"El único "Bueno" no condeno a la pecadora, la salvo..." Acta 584
..."Observen que, en la medida en que ustedes los hombres se acercan a Dios, decrecen en arrogancia y en soberbia, para ser hermanos y, al contrario, en la medida en que se alejan de Dios, ustedes, crecen en arrogancia y en soberbia y, en esa misma medida dejan de ser hermanos o vivir como aquellos, para convertirse en tiranos los unos de los otros.
La tiranía crea el odio y el odio es fruto del desamor. El desamor es ausencia de Dios. Por tanto, ahí donde hay soberbia hay soberbia y arrogancia Dios no está.
¿Qué ven en las sociedades en las que ustedes viven? ¿No es verdad que hay soberbia y arrogancia, mucha soberbia, mucha arrogancia, tanta que no les permite ver y menos reconocer sus propios errores y torpezas para rectificarlos?
¿Qué dirigente o líder al modo de los hombres o que sabio al mismo modo reconoce que está equivocado y que también tiene culpa y mucha más de lo que suponen todas las cosas que suceden? ¿No observan que todos sueñan acabar con los malos para vivir en paz, esto es para que se dé la paz para los buenos, sabios y perfectos al modo de los hombres? Pero, ¿Quién es el sabio, el bueno, el perfecto? ¿Quién es el malo, el imperfecto, el ignorante? ¿Únicamente quienes no comparten los criterios de otros?
No! Todos son imperfectos, todos son ignorantes, todos son malos. El único bueno es el Señor Dios y aquel, a quien, El, hace santo, sabio y perfecto; por la participación de su santidad, de su sabiduría y de su perfección. ¿O es que no recuerdan el dialogo de Jesús con la mujer adultera y su interpelación a quienes la acusaban?
"Quien esté libre de culpas que arroje la primera piedra".
- Mujer: ¿Dónde están tus acusadores? ¿Nadie te condena?
- Nadie, Señor.
- Yo tampoco te condeno. Vete en paz y no peques de ahora en
adelante.
El único "Bueno" no condeno a la pecadora, la salvo; pero encaro a los falsos buenos y les hizo ver sus verdades, aunque tampoco los condeno. Así obra Dios. El no los condena; pero los invita a ser vírgenes, para recibirlo, vivirlo y propagarlo o darlo a Él.
"No pequen".
Esta es la consigna y el mandamiento fundamental de Jesucristo.
"No pequen"; porque, si no pecan, El entra en ustedes y en ustedes permanecen, como lo hizo con María Santísima, la Inmaculada Concepción y siempre virgen, Madre, Maestra y Modelo para ustedes..."
Acta 584
Revista María Hoy
Bogotá D.E.,
Viernes, Mayo 18, 1990 - 03:08