"Hay que optar; porque nadie sirve con fidelidad a dos señores." Acta 1.045
"Ustedes, hijos de la luz, distingan con prudencia el Espíritu del bien del espíritu del mal y, distinguidos, el uno del otro, arranquen, sin tardanza y con esfuerzo el espíritu del mal, y esfuércense en abonar y cuidar, para su desarrollo pleno, el espíritu del bien.
Este es el tiempo de la prudencia y del esfuerzo, para escoger alternativas: o el Espíritu del bien o el espíritu del mal. Pero no se puede pretender confraternizar al uno con el otro. Hay que optar; porque nadie sirve con fidelidad a dos señores. La luz y las tinieblas se excluyen mutuamente.
Dios y el enemigo de Dios no son reconciliables y, en consecuencia, no armonizan. Donde está Dios, por eso, no puede convivir el malo, su enemigo y viceversa, donde está el malo, su enemigo, no está Dios.
Hagan alto. Sean prudentes, piensen, mediten, reflexionen.
La era actual, o era moderna, invadida por las sutilezas del mal, que adormece sus sentidos y sus sentimientos, pretende, en primer plano, mantener indeterminadas las fronteras entre el bien y el mal; entre la luz y las sombras; entre el frío y el calor. Cuando eso ocurre la promiscuidad impropia entre el bien y el mal, se vuelve tolerancia, con un nombre sutil: convivencia pacífica. El maridaje entre la luz y las tinieblas se hace penumbras, que son las medias tintas incapaces de definición y la mezcla entre el calor y el frío, se convierte en tibieza o acomodamiento insensible a las condiciones del ambiente.
¿Lo entienden?
Piensen, mediten, reflexionen y saquen consecuencias.
Ha llegado el tiempo, y es este, en el que deben distinguir el trigo de la cizaña; la luz de las tinieblas; el frío del calor y en resumen: el bien del mal, lo bueno de lo malo.
No se puede comer pan de cizaña porque falta la harina que da el trigo.
No se puede caminar en la penumbra sin tropiezos, porque la cuota de tinieblas anula la certeza de la luz.
No se puede vivir en la tibieza, porque la falta del impacto del extremo, amodorra los sentidos y los sentimientos. Como consecuencia: compartir el bien y el mal, por tolerancia, crea la relajación de las costumbres y la muerte moral de los espíritus que es, en resumen, la ausencia de Dios y el imperio del malo, su enemigo, el rey de las tinieblas.
Piensen, mediten, reflexionen y saquen consecuencias.
Acta 1.045
Revista María Hoy
Santa fe de Bogotá, D.C.
Jueves, Febrero 5, 1998 - 05:10