"Los comerciantes de esta Orden vivan y ejerzan otro estilo." Acta 386
..."La virginidad sea el estilo de ustedes.
Pero, ya lo saben, eso cuesta. Ustedes deben morir a todo lo que no es de Dios y eso cuesta. Eso tiene un precio caro, doloroso; porque es desgarrador. Eso les exige desinstalarse de todo: de ustedes en sí, de ideas y criterios. Eso les acarrea el riesgo del desequilibrio frente al ambiente tóxico o sea, del ridículo, de la ignominia, del escarnio.
La verdad o virginidad les exige despojarse. Despójense. Al principio cuesta, es doloroso, después, con la costumbre es fácil y agradable.
No hagan contrabando. Eso es mentira. Aunque no fuese delito, siempre sería inmoral; porque es mentira. Aunque no hubiese leyes represivas; siempre sería impropio, porque no es verdad. Y lo que no es verdad, necesariamente, cae en la mentira. Es mentira. Ustedes no deben mentir. Ustedes deben ser espejos o modelos de verdad.
Aunque no sean descubiertos en actos de injusticia, no los hagan; porque ustedes son y deben ser espejos o modelos de identidad y de fidelidad. El juez de ustedes es la propia conciencia de ustedes.
Huyan del enriquecimiento que les da poder y que, al modo de los hombres, les promete, una seguridad futura, contraria a la Palabra de Dios.
Eso los hace injustos. En el comercio y en las actividades de comercio, no imiten la ley de los fenicios. A los ojos de los hombres, eso los hace ser considerados como "vivos", inteligentes, vivos, perspicaces... Pero digan: Tiene algún valor real, a los ojos de Dios?
Recuerden: Para qué les sirve ganar el mundo si se pierde el alma?
No mientan. No hagan transacciones injustas, aunque les reporten ganancias, prestigios y poderes, al modo de los hombres.
¿Se comerán, por sus ganancias, a un mismo tiempo, dos o más comidas? ¿Se pondrán dos o más vestidos? ¿Harán dos o más viajes? ¿Disfrutarán dos o más placeres?
¡No sean insensatos!
Los comerciantes de esta Orden vivan y ejerzan otro estilo. Sean veraces, Así sean todos y en todo. Si piensan contrabandear, para obtener ganancias, no lo hagan, aunque vayan a la ruina en sus niveles económicos. Vale más entrar disminuido en el Reino de los Cielos que no entrar.
Muchos de ustedes, es posible que ya tengan mercancías de este tipo y planes fabulosos. Renuncien a ellos. Yo los veo. Rectifiquen a mi vista. Lo contrario les acarreará lágrimas.
No mientan en nada ni por nada. Sean verdad. Sean vírgenes. Ejercítense en serlo. Adquieran y vivan el estilo.
Recuerden: sólo la verdad los hará libres.
¿Están planeando grandes obras, para redimir?
¡No sean insensatos! ¿Qué obra grande ha redimido?
El Redentor no es una obra. El Redentor es Dios. Y, al modo de Dios, quienes contribuyen a la Redención, son quienes viven al modo de María Santísima, la Inmaculada Concepción y Siempre Virgen.
Oren, oren, oren...
Oren siempre.
Sean oración.
Imiten a María Santísima, la Inmaculada Concepción y siempre Virgen."
Acta 386
Revista María Hoy
Bogotá,
Viernes, Mayo 1, 1987 - 07:55