo de los Santos.

No dejen pasar la gracia. Son ríos abundantes de amor y de misericordia, los que ahora, por gracia del Altísimo, están pasando al alcance de sus manos.

Basta que lo quieran y lo tienen.

Sálvense. Sálvense. Sálvense,

Dios lo quiere. Este es el querer del Uno y Trino. Este es el querer de María, la Inmaculada Concepción y siempre Virgen, quien no tiene otro querer que el querer de Dios.

La soberbia ha polucionado todo. Aún los más virtuosos, los más justos, los mejores, tienen, en mayor o menor grado, esta dolencia que es muy grave. El peor de los cánceres es éste. Corroe, separa, mata...  

A nadie convence, a nadie seduce, a nadie atrae la soberbia. La soberbia crea islas desiertas y malignas de soberbia, de odio, de avaricia.

Por eso, hoy, hay cadenas de islas solitarias, en todo, en lo político, lo social, lo religioso.

Aun mi Iglesia verdadera es un fastuoso archipiélago de orgullos y fracasos por la soberbia de los unos y los otros.

Todos, a cual más, creen que mejor me sirven y demuestran con artilugios de soberbias bautizadas "ciencias".

Hay muchas cabezas venerables, a sus modos, que son cráteres por donde las espumarolas de soberbias personales se escapan a polucionar, más y más, el ambiente donde influyen.

Abajen las cabezas.

Abajen las cabezas.

Abajen las cabezas...

Todos, todos, todos...

Nadie está limpio. Solo Dios es Santo y los que en Él caminan, se nutren y respiran.

Humíllense, los unos a los otros. Los que tienen poder y los humildes.

Humíllense. Humíllense. Humíllense.

Imiten a María

Imiten a José.

Sean, como María y José.

Sean mansos y humildes. Sean prudentes y sabios, con la sabiduría y la prudencia de Dios, que no son las mismos de los hombres. Contrarias son a estas.

Maria y José no pretendieron, ya se los he dicho, demostrar a Dios. Lo dieron señalándolo y desapareciendo ellos, con humildad. Así lo hicieron con los pastores, con los reyes magos, con todo ese rió de personas que pasó delante del Dios Niño.

Ellos, perdidos en el silencio, adoraban solamente. Y los adoradores entendían el misterio. Aun tras los velos del Vientre Inmaculado, Isabel pudo entender y descubrir y se llenó de Dios para adorar a Dios, como lo hizo.

Dios es indemostrable.

Que lo entiendan todos. Por eso, Él, se revela con claridad a los humildes y se oculta a los soberbios.

Por eso fue sencillo comprender, a esta hora exacta, en un día como este, a los apóstoles que me rodeaban, cuanto, Yo, el que Soy, decía a Nicodemo, y, a éste, no obstante su cultura, qué difícil fue hacerle comprender.

El misterio de Dios siempre se da de esta manera.

Entiéndanlo. Entiéndanlo. Entiéndanlo. 

Bajen las cabezas

Bajen las cabezas

Bajen las Cabezas

Doblen, doblen, doblen las rodillas.

Es hora de hacerlo.

Es época esta, grande y grave.

No dejen pasar a Dios.

Escúchenlo. Escúchenlo. Escúchenlo..."

Acta 182

 

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