"convidados al servicio por amor." Acta 1.320
"...Recuerden esto: Jesucristo, el Señor y el Único Señor verdadero, cuando pisó la historia de ustedes para partirla en dos, no vino a ser servido, sino a servir, como el esclavo de todos los esclavos, por amor. Y lo hizo, en un tiempo, en el cual la ambición de todos, era hacerse servir y no servir, para ser honrados como a dioses, para imponerse y mandar como dioses, igual como ahora piensan los hombres.
En esos tiempos la ambición, la soberbia y el despotismo, predominaban, haciendo ridículo e infamante, la capacidad de servir. ¿Acaso, en estos tiempos, las cosas no suceden igual?
Piensen, mediten, reflexionen y observen, cómo, al encontrarse en esta casa de servicio, en proximidades de gentes desvalidas, minusválidas, menesterosos, no están por azar, sino por el querer de Dios, para que tomen conciencia de la altísima misión que Dios les ha confiado, como a Pedro Claver, a imitación de Cristo.
Aquí están para reflexionar y para sacar como resultado el descubrimiento del valor histórico y escatológico de la razón de ser considerados hijos de la Madre de Dios, la que, entre las criaturas, fue y es, por amor a Dios y a ustedes, la verdadera esclava de los esclavos, Copia fiel de Jesucristo, de quien es su Señal y para Pedro Claver y por quienes aceptan el honor confiado, Modelo verdadero de cómo testimoniar el ser y hacer de Jesucristo.
Al salir de aquí, llévense la consigna de ser los convidados al servicio por amor.
Si realmente se han encontrado Conmigo, el Señor, el Único Señor, el Santo de los santos, y como tal, el Servidor de todos, recuerden que, como hijos de la Madre de Dios, ustedes son mis discípulos y que, como se los dije y se los digo a través de los santos Evangelios: "el discipulo no es más que su Maestro". Y, el Maestro, se los digo ahora, es para ser copiado e imitado por su discípulo. Vayan entonces, a servir. Vayan a sus hermanos, al salir de aquí, si se han encontrado en estas horas conmigo, a encontrarse con sus hermanos, a servirlos por amor, recordando que el mayor de todos los servicios es el poder relacionar a todos con Dios para ser santificados.
No salgan de aquí a tocar campanillas y a hacer que las toquen, para ser reconocidos, admirados, honrados y servidos. Salgan a servir con humildad y entrega absoluta como el Señor y el Maestro que soy Yo, el Santo de los santos.
Si esto no hacen. Si no salen a vivir y a obrar como Cristo, el Señor, copiado con fidelidad por la Santísima Virgen y, como Ella, por Pedro Claver, no se sigan llamando hijos de la Madre de Dios, sino de cualquier otra forma, porque no son mis discípulos.
Recuerden esto, siempre:
Yo soy Jesucristo. Jesucristo es Dios, en unidad sustancial con el Padre y con el Espíritu Santo, en el misterio de la Santísima Trinidad. Y Dios es Amor. Y el Amor esencialmente es la capacidad de entrega de Dios, en sí mismo y entre sí: Padre, Hijo y Espíritu Santo, por lo que, siendo tres Personas diferentes, no son más que un solo Dios, el Único y, a la vez, son entrega total para ustedes, por el servicio, como consecuencia de su capacidad de amar.
Hijos de la Madre de Dios, si en realidad lo son, no se hagan servir, sirvan, porque la marca de ustedes debe ser el Amor. Por tanto, no se miren a ustedes en sí, para convertirse en señores y maestros dignos de veneración, honra y servicio, porque serán adúlteros, se prostituirán, al hacer de todos, los otros, sus hermanos, saquen los ojos de Dios, el Señor, para fijarlos en ustedes, siervos inútiles, presuntuosamente convertido en ídolos, por su fantasía y su soberbia..."
Acta 1.320
Revista María Hoy
Bogotá, D.C.,(Casa de Encuentros San Pedro Claver)
Domingo, Noviembre 12, 2006 - 04:45